Este domingo elecciones europeas a las que los candidatos de las diversas formaciones políticas nos invitan a participar tras habernos bombardeados con sus promesas y descalificaciones del contrario. Vamos como siempre y, como casi siempre, no he visto ni oído referencias a la familia y a su importancia en esta sociedad que parece querer olvidarla.
Creo firmemente que la familia es lo que importa, porque como nos decía el Papa el 25 de junio de 2022 en el Encuentro Mundial “es el lugar del encuentro, del compartir, del salir de sí mismos para acoger a los otros y estar cerca de ellos. Es el primer lugar donde se aprende a amar”.
Compartimos estas palabras de FRANCISCO, ya que muchas familias nos dan lecciones diarias de amor y de amar. Familias con algunos de sus miembros muy enfermos y que son capaces de enviar mensajes de apoyo a otros que viven momentos de felicidad y que piden olvidar sufrimientos, cuando son precisamente los que más necesitan ese apoyo.
La sociedad, insisto, necesita a la familia porque es su centro, a pesar de que, no sé si muchos o pocos, quieran cambiar ese centro y llevarla a unas periferias muy peligrosas y complicadas y, vuelvo a citar a FRANCISCO que tras reafirmar que “ la familia es el primer lugar donde se aprende a amar”, nos dice: “sabemos bien los hechos no siempre es así, por muchos motivos y muchas situaciones diversas. Y así, precisamente mientras afirmamos la belleza de la familia, sentimos más que nunca que debemos defenderla. No dejemos que se contamine con los venenos del egoísmo, del individualismo, de la cultura de la indiferencia y del descarte, y pierda así su “ADN” que es la acogida y el espíritu de servicio”.
Egoísmo, individualismo, cultura de la indiferencia y del descarte, ahí es nada. Es lo que nos quieren imponer porque nos han hecho creer también que somos los menos, porque lo que es bueno no es noticia y esto es muy preocupante y es lo que buscan estos populismos para los cuales la familia es una anécdota del pasado y yo, y supongo que muchos de nuestros lectores, me niego a ello, porque vivimos intensamente la familia con sus baches, con su alegrías y sus penas, con sus avances y retrocesos, con sus abrazos y sus lágrimas pero sobre todo con su amor.
Por todo ello, gracias a todas las familias que sostienen esta sociedad callada pero a la que todavía, y miran que lo han intentado, todavía no han logrado poner el bozal. Gracias, en particular a mi familia, que ha heredado el buen hacer de los que nos dieron la vida y si me lo permiten y ya que hablamos de familia, gracias a mi hijo que hoy cumple 50 años y que ha formado una familia ejemplar. Como otros cientos de miles. No lo olvidemos y sobre todo no lo olviden, señores políticos.