Opinión

Un delicado toque perverso

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 05 de mayo de 2024

La diversión es una de las tretas más crueles que pueden sufrirse. Es algo que descubrimos en muchas personas que teníamos por joviales. Se les termina de caer la máscara de la mueca alegre y dejan al descubierto el verdadero sentir. Todo resulta ser falso, pretendido contra lo natural. Ocultado por vergüenza de aguantar mayores y más profundos problemas. Fingir, en definitiva. Elevar la comisura, al menos una, para que se note que todo va bien.

Ese gesto es una marca de agua en el carácter que termina volviéndose tatuaje o cicatriz. Con dandismo o sin él, viene a ser una elección que, no importando edad o condición social, se practica con tanta seguridad como poca atención a las consecuencias.

La poesía de Luis Antonio de Villena bien sabe de estas inclinaciones por los bordes de abismos y éxtasis. En sus versos ha dejado constantes y reformuladas escenas y consideraciones al respecto. No hay juicio alguno, no señala reprobando dicha actitud y el uso de la diversión. Pero es en la prosa donde mejor ha sacado partido al lado juguetón y placenteramente sádico de las andanzas de esos personajes-desastre.

Cinco cuentos extraños recopila y unifica historias escritas en diferentes momentos, entre el verano de 1990 el primero y abril de 2021 el último, que escenifican ese comportamiento lleno de elegancia y previsible final en la soledad, acogedora o no. Herencia de uno anterior, El tártaro de las estrellas, muy notable, nos muestra una conseguida dosificación de peculiaridades y maldades que encuentran en la medida extensión de los relatos su justo dar de sí.

Basados en nombres reales o experiencias pasadas por el tamiz de la ficción ―‘los protagonistas han muerto ya […] menos dos’, nos advierte en el epílogo―, Villena presenta una farra nocturna con desenlace realista y cortante en Apagad el gas antes de iros, un fanatismo llevado con descocada pasión en Un delicado toque perverso (sólo uno), una parodia algo mordaz en Secretos benévolos de una triunfadora, un recuerdo evocador todavía en Estudio sobre la aparición y otro más íntimo, jovial y desencantado, en Divina vida del caballero Divi. Escojo el segundo como preferido y lo resalto sobre el resto, dado su equilibrio de sorna, decadencia burlada, intriga y visaje triste. Cuentos, en resumen, que cautivan por su poder e irrealidad, por alimentar una larga trayectoria que aún guarda gajes de especial relevancia.

A modo de coda, a propósito de haber visitado la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, hace dos años compré y leí el Hymnica Abscondita que editó Renacimiento en 2016.

Otro regreso feliz, podríamos decir, pues recupera siete poemas que pertenecieron a los años del citado y famoso Hymnica. Poemas que se cuentan entre los mejores de su autor y continúan ese paganismo y frescura desbordantes: ‘Todo esplendor solar/ y más fulgor, los cuerpos cual ondas potentísimas,/ oro/ licuado y dulce, mar delicioso y duro en que/ bañarse. He aquí,/ de nuevo, el obsequio fluido de los cuerpos, su brillo,/ toda la magia audaz del sol, el agua y el deseo.’

Este o cualquier otro que desee comprarse en el paseo, siendo uno más entre los curiosos que se buscan y se topan con sus aciertos o manos vacías, bajo la sombra atenta de los árboles y toldos de chapa de las casetas, puede ser igualmente sentido como baño de hermosura y satisfacción y reflejado también en las aguas de la fuente cercana.