El 24/4/24 Pedro Sánchez hizo pública en la red X una carta abierta dirigida a la ciudadanía, a una categoría colectiva, no al ciudadano o al ser humano, tradicionales titulares de las declaraciones de derechos básicos.
Como quiera que la misiva iba, a su vez, vinculada a un plazo reflexivo que el propio se había a si mismo concedido, entenderemos que una vez para él tal lapso transcurrido (cinco días se dio, tres hábiles y festivos dos) para el categórico colectivo, sin embargo, no se cumplió la entrada en vigor establecida por el derecho privado aquí de aplicación dado el contenido, aunque confuso y mezclado, de lo remitido.
Sí comunicó Sánchez que él continuaba a continuación tras el intervalo del comunicado, el ente destinatario no alcanzó categóricamente el estado expresado en el encabezado, de modo tal que al final semejantemente como vino se ha ido, como si fuera un aguacero que nos hubiera caído; será que estábamos en Abril y llegaba ya Mayo.
Exponía en la epistolar Sánchez sus tribulaciones de a diario, podría haber hecho lo mismo con el destinatario, ya fuera por simplificar o ya bien por usar un peculiar singular mayestático más acorde con lo privado reportado, el caso es que así no lo hizo, si no que quedose el titulo en lo colectivo abstracto ¿Y el mensaje? El mensaje como viajero errado por el espacio estrellado. Sí la categoría pérdida, inconstitutiva la misiva.
No hay estado (dom) sin liberación (free) ni constitución sin libertades individuales. Y aunque la carta despersonalizase tan indiferentemente el doble rostro de lo remisorio y lo remitido tratando de Vd. lo excluido, con ello ella no reequilibraba nada sino que resultaba contradictoria por un principio expositivo. De lo privado a lo público el desplazamiento ni cuadrado ni efectivo.
El efecto primordial en esa pieza tan fenomenal del género postal ha sido la discontinuación que ha mostrado la posterioridad de la actuación del remitente con las vías elegidas, antes no después si, mas no por la respuesta que no estaba prevista; será que las categorías no son consideradas responsivas.
En cambio y a cambio lo recogido por doquier ha sido el estupor producido que ha servido para redescubrir un principio: por la vía directa no llegan los mensajes a porfía. Transmitir mecánicamente no complementa sino que apenas atonita.
No habiendo dimitido Sánchez, la carta ha quedado como un legado al fin y al cabo, pero un legado que no hemos aceptado; una reflexión de lo privado a uno mismo dado y de lo público no recreado.
Al identificarnos con lo categórico nos transportó a una galaxia lejana, a una constelación arcana, quizás para vernos con un catalejo más lejos; al parecer demasiado lejos.
La carta equivaldría a un intento de construcción constitucional inconclusa; la Carta Magna nos enseñó que el verdadero texto constitucional es el de la comunicación, pero no por ella sola sino mediante recepción.
Richard Nixon no constitucionalizó su adios, retransmitió su discurso por radio y televisión y al día siguiente en una carta, cuyo destinatario era el Secretario de Estado, dimitió:
Dear Mr. Secretary:
I hereby resign the Office of President of the United States.
Sincerely
¿Eran las quejas de Sánchez toda la lectura de la situación que por reducción vive nuestro querido país? porque nosotros no hemos terminado de concebir todavía dónde está el trato.
No ha durado mucho el viaje que hemos dado invitados sin habernos movido del sitio y ahora, una vez los cauces comunicativos restablecidos, volveremos otra vez a nuestro ser con nuestro propio titulo y sino, mientras Sánchez hace y deshace sin tino.