DENISE GIDE -a su ocultación- me envió el libro que escribió a partir de «las cartas de amor» que me había dirigido. Es un epistolario de 316 páginas aún mejor que sus misivas.
Es un poema (totalmente inmerecido personalmente) con un hermoso estilo muy personal. Acierta a conmover con su sufrimiento. Describe de forma muy original sus sentimientos. Es de admirar su discreción, siempre, y su talento.
Ignoro por qué me llamó «l’homme-à-cheval». À cheval ¿porque me conoció en silla de ruedas -sin ser entonces inválido- jugando al ajedrez frente a 25 contrincantes en 25 partidas simultáneas?
¿A causa de mi segunda película «Iré como un caballo loco»?
No cabe duda de que es una gran poetisa ¡Un gran poeta ! como Jesús Arcensio.
La habitó siempre que me escribió el deslumbramiento y el desinterés y el dolor. ¿Es justo que recuerde su decisivo paso por mi vida?
Creo que percibió en mí la luz y las riquezas que no tengo de ninguna manera; pero ella si que las poseía.
Me entristecieron todas y cada una de sus brillantes cartas como un soplo constante al borde de la inexistencia.
Esta imposibilidad tuvo la estampa y el halo de un paraíso perdido
Su libro comienza así:
"Transgrediendo las leyes ella escribió a «l’homme-à-cheval» declarándole su amor inmóvil; «l’homme-à-cheval» no usó su derecho al fulgor".