Opinión

Una evocación fugaz que conmemora el día del libro

TRIBUNA

Víctor Morales Lezcano | Viernes 26 de abril de 2024

En una mañana de finales de enero del año 2000 mantuve una prolongada conversación con André Azoulay en su gabinete de consejero del difunto rey Hassan II. Cuando abordamos el asunto de las relaciones históricas entre las dos orillas que bañan las costas de Marruecos y España, al ministro Azoulay se le ocurrió apuntar: “En puridad el estrecho de Gibraltar no es sino un accidente geológico”. A lo que le apostillé de inmediato: “Consejero real, no inventemos la geografía”. Con no menor prontitud, André Azoulay añadió: “No, no la inventemos, expliquémosla”. Esta anecdótica referencia viene a propósito de una reciente publicación que merece ser tenida en cuenta. Se trata de la última de las obras publicadas del conocido historiador marroquí Abdallah Laroui que lleva por título en lengua francesa Carnets Covid (Casablanca, Centre Cultural du Livre, 2022).

Recuerdo con claridad el impacto que me causó la lectura de la primera de las obras de Laroui que llegó a mi conocimiento, Les origines sociales et culturelles du nationalisme marocain (1830-1912), editada por François Maspero en 1977. Esta es una obra clave para entender la génesis del fenómeno nacionalista pre y poscolonial de Marruecos, aunque también es clave para entender el surgimiento del nacionalismo argelino (pre y poscolonial).

Si abundo en las precisiones bibliográficas citadas, lo hago movido por la recopilación de algunos de mis ensayos históricos que he confeccionado para una editorial madrileña que promete no tardar en difundirla en un futuro próximo. Que así sea.

Cierto es que ni la geografía ni tampoco la geopolítica pueden inventarse gratuitamente. Como no puede inventarse la óptica histórica hispano-marroquí que prevalece, sea a un lado, sea al otro, de las aguas del estrecho de Gibraltar.

Ahora bien, tengo la noción de que, si hay un aspecto considerable de las relaciones, esta vez, intermagrebíes, como se expone en la última obra de Laroui que se comenta en estas líneas, es aquel que reside en la visceral enemistad que gobierna la existencia de los dos Estados; de la república de Argelia, por una parte, y de la monarquía marroquí, por otra. Una enemistad que data de los acuerdos de Évian (marzo de 1962), que pusieron fin a la guerra de liberación franco-argelina, aunque fueron, también, la incubadora de la enemistad argelo-marroquí.

Según expresión explicativa de Abdallah Laroui: “El conflicto entre los dos países (Argelia versus Marruecos versus Argelia) no es el conflicto de una generación, sino de toda una era histórica, que ni incluso una confrontación armada logrará que el conflicto desaparezca”.

Por añadidura y, como es sabido, si hay un aspecto sangrante en el contencioso argelo-marroquí, al menos a partir de 1975-1976, el lector está presintiendo involuntariamente cuál es ese aspecto. Se trata del tema que incumbe tanto al pasado inmediato, como al mismo presente y, quizás a la incógnita del futuro statu quo de todo el Magreb, que afectará incluso a algunos países vecinos del Mediterráneo europeo. Estamos hablando del contencioso sahariano occidental.

La geopolítica, en consecuencia, es materia de ardua consistencia y no se puede reinventar gratuita y coyunturalmente, aunque sí se deba intentar esclarecerla, sine ira et studio, como habría dicho de nuevo un perspicaz consejero real llamado André Azoulay.