Traducción de Viorica Patea y Natalia Carbajosa. Prólogo de Viorica Patea. Visor. Madrid, 2024. 188 páginas. 16 €. La poeta rumana, a quien se le acaba de conceder el Premio Princesa de Asturias de las Letras, combina su compromiso con la libertad, que le llevó a una firme oposición a la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu, con una poesía de altísima calidad, de raigambre meditativa y metafísica y deslumbrantes imágenes
Por Ángela Pérez
Tras el reciente Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2024 al gran intelectual Michael Ignatieff, ahora el de las Letras le ha sido concedido a Ana Blandiana. Tanto el ensayista y expolítico canadiense como la poeta rumana han denunciado el totalitarismo, sufriéndolo Blandiana en primera persona con la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu.
Nacida en Timisoara el 25 de marzo de 1942, Ana Blandiana, seudónimo de Otilia Valeria Coman, vio cómo su padre, profesor y clérigo ortodoxo, fue perseguido y encarcelado por el régimen, lo que también la marcó a ella como hija de un considerado enemigo del pueblo, impidiéndole durante un tiempo ir a la universidad. El acoso se intensificó mucho más cuando comenzaron a aparecer sus poemas, muchas veces prohibidos y que circulaban de manera clandestina. Desde su exilio interior, Blandiana, a la manera de figuras emblemáticas como Anna Ajmátova en la URSS de Stalin, se convirtió en una voz vital de la disidencia. La caída del régimen de Ceausescu no le hizo bajar la guardia, reorganizó el PEN Club de su país e impulsó y presidió la Alianza Cívica, y el Memorial de Víctimas del Comunismo y de la Resistencia, formado por el Museo Sighet y el Centro Internacional de Estudios sobre el Comunismo.
Afortunadamente, buena parte de la poesía de Blandiana se encuentra a nuestro alcance en español, en las editoriales Pre-Texto, Galaxia Gutenberg y Visor, en excelentes traducciones, así como dos recopilaciones de relatos Las cuatro estaciones y Proyectos de pasado (Periférica), donde la escritora rumana muestra también su calidad como prosista.
Recientemente, han visto la luz los poemarios El sueño dentro del sueño y otros poemas y El ojo del grillo, ambos en edición bilingüe, magníficamente traducidos por Viorica Patea y Natalia Carbajosa, y con estupendos prólogos de la primera, que sitúan a la autora y su obra.
El sueño dentro del sueño y otros poemas se inscribe en la fructífera idea de la vida como sueño, estudiada, entre otros topoi, por el gran filólogo, romanista y crítico literario alemán Ernst Robert Curtius, y que tiene en Calderón de la Barca uno de sus más brillantes desarrollos y que asimismo en nuestras letras aparece, por ejemplo, en Antonio Machado: “Ayer soñé que veía /
A Dios y que a Dios hablaba; / Y soñé que Dios me oía…/ Después soñé que soñaba”, de sus Proverbios y cantares. Por su parte, Blandiana escribe: “Alguien sueña con nosotros / Y es soñado a su vez /Por otro /Que es el sueño de un sueño”.
Viorica Patea explica la relación de la poeta con el sueño, donde “las cosas adquieren una transparencia alucinada y alcanzan una dimensión mítica; la gravedad se transforma en vuelo, los movimientos se ralentizan, el contorno de las cosas se disuelve en la luz”, y se transita entre mundos, siempre en una línea fronteriza: “Transito de una vida a otra / Acariciando suavemente / La Melena del león-sueño […] Otras veces/ no sé cómo volver del sueño. /Entonces me sigue /Por el laberinto […] Oh, su maravilloso reino /Tierra frágil, Tierra frontera /De horas /Entre dos mundos que se devoran /Arrancándose uno a otro /Sin cesar”.
Por otro lado, como bien señala Patea, el imaginario de Blandiana tiene mucho de “pastoral y bucólico: el jardín, los animales pequeños, las abejas y los grillos, las aves que regresan o se van, las colinas con sus ‘dulces esferas boscosas’, los corderos adormecidos”. Este universo se refleja especialmente en el poemario El ojo del grillo, alcanzando siempre “una renovada reflexión visionaria acerca de la existencia”, apunta su traductora.
El decidido compromiso de Blandiana con la libertad, que le llevó a la firme oposición a la dictadura comunista de Nicolae Ceausescu, no la arrastró en ningún momento a una poesía marcada por el activismo, sino a cultivar una poesía de altísima calidad literaria, de raigambre meditativa y metafísica, que nos ofrece deslumbrantes imágenes. “Poeta indómita” la denominó el jurado del Princesa de Asturias. Sí, y también poeta intimista, que nos sitúa, como toda gran literatura, sea del género que sea, ante las grandes preguntas de la existencia.