Opinión

Análisis filosófico de las inminentes elecciones al Parlamento de Cataluña

TRIBUNA

Luis Artigue | Sábado 04 de mayo de 2024

Dentro de la historia de la filosofía española (que según grandes estudiosos como Alain Guy en Historia de la Filosofía Española, y José María Maravall en Estudios de historia del pensamiento español, y José Luis Abellán en Historia crítica del pensamiento español, y Heleno Saña en Historia de la Filosofía española: su influencia en el pensamiento universal, y Manuel Reyes Mate en Pensar en español, es una historia rica que comienza con Séneca, el Aristóteles hispano, y con los cordobeses Averroes y Mimónides, el leonés Moisés de León y el murciano Ibn Arabí), nadie ha estudiado con mayor dedicación, rigor y modernidad la esencia ontológica de España que Gustavo Bueno.

Gustavo Bueno (1924 – 2016), natural de Santo Domingo de la Calzada, fue autor de considerable una variedad de libros, y su gran aporte filosófico fue la presentación de una nueva corriente de pensamiento dentro de la historia de la filosofía española denominada materialismo filosófico. Esta corriente defiende que solo existe lo material, negando el espiritualismo y las sustancias espirituales. Por lo que la existencia del ser humano está ligada y/o limitada a lo concreto. Pero, se esté de acuerdo o no con el punto de base del materialismo filosófico, lo que resulta enormemente útil a la hora de pensar la Cataluña Pospujolista es el sistematizado método de pensamiento, que, entre otras cosas, es un sistema filosófico sólido en el cual la cuestión de España es una cuestión central.

Pensar el Pujolismo hoy, para nosotros que carecemos del rigor y el método de Gustavo Bueno, es más bien hacer un tratado asistemático de la balcánica situación hispánica que dé la razón a Ortega y Gasset cuando afirma que pensar sin sistema es una indigencia, al tiempo que es reír por no llorar…

En la introducción a su libro España frente a Europa Gustavo Bueno se pregunta lo mismo que los filósofos de la Generación del 98, pero con más perspectiva y desde parámetros tomistas: “¿Qué es España?

Esta pregunta recobra en nuestros días un dramatismo singular. Porque es ahora, al albur del fracaso moral, filosófico y simbólico de Jordi Pujol y el Pujolismo, se está volviendo a poner en duda, por parte de algunos grupos o partidos políticos secesionistas, o simplemente federalistas o confederalistas, la naturaleza de la unidad que vincula a las diferentes partes de España: ¿reinos? ¿regiones? ¿provincias? ¿autonomías? ¿naciones? Y es por eso que vuelve a aflorar, con la urgencia que imprime a la pregunta, el proceso de nuestra «incorporación a Europa», la cuestión de la identidad. ¿Puede considerarse definida España como una «parte de Europa»? ¿Acaso su identidad no brota principalmente de su condición, junto con América y frente a Europa, de «parte» de la comunidad hispánica?

Según Gustavo Bueno, el número de respuestas que cabe dar a estas cuestiones en torno a la unidad y a la identidad de España, inextricablemente entretejidas, es muy limitado. Se cuenta con los dedos de la mano, y no es posible inventar nuevas e inauditas «respuestas creadoras», como tampoco es posible «inventar creadoramente» una sexta clase de poliedros regulares.

Pero en cambio parece imprescindible analizar las razones o voluntades, a veces muy oscuras, que mueven a unos o a otros a defender una u otra respuesta. Este libro de Gustavo Bueno, se esté o no de acuerdo con sus postulados, demuestra que sólo de un modo fingido cabe afectar neutralidad o distanciación histórica, sociológica o económica, ante estas cuestiones identitarias que tocan tan de cerca a quienes vivimos hoy en España, al tiempo que propone analizar, movido por una decidida voluntad hispánica y desde la perspectiva de una filosofía materialista de la historia, la naturaleza de la identidad de España y la estructura de su unidad, y por eso resulta pertinente traerlo a colación a la hora de repensar el llamado proces como un síntoma encubridor del fracaso moral, filosófico y simbólico de Jordi Pujol y el Pujolismo.

La Declaración de Independencia de Cataluña fue un texto político en el que se proclamó el establecimiento de la República Catalana como un «Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social» aunque su eficacia fue suspendida por el mismo presidente de la Generalidad de Cataluña apenas 44 segundos después de la declaración de independencia. (ningún Estado del resto del mundo reconoció este hecho político). La resolución fue firmada el 10 de octubre de 2017 por la mayoría independentista del parlamento regional de Cataluña, en ausencia del resto de fuerzas políticas, tras la victoria del sí en el referéndum de independencia celebrado el 1 de octubre, el cual había sido suspendido por el Tribunal Constitucional de España, y finalmente fue declarado inconstitucional. El 27 de octubre de 2017, dicha declaración fue sometida a votación en el Parlamento de Cataluña y aprobada por 70 votos a favor, 2 votos en blanco y 10 votos en contra, habiendo abandonado el pleno antes de la votación los 53 parlamentarios de los partidos Ciudadanos, Partido Popular y Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC). La declaración disponía la entrada en vigor de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República y el inicio del «proceso constituyente, democrático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante». Pero el Tribunal Constitucional suspendió la declaración el 31 de octubre de 2017 y dictó su inconstitucionalidad el 8 de noviembre del mismo año, al afirmar que vulneraba los artículos 23 de la Constitución española y el 29.1 del Estatuto de Autonomía catalán.

¿Hubo un delito punible en ese acto del Gobern de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña porque eso conculcaba la legislación vigente?

Defender el indulto implica responder que sí lo hubo y ha de ser perdonado. Defender la amnistía implica responder que no lo hubo, e implícitamente implica que es el estado español quien debe de pedir perdón a Cataluña.

De hecho amnistiar a Puigdemont y el resto de condenados en firme por los delitos del proces por parte del Sanchismo se parece mucho a decirnos a todos que la ley no es verdad en democracia.

¿Pero entonces qué es verdad en democracia?

Hablar de la verdad en estos tiempos en los que prima el relativismo y la sofística (en estos tiempos en los que cada uno defiende su relato sea verdad o no) no es solo plantearse la cuestión de su existencia, sino responder afirmativamente. En filosofía de ello se ocupa en especial la gnoseología crítica, pero se trata de una cuestión tan importante que creemos que también la ontología debiera tratarla en primer término, ya que la verdad no es solo un atributo del conocimiento, sino ante todo una determinación trascendental del discurso y del ser democrático en cuanto que tal.

Sin embargo, al respecto de la pregunta que nos ocupa, acaso debiera ser la lógica filosófica (tengamos en cuenta que la lógica filosófica está en la base troncal de la tradición española de pensamiento desde el siglo XIII con Pedro el Hispano, autor del el Tractatus, más tarde conocido como Summulae logicalis magistri Petri Hispani, un importante manual de lógica que se utilizó en las universidades europeas desde el siglo XIII hasta el XVII, y que está reconocido como el precedente del escepticismo irónico ilustrado tan directamente decisivo en la conformación filosófico-discursiva del Pijolismo) la que se ocupe de la exactitud del discurso que se asienta en los axiomas y las leyes del pensamiento y el lenguaje, pero creemos que una lógica política hoy debiera ocuparse primeramente de los problemas del pensamiento y el lenguaje tras las declaraciones acerca de lo percibido y experimentado durante la praxis política de confrontación.

Así, a la hora de abordar filosóficamente la cuestión de la Amnistía, lo primero es el logos.

Y dando la razón a Bruno Snell cuando en su obra Las fuentes del pensamiento europeo señala que todo en nuestra cultura empieza en la Grecia clásica y así lo atestigua ese compendio del saber que es la filología, hemos de partir de la etimología.

Amnistía es una palabra de origen griego que significa olvido, y que de hecho comparte raíz etimológica con la palabra amnesia, y que en derecho político designa algo así como una amnesia tal frente a delitos que extingue la responsabilidad de los autores y también la existencia jurídica de esos mismos delitos pues borra los antecedentes penales y de todo tipo.

En términos jurídicos pues la amnistía no condona los efectos generales del delito, sino que borra la existencia del delito en sí. La defensa argumental principal del Gobern para la amnistía es que la cuestión catalana es un problema político, no jurídico, y ha de ser resuelto por tanto en las instancias políticas, no en las judiciales.