Jueves 13 de noviembre de 2008
Zapatero puede estar satisfecho. Uno de sus proyectos de mayor calado, el Ministerio de Igualdad, ya da sus frutos. Dada la cantidad de retos a que debe hacer frente España, el Presidente del Gobierno optó por priorizar esfuerzos y fondos presupuestarios. Desechando funestos rumores de una presunta crisis económica, que no obedecían sino a un alarmismo infundado, Zapatero se inventó un ministerio, lo dotó económicamente y colocó al frente del mismo a una persona sumamente capaz…en materia de flamenco. Bibiana Aído empezó su andadura hablado de “miembros” y “miembras”, y poniendo una línea de teléfono al servicio de potenciales maltratadores, para que, cuando les diese por golpear y vejar a su pareja, llamasen antes al Ministerio y así atemperar antes sus arranques. Era de esperar que con iniciativas tan pioneras, acompañadas de un mensaje claro y efectivo, los resultados llegasen.
Y han llegado. España ha perdido siete posiciones en el baremo de iguladad, pasando de la 10 a la 17, si nos atenemos al ranking presentado este miércoles por el Foro Económico Mundial. Destacan en primera posición los países nórdicos -Noruega, Finlandia, Suecia e Islandia-, cuyo desarrollo en esta materia está a años luz del resto del mundo. Tras ellos, pero aún por delante de España, países de honda tradición social y con un notable peso en el concierto internacional. Así, Filipinas y Sri Lanka, en las posiciones 6 y 12, respectivamente, y Lesoto, en la 16, adelantan a una de las economías más poderosas del planeta y cuyo gobierno se jacta de ser el abanderado en la consecución de los derechos de las mujeres. Y no le falta razón. De hecho, todas las mujeres españolas se han debido poner de acuerdo para ejercer al unísono su derecho de perder cuota de igualdad con respecto a los hombres.
Mientras no haya políticas efectivas de igualdad retributiva, ayudas sociales que potencien y faciliten la maternidad, y se favorezca la plena incorporación de la mujer al mundo laboral, se seguirá retrocediendo. Es lo que ocurre cuando se opta por la política de foto en lugar de la de la efectividad. Por muy “miembra” que se sea.
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