Ciertamente, un ministro de Sánchez se permitió deslizar que el presidente argentino era toxicómano. ¡Qué atroz ligereza! Estaba claro que el despropósito irritaría a Javier Milei, pero la serenidad del gobernante serio exige moderación, firmeza y espíritu de conciliación. Javier Milei ha reaccionado escupiendo una invectiva especialmente grave en las alturas en que se mueve.
En Hombre de la esquina rosada, Jorge Luis Borges, escribió el mejor español del siglo XX. La belleza literaria de nuestra lengua armoniza la relación entre dos naciones que se entienden en el idioma de Cervantes y Pablo Neruda. El ministro de Pedro Sánchez atropelló la armonía entre las dos naciones. No estoy de acuerdo, sin embargo, con la vehemencia adolescente de Javier Milei al replicar al atropello, aprovechando un viaje particular a Madrid para participar en un acto electoral de cara a los comicios europeos.
Resultará difícil y complejo, en fin, arreglar el asunto. Pero el buen sentido aconseja no echar leña al fuego, sino utilizar todos los medios razonables para apagar las llamas y que se reconduzca la situación.