Opinión

Cuando lo inmoral se hace presente

TRIBUNA

Roberto Alifano | Martes 30 de abril de 2024

Ética y Moral guardan una estrecha relación con la conducta humana. Sin embargo, los términos tienen significados diferentes. Ética procede del griego “ethos”, que quiere decir, obrar y proceder bien. La RAE (Real Academia Española) define a la ética, como el “conjunto de normas morales que rigen la conducta de las personas en cualquier ámbito de la vida”; por su parte, la palabra moral viene del latín “moralis”, y está relacionada con las acciones de las personas, desde un punto de vista interior en relación con el bien o el mal, y en función de sus actos individuales. Se entiende entonces como ética al estudio y reflexión sobre las conductas hacia la sociedad; mientras que la moral se establece en el conjunto de valores y normas interiores que llevan al hombre a obrar en función del bien. Aunque se cruzan permanentemente, una delgada línea separa a la moral de la ética. Concluyamos que mientras la ética estudia y reflexiona sobre estas conductas, la moral obra en la conciencia interior.

Desde hace años se repite en la Argentina que la política es una actividad inmoral y anti ética que ha llegado a su límite. Esto ayudó para que un candidato opuesto a toda forma de valores convencionales; sobre todo por el fracaso de una dirigencia que no supo o no quiso ver el resentimiento de una sociedad de náufragos, pisaban buenos puertos. En su narrativa, el candidato Milei, no prometió bonanzas sino ajustes con blanqueo de la economía; al tiempo que prometía una reivindicación moral. La “casta”, su gran hallazgo, fue desnudada hasta su humillación y esa indignidad fue la meta de su campaña.

De acuerdo. No se le pueden pedir peras al olmo, desde su perspectiva Milei, aunque duro y despiadado en muchos casos, fue sincero. Sintonizando con el hartazgo y el deseo de asociarse con los que se sienten despreciados puso en marcha sus planes con metáforas de motosierra y licuadora, que con escrúpulos viene cumpliendo. Claro, no es fácil un ajuste en un país democrático y con un Parlamento que lo filtra todo. La “casta”, sigue activa y opositora a un cambio que no la beneficia; sino todo lo contrario.

Los mercados, por su parte, están eufóricos y encienden estrellitas de colores, mientras los sectores populares ven con preocupación que cada vez cuesta más vivir. Para las mayorías el superávit fiscal no sirve; la inflación licua todo y los salarios siguen en picada. Por supuesto, algo baja la inflación, pero a costa de una baja en el consumo. De manera que un gobierno radicalmente pro- mercado empieza a generar fuerte preocupación, en especial en quienes lo votaron y aún a regañadientes lo apoya.

La desregulación abrió nuevas oportunidades de negocios, también es cierto y hasta se espera con optimismo, el fin del cepo. No obstante, hay sectores desconcertados por decisiones sin explicación que los perjudican, mientras muchos inversores adoptan el “wait and see”, monitoreando la deriva presidencial, el tembloroso amateurismo y la debilidad legislativa del Gobierno, el Fondo Monetario Internacional y el Departamento de Estado, que lo arropa, comparten esas preocupaciones.

Una situación distinta, es la situación de los políticos, objetos de la ira presidencial, acusados de haber llevado el país al desastre. Y que, como si fuera poco se les ocurrió aumentarse sus dietas, provocando el enojo de la ciudadanía. La “oposición dialoguista”, por su parte oscila entre la culpa y el desconcierto. Tan es así que Macri, por afán de poder o ingenuidad, cree posible sintetizar neoliberalismo con anarcocapitalismo; otro disparate mayor. El peronismo en tanto recalcula, y la doctora Kirchner reaparece atemporal, como si fuera la que ya no es, mientras los grandes sindicatos deploran un enfrentamiento abierto, pero están siendo llevados a él. Lo mismo les sucede a los gobernadores. El odio y la guerra de Milei contra la política no discrimina, y ya se ha vuelto una guerra declarada contra la mayoría de los argentinos.

Esto ha puesto en pie de guerra a los sectores de la educación. La Universidad de Buenos Aires hace malabarismos para seguir en pie y como muestra de la difícil situación pone en marcha sus medidas de fuerza, a la que se han sumado los sectores sindicales. El asunto se complica porque buena parte de la clase media por su relación filial con los estudiantes es una aliada natural.

Ahora bien, la pregunta es menos retórica que dramática. Nadie puede predecir qué sucederá. La gente en la calle puede ser incontenible. Un desenlace dramático, como en el 2001 puede cambiarlo todo. La Argentina sigue sostenida con alambres y nadie garantiza nada. Menos aún los provocativos discursos del Presidente por Cadena Nacional.