Editorial

Cuando Sánchez se despertó de la pesadilla europea, Puigdemont aún estaba allí

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 11 de junio de 2024

Ni la amnistía ni los indultos han servido para que los secesionistas catalanes acepten las reglas del juego democrático, como aseguraba Pedro Sánchez. Más bien, todo lo contrario. Están dispuestos a redoblar su apuesta independentista, más aún, ahora que la impunidad les protege. Y para empezar, se han saltado la Constitución.

Parafraseando a Augusto Monterroso, cuando Sánchez se despertó de la pesadilla europea, Puigdemont aún estaba allí. El dinosaurio golpista se va a presentar en el Parlamento catalán para ser investido presidente de la Generalidad. Y de nada le va a servir a Salvador Illa haber ganado las elecciones. Porque los secesionistas de Junts, ERC y la CUP ya han pactado acaparar el poder. De momento, han nombrado al exconsejero indultado Josep Rull presidente del Parlamento catalán. Y así se ha estrenado el pleno de constitución: desobedeciendo la orden del Tribunal Constitucional que prohibió el voto telemático de los fugados Puigdemont y Puig.

Los separatistas se enfrentan a un problema. Sus escaños no son suficientes para investir al golpista prófugo. Necesitan que Salvador Illa no se oponga, que “facilite” la investidura, so pena de que Junts, y quizás ERC, retiren al Gobierno de coalición el apoyo en el Congreso de los Diputados. Aún se desconoce si Pedro Sánchez cederá para poder prolongar la legislatura con comodidad. En caso contrario, podrían convocarse nuevas elecciones autonómicas, lo que supondría otro fracaso del presidente del Gobierno después de que el PSC ganara en las urnas.

Si Pedro Sánchez tuviera un mínimo de dignidad y de inteligencia, disolvería las Cortes para adelantar las elecciones generales. Porque se le amontonan los problemas, en buena parte por los enjuagues que ha urdido para mantenerse en el poder. Al caso de corrupción por las mascarillas hay que añadir los problemas judiciales de su mujer y, ahora, de su hermano. Y después de ser derrotado de nuevo por el PP en las elecciones europeas, Yolanda Díaz se desmorona políticamente por el batacazo en las urnas y ha dimitido como coordinadora de Sumar. El Gobierno de coalición se tambalea, pues la vicepresidenta no deja el cargo ni el escaño, pero redoblará sus propuestas comunistas sin siquiera consultar al presidente y, probablemente, votará en contra de algunas de las medidas del PSOE en el Congreso para marcar su terreno.

Y, como decíamos, Puigdemont sigue allí. Insiste en exigir ser investido presidente de la Generalidad con la anuencia de Pedro Sánchez. Y acaba de demostrarlo al nombrar a Turull presidente del Parlamento catalán incumpliendo y burlándose de la Constitución. Hay que esperar la reacción de Pedro Sánchez. No es previsible que le plante cara. Y, menos aún, que adelante las elecciones generales. Pero por mucho que lo intente disimular, está en un callejón sin salida. No puede salir a la calle ni gobernar. Aunque también es verdad que está en La Moncloa. Y para él, puede ser suficiente.