Los Lunes de El Imparcial

Stefan Zweig: Obligación impuesta y Wondrak

Relatos

Domingo 12 de mayo de 2024

Prólogo de Patricio Pron. Traducción de Roberto Bravo de la Varga. Acantilado. Barcelona, 2024. 144 páginas. 12 €.

Por David Lorenzo Cardiel



«“Deber patriótico…”, la expresión, sin embargo, resultaba demasiado oficialista, demasiado redicha. Meditó. Tal vez: “Sé que la patria me necesita”. No, eso sonaba todavía más ridículo. O mejor: “No tengo intención de sustraerme a la llamada de la patria”. Eso parecía más adecuado. Y, sin embargo, el pasaje no acababa de gustarle. Era demasiado servil, era pasarse de irreverente. Lo mejor era apostar por lo más simple: “Sé cuál es mi deber…”, sí, eso era lo correcto».

Cuando en 2022 se estrenó la película Sin novedad en el frente, basada en la novela de Erich Paul Remarque, se extendió una sutil polémica entre quienes acumulan miles de horas de lecturas. Al margen de la calidad de la propuesta dirigida por Edward Berger, la mirada sobre la guerra era una más de otras muchas posibles. La visión de Remarque fue equilibrada en su momento por la obra de Ernst Jünger, con sus diarios, Tempestades de acero, como uno de sus testimonios culminantes sobre la Gran Guerra y sus calamidades. Dos visiones diferentes –la de Jünger con mayor ánimo bélico– que componían las dos Europas de comienzos del siglo XX y también de hoy: quienes se ven envueltos en la violencia de la guerra y quienes deberán aprender a renunciar al ánimo agresor a través de una difícil experiencia vital, si es que sobreviven.

De igual manera, ayer y hoy había una tercera Europa, la de las personas sensatas y reflexivas, que sabían que la guerra puede y debe evitarse, salvo en casos muy puntuales en que se convierta, por idiocia y negligencia de los beligerantes, en el mal menor. Uno de esos hombres fue Stefan Zweig. El vienés amó el espíritu de Europa, es decir, su carácter ilustrado, cristiano y filosófico, contrario al fanatismo o al tradicionalismo paralizante de otros pueblos y latitudes del planeta. Napoleón, en sus últimos días, defendió unos Estados Unidos de Europa. Zweig plasmó en su obra, en cambio, la caída de este espíritu europeo en la que fue la gran matanza del continente: más de tres décadas de guerras civiles, guerras mundiales y el ser humano, reducido a la mediocridad ética, pasada por la picadora de las armas.

Obligación impuesta y Wondrak reúnen al mejor Zweig, al narrador y al ensayista. Los protagonistas de ambos relatos se rebelan contra un destino impuesto. Impuesto no por dioses o azares, sino por hombres que, en su mayoría, no acuden al combate, no saben desmontar y limpiar un subfusil y jamás permitirían que sus hijos o sus hijas perecieran en un mugroso rincón entre la maleza o en una casa en una ciudad en llamas. Otros, la mayoría, los desafortunados, casi siempre los pobres, son los que han de poner la sangre y la vida en favor de las fantasías de esos hombres que gritan, señalan y agitan las semillas de la cizaña contra los genuinos intelectuales, que defendemos el bien y la justicia, y sólo la guerra cuando es racionalmente inevitable, nunca antes.

Ahora que en nuestra amada Europa vuelven a sonar presagios bélicos la actitud de Ferdinand intentando escapar de su supuesto deber y los esfuerzos de Ruzena por proteger a su unigénito ofrecen un necesario escenario para reflexionar, al mismo tiempo que se disfruta de unas narraciones brillantes, sublimes, donde ninguna palabra sobra ni se echa en falta. De la mano de Zweig, ambas creaciones se elevan como una verdad imposible de ser negada para cualquiera que conozca las historias de sus antepasados, partícipes en alguna de las innumerables guerras que han asolado a nuestra especie.

La edición corre a cuenta del sello barcelonés Acantilado, con prólogo de Patricio Pron y traducción de Roberto Bravo de la Varga. No se pierdan esta delicia apta para todos los públicos y para el goce de las mentes despiertas.

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