La abundante inmigración italiana que llegó a la Argentina hacia fines del siglo XIX y principios del XX, incorporó al idioma castellano palabras regionales que se fueron popularizando hasta conformar un lenguaje casi secreto de los suburbios de Buenos Aires. Algunos lo llamaron “cocoliche”, otros “lunfardo” o “canero” (por ser utilizado en las cárceles donde los reclusos se manejaban con esos códigos). Con el tiempo el hablar cotidiano lo impuso y hasta se oficializó una jerga o pidgin mezclado con insólitos dialectos de Italia. El paso del tiempo llevó a los entusiastas de esas formas verbales a fundar una “Academia del Lunfardo”, con la pretensión de incorporar algunas de esas expresiones; también el tango contribuyó para imponerlas y en ocasiones difundirlas del otro lado del mar.
Así nació la palabra “chanta”, proveniente del genovés “chantapuf” (o “chantapufi”), que refiere a una persona poco confiable, irresponsable y de escasa credibilidad; expresión que abarca al fanfarrón y al descarado, al macaneador y al insolente; es decir, al que no cumple con su palabra o no paga sus deudas.
Sea en singular o en plural, la palabra “chanta” se usa en muchísimos casos y forma parte del hablar cotidiano del Río de la Plata. Últimamente se aplica con frecuencia a los políticos que sobrepasan la forma de actuación o cometen ilícitos. A tal punto que ese “juego sucio entre matones” (como definió Azorín a la política), es ya sinónimo de corrupción en la Argentina y se alimenta en buena medida de oscuros procedimientos.
Javier Milei llegó a la presidencia denostando a esa corporación, que calificó de “casta”, logrando que un voto hartazgo, de rechazo a todo el sistema (junto a redes sociales incisivas y a una coalición aliada), le permitiera alcanzar el cargo. Y por una mayoría inusitada; lo cual significa que el hartazgo estaba instalado.
Frenético polemista hasta el fanatismo, desaforado hasta lo ofensivo, se cree todo lo que piensa y se considera infalible. Uno de sus últimos montajes fue el realizado en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires, donde ofreció un espectáculo nada compatible con su cargo de presidente de un país; otra entrega de la maquinaria escenográfica de La Libertad Avanza, su minoritario partido, cuyo propósito principal es destacar la excentricidad de un Jefe de Estado en actitud de trance que se caracteriza en “showman”, olvidando su investidura, y que está al frente de un país que soporta una crisis dolorosamente patética con terribles índices de pobreza.
Pareciera entonces que de eso se trata hoy su liderazgo en la Argentina, de llamar la atención para distraer, o proyectarse hacia el exterior bajo el uso de procedimientos grotescos, acompañados de canto y contorsiones, que intentan combatir la “casta”, ofreciendo en este caso “más de lo mismo”. Razón por la cual no hay que ir a buscar en el nuevo libro de Milei, presentado en su show, propuestas económicas eficaces para salir del pantano en el que está chapoteando toda la ciudadanía; la presentación del volumen, con un sentido profesoral explicativo, no pasó de la clase de un maestro ciruela a sus alumnos, siendo en cambio lo menos parecido al discurso de un estadista (pero sus exaltadas contorsiones lo cubrieron todo). Esto sumado a expresiones mesiánicas y por demás entusiastas, que muestran lo que piensa o imagina en escala universal, bajo una doctrina condenatoria menos redentora que extremista, intentando tapar lo que se le escapa de las manos.
Si bien hubo presidentes transgresores en la historia argentina (Menem y los Kirchner son dos paradigmas), creo que ninguno llegó a tanto, ni pretendidamente tan lejos; ni siquiera la frivolidad de Fernández y su guitarra. Es así probable que por ahora a la ciudadanía (o a buena parte de ella) no le importen mucho esos dislates ecuménicos. Milei expresa, aun con esos desvaríos, una promesa de cambio, aunque nadie sepa con certeza cuáles serán los cambios y si darán resultados; hasta ahora no dejan de ser promesas (si bien la inflación baja algunos puntos y el déficit fiscal se apoltrona dentro de lo imposible, se debe a una caída del consumo. Mientras tanto el desempleo y la pobreza no encuentran freno.
El desafío de Milei consiste en hacerse cargo de un cambio en parte liderado a través de las redes sociales con un intento de proyectarse hacia el mundo. Sus viajes al exterior así lo confirman y por el momento, le dedica más tiempo a erigirse en un profeta ecuménico que en gobernar el país. Y, al parecer, se siente más orgulloso de su condición de mesías que de presidente.
Es harto sabido que el fanatismo no conduce a buen puerto. Hay quienes todavía se indignan en la Argentina por el uso de recursos públicos para una visita privada, como la que Milei hizo a España. Él se ataja utilizando una vieja expresión literaria, y calificando de “liliputienses que no están acostumbrados a ver a una persona que es uno de los dos líderes más importantes del mundo” (¿?). Que nada se le puede reprochar a alguien que como él que predica desde esa cima universal. Una simpática licencia retórica -llamémosle de alguna manera-, que se le concedió después de atacar al presidente socialista Sánchez y a su mujer Begoña Gómez, investigada por tráfico de influencias. “Esto no lo hizo Milei, esto lo hizo Usted solito, señor Sánchez”, le recriminó con prolijas palabras el líder opositor Feijóo a Sánchez, aludiendo a la polémica.
Más allá de las descalificaciones de entrecasa, la crisis con el gobierno de España roza aspectos relevantes de la vida política de ambos países. No sólo porque los grandes inversores de ese país en la Argentina se pronunciaron a favor de Sánchez; sino porque además, España ha sido siempre el principal puente con Europa, teniendo, además, fuerte influencia en el Fondo Monetario Internacional por su condición de país europeo dentro del organismo. En fin, son aspectos del entredicho que, al parecer, tienen sin cuidado a Milei.
Sin embargo, hay economistas, colegas de Milei, que miran el horizonte con otros ojos, distinta actitud y no menos escepticismo; temen, por ejemplo, la presión que ejercerán sobre las reservas del Banco Central las importaciones, que deberán ser pagadas en su totalidad a partir de julio. Es decir, a partir del mes en que las liquidaciones por exportaciones agropecuarias son menos caudalosas. Sin bien el campo parece optimista, la duda cunde entre los dudosos productores agropecuarios. Ni qué decir de otras corporaciones, incluido el propio Gobierno.
Además de los problemas macroeconómicos, todavía no solucionados, el flujo de inversiones sigue estancado por dificultades sectoriales y partidarias. El Congreso traba la aprobación de la polémica Ley Bases -que al parecer será aprobada con múltiples modificaciones- y ante esa contingencia, que ya parece resuelta, la minoría oficial no puede presentar un batalla positiva (tampoco se puede pasar por alto que en los meses de gestión del oficialismo no pudieron lograr la aprobación de una sola ley).
A esto se suma, como si fuera poco, una crisis con las compañías energéticas. La discusión entre el Poder Ejecutivo y los generadores de electricidad puede tener todavía derivaciones complicadas. Una de las empresas más importantes del sector, la llamada Pampa Energía, anunció que estudia encarar medidas legales frente a lo que se considera un “default”. El argumento de estas compañías es que el mismo Estado adoptó otra conducta, frente a sus compromisos y se ve impedido de pagar deudas por la importación de energía, como las que se registran con varias distribuidoras de gas, receptoras de subsidios destinados a zonas frías. Una humilde garrafa, para dar un poco de calor a un hogar modesto, puede llegar a costar una fortuna que la gente de menores recursos no podrá pagar. El cinturón aprieta y lo necesario en divisas para adquirir gas natural licuado, gasoil y fuel oil en el mercado internacional está en el límite; sobre todo para un invierno que se anticipa espantoso de frío.
“Hay que pasar el invierno” fue la frase de un remoto Ministro de Economía, que ha quedado en la historia de los chantas. ¿Y ahora qué es lo que viene? Las fuerzas del cielo quizá tengan la respuesta; mientras tanto chocan con las Fuerzas del Suelo. Ojalá estas invocaciones consigan que Dios este del lado de nosotros y, al menos, atenúe el choque.