Este 26 de mayo se asistió en el Teatro Real al que posiblemente haya sido el concierto más exquisito de la temporada -el último programado dentro del ciclo Voces del Real- enteramente dedicado a la música de Richard Wagner, en el que la soprano sueca Nina Stemme recreó escenas de Tristán e Isolda y el Ocaso de los Dioses. El nuevo director del Coro Titular del Teatro Real, José Luis Basso, aprovechó la cita para estrenar la cantata La cena de los Apóstoles, una rareza dentro de catálogo wagneriano y todo un reto por su complejidad vocal. Al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real estuvo el maestro valenciano Gustavo Gimeno.
En un recital, el de este domingo, que quedará para el recuerdo, Nina Stemme interpretó “Liebestod” (Muerte de Amor), de Tristán e Isolda, en la primera parte del recital, y “Starke Scheite schichtet mir dort” (“Escena de la inmolación de Brünnhilde”) de El Ocaso de los dioses -título que culmina la tetralogía de El anillo del Nibelungo- en la segunda parte. La ovación final del público al concluir el programa fue premiada por la soprano sueca con “Traüme”, la última de las cinco canciones pertenecientes a las Wesendonck Lieder, que Wagner habría compuesto sobre cinco poemas de Mathilde Wesendonck, esposa de su mecenas, el banquero Otto Wesendonck. Stemme, que ha regresado al Teatro Real después de catorce años, ha sido la cantante de referencia del personaje de Isolda en los últimos veinte. La de ayer fue una de sus últimas interpretaciones en escena del personaje, que encarnará por última vez en Palermo el próximo 29 de mayo.
Con todo, el punto fuerte de la velada fue la inclusión, previa al descanso, de la cantata La cena de los Apóstoles (Das Liebesmahl der Apostel), una pieza coral muy poco interpretada que el propio Wagner llegó a calificar como “episodio folklórico” -muy posiblemente porque por su causa tuvo que interrumpir brevemente la composición de su Tannhäuser-. La composición ha sido rescatada para el Real por José Luis Basso, el nuevo director del Coro titular del Teatro Real en sustitución del titular anterior, Andrés Máspero. Wagner contó para la representación de esta cantata, estrenada el 6 de julio de 1843 en la Frauenkirche de Dresde -ciudad en la que Wagner era por entonces maestro de capilla- con un elenco vocal 1.200 hombres.
Con muchísima menos aportación numérica, el Teatro Real ha podido abordar una obra de esta magnitud gracias a la ampliación del coro titular del teatro con ocasión del reciente estreno de la ópera wagneriana Los maestros cantores de Núremberg bajo la dirección de Pablo Heras-Casado (presente entre el público de ayer y que recientemente ha afirmado, en relación con el legado del músico alemán, “Para Wagner, el arte nos pertenece a todos”), producción que contó con una sublime puesta en escena a cargo de Laurent Pelly.
En total ochenta y dos voces, casi todas masculinas (se incluyeron algunas voces de contralto para las partes de contratenor), a capella durante los primeros veinte minutos de la composición (luego se sumaría la orquesta) -resultado de sumar los tres coros que previó el compositor- recrearon ayer la cena de los doce apóstoles en el Día de Pentecostés, cuando, encerrados por temor a los romanos, recibieron la visita del Espíritu Santo. Se sabe que la Virgen María tuvo que encontrarse acompañando a los Apóstoles cuando todos recibieron el don del Espíritu; sin embargo, Wagner, luterano, omite su personaje en la cantata. En cambio, sí incluye un coro celestial. Para éste, el Real ha recurrido, en lugar de a un interno, a una grabación por el mismo coro con trabajo de estudio (a la que ha añadido cierto eco para dar el realce y la magnitud que el atributo de celestial impone), y a un efecto de iluminación de la cúpula que corona la sala del teatro consistente en algunas nubes blancas sobre fondo azul celeste. La artificialidad de la solución sonora apuntada queda patente, sobre todo, en el diminuendo final, excesivamente lineal y uniforme, y por lo tanto fruto evidente de la tecnología.
Al frente de la Orquesta titular del Teatro Real estuvo Gustavo Gimeno, que será el nuevo director musical titular de coliseo madrileño a partir de la temporada 25/26, concretamente a partir del otoño de 2025, que es cuando finaliza el contrato de la entidad con el director británico Ivor Bolton. El director valenciano fue el encargado por el Teatro Real de dirigir, en marzo de 2022, El ángel de fuego de Serguéi Prokófiev.