AL AIRE LIBRE

LOS 800 ASESORES DE PEDRO SÁNCHEZ, EN DELIRIO

Luis María ANSON | Miércoles 01 de mayo de 2024
El presidente de Francia tiene 36 asesores. El presidente del Gobierno alemán, 39...

El presidente de Francia tiene 36 asesores. El presidente del Gobierno alemán, 39. El presidente del Gobierno de Italia, 11. El presidente del Gobierno de Suecia, 21. El presidente del Gobierno de Dinamarca, 27. El presidente del Gobierno de Holanda, 41. El presidente del Gobierno de España, 781.

Pobrecillos. Los 800 asesores de Pedro Sánchez han vivido sin vivir en ellos la zozobra de cinco días de insoportable inquietud. Gracias a su amistad directa o indirecta con el presidente del Gobierno español, se encaramaron en el puesto ideal. Todos los meses reciben una cantidad suculenta y solo tienen una obligación: no hacer nada. El “Pedro, colócanos a todos” ha funcionado con generosa perfección durante toda la etapa sanchista. Desde hace cinco años, el presidente del Gobierno ha colocado a sus parientes, amiguetes y paniaguados en las Administraciones públicas, en las empresas dependientes del Estado, en chapuzas de discutible utilidad y, además, como asesores personales suyos.

José María Aznar y Alberto Núñez Feijóo saben que la carta del presidente en la que amenazaba con dimitir era una finta política, una camelancia para provocar la fervorosa adhesión al César. Pero los 800 asesores no lo sabían. Los 800 asesores contaban al menos con cuatro años por delante de ingresos suculentos sin dar golpe. Con un presidente tan raro y tan enamorado se podía temer que diera la espantada sin consideración hacia esos 800 asesores que llevan cinco años cumpliendo de forma rigurosa con el papel de no hacer nada, demostrando especial dedicación y eficacia.

Menos mal que el lunes pasado Pedro Sánchez lo aclaró todo. De acuerdo con lo anunciado por Aznar y Feijóo, tenía decidido no dimitir. Incluso dentro de tres años y medio se presentará a elecciones generales para permanecer cuatro años más. Los 800 asesores han respirado tranquilos. Algunos de ellos tienen ya cierta edad y no están para sustos y calambres. Han brindado con champán catalán, se han regocijado con sus familiares y amigos y han celebrado en delirio continuar en su duro trabajo de no hacer nada al servicio del César.