La operación vasca le salió a la perfección a Pedro Sánchez porque tuvo la suerte, además, de que el PNV, aunque por la mínima, se alzara con la victoria. Sin embargo, el resultado de las elecciones catalanas se ha convertido en un rompecabezas para Pedro Sánchez. Puigdemont ha crecido, pero no lo suficiente, y Pedro Sánchez podría impulsar el tripartito de izquierdas, suponiendo que ERC acepte que se acelere su desgaste. Si esto no fuera así, como los socialistas catalanes de Salvador Illa han ganado las elecciones, su líder ha dejado claro que desea convertirse en presidente de la Generalidad. El primer himalaya que debe escalar Pedro Sánchez, si ERC impidiera el tripartito de izquierdas, es negociar entre Illa y Puigdemont un acuerdo que satisfaga al prófugo golpista. No le resultará fácil a Sánchez convencer a Illa de que ceda. Aparte, la ley de Amnistía puede quedar comprometida en Europa, lo que ha convertido en incierta la posición de Carlos Puigdemont.
Pedro Sánchez ha demostrado reiteradamente su extraordinaria habilidad política para resolver situaciones extremas, pero el rompecabezas catalán ha colocado al presidente del Gobierno español en el mismo borde del precipicio.
Y una observación final inevitable. La baja participación demuestra el desencanto del pueblo catalán con unos partidos, con todos los partidos, que acostumbran a poner el interés partidista por encima del interés general.