Las meninas de Velázquez es una de las obras más significativas de la pintura occidental y no solo por su extraordinaria calidad. El misterio que la envuelve -la riqueza y variedad de contenidos, la complejidad de su composición y la diversidad de acciones que representa- acentúa aún más la singularidad de esta obra maestra que sigue cautivando al público.
John Brealey, Jefe del Departamento de Restauración del Metropolitan Museum, fue elegido por la dirección y el Patronato, con el aval del Ministerio de Cultura, para realizar la restauración de Las meninas de Velázquez. Esta restauración comenzó el 14 de mayo de 1984 y duró aproximadamente tres semanas.
El buen estado de conservación de la capa pictórica y su perfecta adhesión al soporte, así como la falta de graves daños facilitaron la labor de levantamiento de un grueso barniz resinoso, de almáciga, en el que podían determinarse dos capas aplicadas en momentos diferentes. Esta gruesa capa de barnices amarilleados, en algunas zonas opacos y blanquecinos, alteraba por completo la apariencia estética de la obra de Velázquez, quedando oculta en una unificadora tonalidad ambarina que hacía imposible distinguir la infinita variedad de matices que el genial pintor había conseguido en su obra maestra.
El paso siguiente en la limpieza realizada por John Brealey lo llevaron a cabo varios restauradores del Taller del Museo del Prado. El trabajo de Rocío Dávila, María Teresa Dávila, Clara Quintanilla y Enrique Quintana consistió no sólo en la reintegración de los daños, sino en la unificación tonal de los repintes dejados, y en una ligera labor de retoque en las zonas gastadas del lienzo.
Estas intervenciones se llevaron a cabo sobre una primera capa de barniz y con materiales perfectamente reversibles, lo que garantiza sucesivos tratamientos de restauración.
Sin embargo, esta restauración no estuvo exenta de polémica porque como señaló Brealey, cuando una obra maestra de la pintura universal es admirada en el mundo entero, “deja de ser obra de arte para convertirse en símbolo y a nadie le gusta ver cambiar un símbolo". De hecho, ya en 1895, se criticó la intervención propuesta por el entonces Director del Museo Nacional de Pintura y Escultura, Vicente Palmaroli, que consistió en el forrado de la obra.
24 mayo 1984
En relación a la polémica generada por la participación de un restaurador extranjero en la restauración de Las meninas, Alfonso Pérez Sanchez afirma: “Pensamos que esto sería magnifico para nuestros restauradores, ya que podrían aprender de su experiencia”.
6 junio 1984
Brealey concluye la limpieza (23 días de trabajo).
Junio 1984
Por indicación de John Brealey, los restauradores del Museo del Prado, se encargan de la reintegración de color tras limpieza. La subdirectora del Museo del Prado encarga a los restauradores del museo, Rocío Dávila y Enrique Quintana la reintegración de Las meninas. Enrique Quintana debe abandonar este trabajo tras sufrir la rotura del brazo derecho en un accidente de tráfico.
Junio – julio 1984
Rocío Dávila, Maite Dávila y Clara Quintanilla realizan la reintegración de Las Meninas. Enrique Quintana se encarga de realizar el informe detallado de este proceso.
31 julio 1984
Tras su restauración, Las meninas se expuso en la rotonda de Ariadna (sala 74) ante unas telas, que hacían las veces de cortinas recogidas y que subrayaban el efecto escenográfico, con paneles explicativos y fotografías de la radiografía del cuadro.
Septiembre 1984
Brealey vuelve al Museo del Prado para aplicar en spray el ultimo barniz al cuadro.
Febrero 1986
La superficie de Las meninas aparece con un tono blanquecino. Esta alteración se define técnicamente como “pasmado”, el barniz se oxida y pierde su transparencia debido a las condiciones ambientales de temperatura y humedad. Brealey indica como se debe eliminar superficialmente y, tras frotar la superficie de la obra con una gamuza suave, el barniz respondió perfectamente volviendo a recuperar su transparencia.