Laila Escartín Hamarinen | Miércoles 12 de noviembre de 2008
Nueva York es una fiesta: no estamos soñando, ha ganado Obama, ha ocurrido lo imposible: muy pronto un afroamericano será el hombre más poderoso de la tierra, de esta tierra que el Hombre Blanco lleva rigiendo con mano dura y poco piadosa desde hace siglos. Me cuenta mi amigo cineasta judío neoyorquino de pura cepa que nunca ha vivido cosa igual en la ciudad, la gente baila en las calles, los desconocidos se abrazan, todos sonríen como lunáticos; y mi amigo checo, catedrático de químicas en Columbia University, me llamó a las 5 a.m. hora neoyorquina para espetar: ‘¡Es la revolución! I say hey and the time is right for a palace revolution!’ y me asegura que el ambiente vibra con la misma alegría, expectación y audacia que cuando los estudiantes y los profesores universitarios hicieron la segunda revolución en Praga en 1989, y vencieron, eligiendo a Václav Havel como presidente y consiguiendo recuperar la libertad de las garras férreas del régimen soviético que se derrumbada inevitablemente para inmenso gozo y alivio de millones de europeos sometidos.
Ahora, Obama no viene a derrocar un sistema totalitario, pero viene a traer nueva esperanza para los grupos discriminados, y para aquellos que sueñan con un mundo un poco menos bélico y menos dominado por los machos prepotentes que de niños se bañaban en oro negro. Pero no olvidemos mantener presente el escepticismo –cogido de la mano de la ilusión – y no nos dejemos llevar por la inmadura seguridad de que a partir de enero el mundo se va a llenar de florecitas y corazoncitos voladores que traerán la paz y el amor a todos los rincones del planeta. Aún así, es bueno salir a las calles neoyorquinas –tan rectas y ordenadas ellas – a marcarse unos bailes con los afroamericanos de Harlem, los caucasianos del Village o los asiático-americanos de Chinatown. Yo, let’s dance baby! Mucha suerte para Obama, que no es tarea fácil la que le espera con las expectativas excesivas yaciendo sobre sus hombros, ¡qué los dioses le den fuerzas y sabiduría!
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