Opinión

First Dates

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 29 de abril de 2024

Penetro en campo resbaladizo.

En las últimas visitas a la Sociedad a la que vamos habitualmente, me ha parecido detectar un cambio de socios. No reconozco a la mayoría de los actuales visitantes.

Pero es más. Ahondando en esta percepción, llegaba a la conclusión de que la Pandemia había producido, en mí, como una falla, una falta de continuidad en casi todo. Como si hubiera estado, unos años, fuera de España y ahora, a la vuelta, me chocase lo que observo, careciese de perspectiva de continuidad y me resultase difícil reanudar mi vida.

Aún más, “ayudado” por el avance de la vejez, hay hábitos, algunos muy arraigados, que he perdido para siempre: el cine, los viajes, la visita a las exposiciones… Extraño la evolución de la sociedad y encuentro chocante el comportamiento de la gente, en muchos aspectos. Me resulta difícil subirme a este vehículo en marcha que es la vida, mi vida.

Pero bajando a ras de suelo, desde las alturas de estas etéreas elucubraciones, os propongo dar un repaso al contenido de un programa de televisión, cuya contemplación supone, para mí, “la prueba del nueve” de lo que os vengo diciendo. Los participantes que veo en él, no parecen ser ya contemporáneos míos.

Os hablo del programa de televisión First Dates. Aunque nunca lo veo entero, casi todas las noches le echo un vistazo, en mis ‘zapeos’ de desencantado espectador. Atrae mi curiosidad.

Me ha costado decidirme a abordar este tema por su aparente frivolidad. Pero, al final, considero que el número y variedad de participantes, la naturalidad con que interactúan y exponen su aspecto físico, opiniones y sentimientos, olvidándose, de principio a fin, de que están siendo observados por un medio que nos los ponen bajo nuestra lupa, me ha hecho decidirme a analizarlo pues podemos considerarlo un muestrario bastante fiel, de ciertos estratos, muy poblados de la sociedad en que vivimos.

Y no se me tenga por frívolo pues el espectáculo de ver a personas, sean las que sean, manifestándose sin inhibiciones y con toda naturalidad es siempre grandioso.

La mayoría de sus participantes me resultan tan extraños y chocantes, en ideas, costumbres, atuendos, deseos… que exhiben con toda naturalidad, que parece que mi supuesto viaje, mi distanciamiento de esta sociedad, haya sido por muchos años.

Y observo extrañado:

Los piercings y tatuajes se han convertido en adornos que atraen la complicidad y la admiración.

La necesidad de compañía es muy abundante y la va buscando gente de toda edad y condición y a veces con cargas familiares importantes; pero al mismo tiempo exponen límites, barreras y condiciones que no están dispuestos a rebasar.

Se ve la superioridad táctica de la mujer que tiene más claros sus deseos y enreda al otro para hacerle manifestar su deseo a continuar la relación para, al final, aplastarlo con su negativa.

La naturalidad con la que se manifiestan lleva, a algunas parejas, del sexo que sea, a desbordar sus expansiones con tal ausencia de freno que nos hace pensar en su continuación a la salida del restaurante.

Me sorprende ver a todos hablar, con toda naturalidad, de sus preferencias sexuales, posturas, “medidas” aportadas o deseadas, tríos, bisexualidad y poliamor, el vínculo afectivo, sexual y emocional, entre varias personas, etc.

Ver abundantes parejas de homosexuales masculinos que son, en muchos casos, oh sorpresa, ejemplos de feminidad.

El sexo se ha convertido, ya, en una diversión mas. ¡Qué lejos quedan aquellas advertencias de los ”curas” de que una masturbación nos hacía reos de las penas del infierno!

Y por encima de todo, la gran apetencia de compañía, cualquiera que sea la edad, a veces sorprendentemente avanzada. Aunque, ahora, se les ve menos propensos a caer en el error en el que se ha caído demasiado: mejor mal acompañado que solo.