Los Lunes de El Imparcial

Ramón González Férriz: Los años peligrosos

Ensayo

Domingo 26 de mayo de 2024

Debate. Barcelona, 2024. 216 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Teresa Sánchez González



En Los años peligrosos. Por qué la política se ha vuelto radical, el periodista Ramón González Férriz nos presenta una obra pertinente y necesaria donde hace un retrato pormenorizado de la sociedad en la que vivimos y de cómo todo ha cambiado en los últimos años. Este relato, de enorme vigencia, pone el dedo en la llaga de muchos de los males que aquejan a la sociedad y que no han hecho sino aumentar su polarización y radicalidad.

Sobre esta base, el escritor estructura su libro en base a tres elementos: las ideas, la tecnología y la cultura, todas ellas transversales y que, sin lugar a duda, se influyen unas a otras y no pueden entenderse de manera independiente. Si echamos la vista atrás, la crisis financiera de 2008 es el punto de partida que establece el autor para realizar su análisis y su retrato de la situación. Una crisis económica que, como indica, además de su enorme impacto en lo financiero, creó un resentimiento contra las élites políticas, financieras e intelectuales entendiendo que fueron responsables de la misma por sus acciones o su omisión en plantear resoluciones.

Además, en esta época cambió la manera en que las élites políticas e intelectuales generaban las ideas y cómo la sociedad las consumía. La aparición de las redes sociales y la rapidez en los mensajes cambió la manera de comunicarse y los medios vieron como aparecía el infotainment, esa mezcla entre información y entretenimiento. Sin duda, todo este caldo de cultivo fue propicio para los partidos políticos que vieron cómo el sectarismo y la rapidez podrían ser beneficiosos electoralmente (págs. 12-13).

El panorama mundial no dejaba de cambiar. En EEUU, el Tea Party aumentaba su influencia repitiendo la idea, entre otras, de que tal vez Estados Unidos vivía en un sistema neoliberal, pero caminaba hacia un modelo socialista, por lo que la única solución era moverse hacia el sentimiento libertario de los padres fundadores.

Mientras, en España, las acampadas del 15M ya se estaban transformando. Si bien al principio había sido un movimiento transversal “sin una ideología definida más allá de la denuncia de la decadencia del sistema político y económico español, poco a poco la acampada adoptó la estética, los lemas y las prácticas de los movimientos de izquierda no institucionales que, durante cinco décadas, habían aparecido esporádicamente en la política occidental” (págs. 48-49), explica González Férriz.

Pero en 2013, un movimiento que había importado algunos rasgos del Partido Republicano más receptivo al Tea Party, llevó a cabo la fundación de Vox, los cuales abrieron el arco político junto a los recién estrenados miembros de Podemos, que saltaron de la universidad a las primeras filas de la política en poco tiempo.

En este tiempo, concretamente 2012, ya había comenzado en Cataluña el proceso independentista. Aunque durante la presidencia de Mariano Rajoy, tanto él como su Gobierno, “adoptaron una retórica dura contra el separatismo, parecieron dar por sentado que el tiempo demostraría que se trataba de un propósito inviable y que la acción de los tribunales y de las propias leyes sería suficiente para contenerlo, cosa que molestó a una parte del partido, que esperaba acciones políticas más contundentes” explica el autor (pág. 58).

Si bien en este contexto, los líderes de la mayoría de los países occidentales aún pertenecían a los partidos tradicionales, continuaban surgiendo movimientos y candidatos centristas. Este es el ejemplo, descrito y analizado por González Férriz, de la escena europea donde, en 2015, el entonces ministro de Economía del Gobierno francés, presidido por el socialista François Hollande, tomó un camino en solitario y lejos del socialismo.

Así, surgieron movimientos como el Mee Too, al estallar numerosas denuncias contra el productor de Hollywood, Harvey Weinstein, o el movimiento Black lives Matter, que se vieron beneficiados por la multiplicación y rapidez del mensaje de las redes sociales. Como indica el autor, “las redes (sociales) habían conseguido algo que la humanidad deseaba desde hacía mucho tiempo: alcanzar un enorme grado de interconexión con un coste muy bajo para los individuos y una libertad de expresión casi absoluta” (pág. 75).

El libro de González Férriz permite conocer de una manera precisa y bien fundamentada los motivos que nos han llevado a la radicalización política que vivimos hoy en día. Una oportunidad interesante de echar la vista atrás y comprender el mundo que vivimos hoy. Como dice el autor, “para que la política funcione, debe ser posible que los ciudadanos pueden atender sus asuntos privados con la confianza de que el Gobierno, la Administración y los medios harán su trabajo con un grado razonable de competencia y buena fe […]. Desde entonces, vivimos en una especie de transición hacia otro modelo que no se ha definido del todo” (pág. 186). La lectura de esta obra puede ser un buen comienzo para entender el modelo que viene.

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