Opinión

Me acuerdo de Georges Perec

LETRAS, CEROS Y UNOS

David Fueyo | Domingo 09 de junio de 2024

Me acuerdo de Georges Perec y de cómo su prosa se enredó con mis sueños. Caminé de su mano en La cámara oscura: 124 sueños y eso unido a una vieja máquina de escribir que mi suegro tuvo a bien regalarme, hizo que publicase Onírica, mi primera plaquette.

Me acuerdo de pasear con Perec la memoria, los detalles minúsculos, y los laberintos de la mente humana. Me acuerdo de su capacidad para transformar lo cotidiano en un entramado literario complejo, desafiando la percepción y obligándonos a mirar con nuevos ojos aquello que siempre ha estado allí, pero que nunca habíamos notado. Eso que él llamó “Lo infraordinario” en contraposición a lo extraordinario, es decir, la poética de aquellos lugares y momentos donde no pasa absolutamente nada relevante. Me encanta.

Me acuerdo del inicio de La vida, instrucciones de uso, y de cómo Perec descompone la realidad en fragmentos, construyendo una obra que es, a la vez, un rompecabezas y un caleidoscopio de historias interconectadas. Me acuerdo de sus listas, sus juegos de palabras, su amor por los detalles más triviales, y cómo todo ello eleva la literatura a un ejercicio de observación y reflexión profunda.

Me acuerdo de la importancia de leer a Perec, porque al hacerlo, aprendemos a apreciar la literatura que no se conforma con lo superficial. Él nos invita a participar activamente en la construcción de significados, a buscar patrones, a desentrañar la trama oculta en lo más simple. Me acuerdo de su habilidad para convertir lo banal en sublime, y cómo eso nos enseña a no subestimar la riqueza que se esconde en cada rincón de nuestras vidas. La belleza de los manteles sucios mecidos por el viento cuando el banquete ya ha finalizado.

Me acuerdo de que leer a Perec es elevar el nivel de lo que se lee en literatura, porque sus obras no solo desafían nuestra capacidad de comprensión, sino que también nos recompensan con una visión más aguda y matizada del mundo. Me acuerdo de Juan Manuel de Prada diciendo que para él la literatura es lo sublime, y que le importa tres pepinos que algo esté a la moda, que él escribe para quienes no están ya en el mundo y para quienes estarán dentro de unos años. Sumergirnos en textos ricos y cuidados hace que adquiramos las herramientas para analizar, criticar y disfrutar de la literatura con mayor profundidad y sofisticación. Yo también leo Mortadelos, pero me regocijo de nuevo con Las máscaras del héroe para entender mejor Mil ojos tiene la noche.

Me acuerdo de Georges Perec, y de cómo su legado literario nos insta a ser lectores más exigentes, más curiosos, más atentos. Me acuerdo de que, en cada página, Perec nos invita a descubrir que la verdadera fascinación de la literatura reside en su capacidad para transformar lo superfluo en algo mágico, que la literatura es juego y que él quiso que jugásemos con sus auto trabas, sus números ocultos, sus historias que duran solo un segundo y que abarcan más de quinientas páginas.

Luego recuerdo leerlo creyendo que lo de sus textos de El secuestro fueron engendros insólitos, pero solo sucedió que estuvieron exentos de un signo de los de escribir. Después lo reproduje en múltiples cursos sobre cómo poder ser escritor y descubrí que es un reto entretenido en un principio, pero que es muy necesario rendir tributo o sentir desconcierto en positivo por quien puede extenderlo en el curso de quinientos folios manuscritos.

Me acuerdo también de la tarde que pasé en la librería Kafka y Co. de Oviedo junto a Kim Nguyen y su Por qué Georges Perec. (La Uña Rota) de cómo durante más de una hora hablamos del autor francés cuya tumba nunca visité en mis escapadas parisinas a Père-Lachaise. Hablamos de sus doscientos seis por qués, de una palangana rosa con calcetines pudriéndose y del goce de leer y compartir literatura. Le compré a Andrea, la mitad de Kafka y Co. una lámina que me mira a los ojos como si fuera la Gioconda y que me invita a levantarme perezoso y por ello intentaré serlo aún menos, y pienso que lo realmente difícil es quedarse solo en doscientas treinta y seis razones para leer a Perec. Pueden empezar por el libro de Nguyen como aperitivo y luego pasar al grande entre los grandes.

Me acuerdo cuando en el colegio buscaba en los manuales de lengua y literatura los poemas de Blas de Otero, de Lorca y de Aleixandre. Dejen de lado los libros de romanos, de intriga barata y de futbolísimos escritos con churrera y por encargo. Sueño con un libro de texto con un trocito de Perec, pero quizás si eso sucediera la LOMLOE implosionaría en su paradoja. Al menos déjenme imaginarlo. Tengo papel y lápiz en la mesilla de noche. Lean a Perec y compártanlo tal y como hace Nguyen. Por lo de elevar el nivel. Por lo de que, por si acaso, a alguno se le enredan también los sueños con la prosa y le da por escribirlo.