El juez Peinado comunicó a Begoña Gómez el 24 de abril su condición de investigada por los presuntos delitos de tráfico de influencias y corrupción. Y, poco después, Pedro Sánchez emitió su carta de amago de dimisión “para reflexionar” si merecía la pena seguir adelante pese al “lodazal y los bulos de la extrema derecha”. Pero el presidente del Gobierno mintió. No quiso admitir que sus “cinco días de meditación” obedecían al impacto que le había causado la situación jurídica de su mujer. Días después en una entrevista en la Cadena Ser todavía declaró que desconocía los hechos. Sin embargo, las resoluciones incorporadas al sumario revelan que el presidente del Gobierno tomó esa decisión el mismo día en que la Policía Judicial ejecutó el mandato de Peinado y comunicó a Begoña Gómez, a través de su abogado, el exministro socialista Antonio Camacho, su condición de investigada.
Descubierta la mentira de Pedro Sánchez, ahora se entiende el motivo de su lacrimógena e inaudita carta. Decidió retirarse a meditar para encarar una situación gravísima, la de la imputación de Begoña Gómez, según el sumario, “como posible partícipe en los hechos investigados, que pudieran ser constitutivos de un delito de tráfico de influencias y de un delito de corrupción en los negocios.”
El juez investiga si Begoña Gómez se aprovechó de ser la mujer del presidente del Gobierno para recomendar contratos públicos a su núcleo duro empresarial mediante cartas firmadas de su puño y letra. Y es que, casualmente, el Gobierno asumió esas peticiones y aprobó las adjudicaciones de las subvenciones requeridas. También el Ejecutivo decidió rescatar Air Europa, después de que Gómez se reuniera en dos ocasiones con Javier Hidalgo. Y esos son hechos. No inventos de “la extrema derecha y su lodazal”. Los bulos son los motivos aducidos por Pedro Sánchez en su amago de dimisión.
Los hechos protagonizados por Begoña Gómez que investiga el juez Peinado pueden o no ser constitutivos de delito por corrupción y tráfico de influencias. Pero, como poco, son inmorales. Lo que ya está demostrado es que Pedro Sánchez mintió. Mintió en las entrevistas en TVE y la Cadena Ser al ocultar los hechos y al declarar que desconocía por qué se investigaba a su mujer. Lo sabía. Y por eso redactó una carta que pasará a los anales de nuestra democracia. Porque un presidente de Gobierno no puede retirarse cinco días a meditar sobre su posible dimisión. Y, menos, emitir una carta tan torpe, tan cursi y plagada de alusiones a la extrema derecha. Porque ni el PP ni la extrema derecha han sido los responsable de los tejemanejes de su mujer.