Sebastián Castella y Maleado (1° 8/19 Toros de Cortés) se acoplaron: Castella supo aprovechar la embestida pastueña del animal para animar al respetable. Una que otra tocadura de pitón y ya. Bolero (4°8/19) fue un toro bello para un cartel. Para el coso, pues, bastante malo: nada más salir, buscó el refugio de las tablas, pero cambió al pasar por los dos primeros tercios. Castella hiló con cambios de mano geniales las series largas. Los pases de firma, que llevan su sello, levantaban sonoros olés. No obstante, las ganas de transformar lo efímero en algo interminable llevaron a protestas y un aviso. Sencillamente, el diestro se perdió entre los gallardos desplantes.
José María Manzanares se enredaba él solo. Con los trastes exageradamente grandes y encogiendo los brazos, estuvo desacertado con el capote. Igual que con la pañosa en la mano. No hubo un pase cargándose la suerte ni echándole al animal para fuera y sin esforzarse por naturales. Así, sin pena ni gloria perecieron Disparate (2º 10/19) y Corchero (5° 8/18). Aunque sería una injusticia olvidar la petición no atendida (afortunadamente) por el público bullanguero después de matar a su primero.
La faena de Tomás Rufo con Bocinero (3°8/19) fue muy corta y no hubiera trascendido ni merecido un trofeo, si no fuera por una paliza que le proporcionó un toro despreciable. Rufo salió mermado del encuentro. Cuando el diestro se repuso, el marrajo empezó a flojear todavía más. Una oreja. Ebanista (6° 8/18) salió al son de protestas: alto, zancudo y francamente delgado, no tenía pinta de pesar 592k. Corría buscando la salida, Tomás Rufo empezó por estatuarios, creciéndose y engarzando una serie detrás de otra. Acortando las distancias, sufrió un feo desarme. Lo logrado se perdió entre protestas por alargar la faena al toro rajado.