Ayer 6 de junio el Teatro Real estrenó, en versión de concierto semiescenificada, la tragedie mise en musique Médée, con un prólogo y cinco actos, de Marc-Antoine Charpentier y libreto de Thomas Corneille, ópera estrenada el Théatre du Palais-Royal de Paris en 1693. La agrupación Les ArtsFlorissants, organización que cuenta con el apoyo del Estado francés y otras entidades oficiales del país galo, aparte de con el de importantes mecenas, fue la encargada de dar vida a esta joya del Barroco.
Esta obra, dedicada el rey Luis XIV, fue bien acogida por éste. En su estreno, un prólogo conmemorativo en el que la Victoria y la Gloria alaban las cualidades del monarca, sin relación con el argumento de la ópera, precedía a la historia de amor, celos y venganza de Medea y Jason.
La narrativa no es muy potente, pero tiene los elementos dramáticos indispensables. Inspirada en la tragedia de Eurípides, presenta el clásico triángulo amoroso: la pareja formada por Jasón y Medea ha llegado a Corinto, con los hijos de ambos, procedentes de Tesalia, donde Medea, terrible hechicera, ha cometido atroces crímenes. En la nuevaciudad-estado, Jasón se enamora de Creúsa, hija del rey Creonte, pero la princesa está prometida al príncipe de Argos. El reyprefiere a Jason para su hija y para poder celebrar estos esponsales, conmina a Medea a exiliarse porque el pueblo de Corinto le tiene miedo. Jason deberá quedarse para liderar el ejército, pero en realidad ansía casarse con la princesa y librarse con tacto de Medea.Ésta termina por conocer los planes de Jasón y el rey y, tras invocar a las fuerzas del inframundo, ejecuta una terrible venganza, enloqueciendo al rey -que mata al príncipe de Argos y luego se suicida-, envenenando a la princesa Creúsa con una toga que previamente le había regalado, y ejecutando contra Jason la venganza vicaria de matar a sus hijos.
La producción de Medea que ahora presenta el Teatro Real (se han previsto cuatro funciones entre los días 6 y 10 de junio) destaca por la altísima calidad interpretativa de Les ArtsFlorissants,que ha sabido capturar, con pocos recursos -dado que la versión es semiescenificada-, la esencia trágica de esta obra barroca (la coordinación escénica es de Marie Lambert-Le Bihany la iluminación -excelente- de FiammettaBaldiserri). La dirección musical-a cargo de William Christie- es brillante y autentica, clara y precisa, lo que se refleja tanto en la orquesta como en los solistas y el coro.
El gran ausente, como suele ser habitual cuando se rescata una obra barroca de esta magnitud (Médee fue muy poco representada por la creciente influencia del rival de Charpentier, Lully, y no fue descubierta hasta finales del siglo XX) fue claramente el ballet, indispensable en el teatro francés. El resultado en esta producción es la sucesión casi encadenada de partes orquestales, que no por estar vacías del previsto relleno escénico dejan de ser hermosísimas.
La mezzosoprano Véronique Gens en el papel de Medea brindó una actuación casi a la altura de la heroicidad de los personajes (está casi todo el tiempo en escena), con una buena técnica vocal y una poderosa presencia escénica. Uno de los mejores momentos de su interpretación fue “Je netrahiraipointvotre amor ni ma gloire”, aria en la que consiguió transmitir, tanto la vulnerabilidad como la determinación del personaje sin caer en la exageración.
El tenor Reinoud van Mechelen (el papel original fue previsto para un haute-contre, un tenor con una tesitura bastante elevada pero que, a diferencia del contratenor, que utiliza sólo el mecanismo 2 -mal llamado de cabeza- debe mezclar la voz de los mecanismos 1 y 2), no sólo completó adecuadamente la soberbia interpretación de su compañera Medea, sino que brilló por su voz clara, su bellísimo timbre y su dominio del canto barroco, como evidenció en suaria “La Gloirevous apelle”.
La encargada de dar vida a la princesa Créusa fue la soprano portuguesa Ana Vieira Leite, impecable en su canto y presencia escénica. Como Oronte (el príncipe de Argos) hizo una excelente interpretación el tenor y barítono francés Marc Mauillon.
El coro, compuesto por unas ocho mujeres y dieciséis hombres, supo estar a la altura de la obra, añadiendo una rica dimensión al tejido dramático y evidenciando la energía necesaria en cada momento.
En resumen, esta representación de la Médée de Charpentier destaca por su fidelidad a la obra original y su ejecución técnicamente sólida, lo que puso de manifiesto que la música de este extraordinario compositor (Medea fue su única ópera), mantiene plena vigencia y extraordinaria fuerza en nuestros días.