Editorial

Pedro Sánchez se queda solo, pero se queda en La Moncloa

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 28 de mayo de 2024

Pedro Sánchez se queda solo. La pírrica mayoría parlamentaria que le invistió presidente se ha esfumado entre campañas electorales y diferencias ideológicas. Y ante esta espantada de escaños, ha decidido eludir sus responsabilidades parlamentarias, toma decisiones sin consultar siquiera a la mayoría de ministros, en especial a los de Sumar, e ignora políticamente al PP. Sólo se acuerda del partido de Núñez Feijóo cuando tiene un micrófono delante; entonces sí, vomita toda suerte de insultos contra su gran adversario.

Como buen autócrata, se refugia entre los muros de palacio. Y se comunica con el mundo mediante comunicados oficiales y cartitas almibaradas. Ahora, reconoce unilateralmente al Estado palestino y, a renglón seguido, decide regalar a Ucrania armamento por un valor que supera los mil millones de euros, un dineral de los presupuestos que ni siquiera pasa para ser debatido por el Parlamento. Va por libre, sí. Y cuesta abajo.

Gobierna, es un decir, con 121 escaños como si tuviera mayoría absoluta. Desprecia al Congreso y a la propia democracia. Pero recibe en Moncloa a Zelenski para firmar el acuerdo de la ayuda armamentística y luego aparece en la sala de prensa como si fuera un estadista de talla mundial. Pero está pagando cara su arrogancia. Ha hecho el ridículo en su tour internacional para congregar a distintos países en su decisión de reconocer al Estado palestino. Sólo se han apuntado Irlanda y Noruega. El resto de las democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, se mofan de una maniobra sin recorrido y sin consecuencias reales. Y ahora se enfrenta a la ira de Israel, por sus insultos de genocidio al Estado hebreo. Pero, muy ufano, se enfrenta al mundo como si fuera el líder de la progresía mundial y el gran defensor de la paz, inconsciente de las consecuencias que acarrearán su deriva diplomática.

Más que ir por libre, va como pollo sin cabeza. Aún peor. Como decíamos, para sobrevivir mediáticamente, desprecia al Parlamento y a la propia democracia. Porque, en otro caso, se ve obligado a retirar las leyes o son tumbadas en el Congreso, como la de la lucha contra el proxenetismo y la de Vivienda. De hecho, sólo es capaz de aprobar la ley de amnistía. Porque, eso sí, la necesita para sobrevivir y prolongar la legislatura. Pues, más que la ley de amnistía es la ley que ha escrito Puigdemont. Está solo, pero bien acompañado por su familia en el palacio de La Moncloa. Y allí se recluirá hasta que se despeje el horizonte. Incluso, sin que se despeje. Porque se basta y se sobra para hacer lo que le place sin tener que consultar a nadie. Y porque le aterra pisar el Congreso de los Diputados, donde ya sólo le sonríen y aplauden sus cuatro ministros de confianza. El resto, le abuchea o le desprecia. Su futuro político parece incierto. Pero él actúa como si fuera eterno.