Thierry Wolton (nacido en 1951) se refiere en su preciso libro (varios premios importantes) a los «respetabilísimos ciudadanos» que el comunismo había introducido en Francia de 1919 a 1990 para servir a una de las mayores monstruosidades de la Humanidad: «el Gulag» .
Estos ciudadanos «llamaban la atención por su cultura, su amor por la música y el arte» (página 289). Pasaron sus días y sus noches buscando informaciones estratégicas. Enviaban a Moscú páginas y páginas de revelaciones esenciales.
¡Pobre gente! Estos informes meticulosos e infinitos enviados por todos los «topos» habidos y por haber terminaron ¿por desmoronar al comunismo? Tras haber convertido al KGB en la más absurda Biblioteca de Babel que hubiera podido imaginar Borges para la búsqueda y captura del disidente o contestatario que terminaría su vida encalabozado y torturado.
Como lo mostró Kant en Königsberg: «el camaleón solo exhibe su color ¿cuando se ayunta con otro?».