Cultura

Exposición del pintor Pablo Ugartetxea en Anglet

La ola que arrasa también trae gozo.

REPORTAJE

José Manuel López Marañón | Martes 11 de junio de 2024

Recién inaugurada LA VAGUE IMAGINAIRE (La Ola Imaginaria), esta nueva exposición de Pablo Ugartetxea permanece en cartel hasta el 26 de julio en el Centro de Negocios Olatu Leku de Anglet (Avenida del Adur, número 100).

Pablo Ugartetxea (Bilbao, 1967), cumbre ilustre de la pintura actual en nuestro país, lleva colgando su obra por rincones de todo el mundo desde 2011. Tokio, Río de Janeiro, Sao Paulo, Los Ángeles, Madrid, Saint Tropez, Hossegor, San Sebastián y Toulouse, por nombrar ciudades muy representativas, han quedado rendidas con los originalísimos e impactantes cuadros de este licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco. Muestras suyas aún recientes han sido La Gran Ría, en el Museo Marítimo de Bilbao, y BCN Mar Obert en el Salón Náutico de Barcelona

Para su nueva cita francesa Pablo Ugartetxea ha creado un escenario teatral en óleo y fotografía en el que, ante la atónita mirada de los socorristas de la Grand Plage, un enorme tsunami está a punto de engullir el mítico Hotel du Palais de Biarritz.

Escenario creado para Olatu Leku.

La catástrofe natural elegida no es motivo baladí. La percepción apocalíptica aplicada a su trabajo es esencial seña de identidad para este vasco de ambiciosas miras artísticas. Las amenazas latentes; edificios que arden; olas gigantescas destruyendo ciudades, protagonizan muchos de los cuadros que, con su dosis de congoja incorporada, hechizan en Olatu. Pero esta intensa recreación pictórica del fascinante desastre sabe transformar en disfrutables los motivos del Gran Cataclismo por venir; un Gran Cataclismo que –más allá de cualquier ilusión plástica– conlleva implícita la terrenal purificación.

La temática apocalíptica en la pintura de Ugartetxea interpela a la angustia e incertidumbre de una época abarrotada de desastres en la que el final de nuestra civilización no resulta –ni muchísimo menos– una posibilidad descartable.

Ante el palpable abandono de cualquier normalidad urbana, el pintor desdobla semejante evidencia para provecho propio –y nuestro. Dirigida a quien sepa mirar, Pablo convierte su serie de cuadros deudora de este tiempo de destrucción triunfante, por igual, en paradigmas de lucidez torturada y absorbente locura creativa. Aquí, en efecto, su arte describe el pulso del pintor consigo mismo, desde dentro y con verosimilitud. En paralelo potencia la enorme capacidad para transmitir y representar el desasosiego del orate/creador, en el cual, cabiendo la monstruosidad, alienta también un rayo de la esperanza.

«Retiro».

Fusionar espacios asfaltados próximos de una misma urbe o de distintas, a veces alejadas entre sí a cientos y miles de kilómetros (¿Todas las ciudades, La Ciudad?), para levantar una arquitectura ciudadana radicalmente nueva –tan deslumbrante como razonable– es otra constante ocupación estética de Ugartetxea, bien apreciable en la exposición de Anglet. En estos cuadros todo aparece medido, calculado como los arquitectos calculan la resistencia de materiales, en un equilibrio por el que cada elemento sirve de compensación a otro, lo neutraliza, esfuerza o niega. La meticulosa y puntillosa apuesta colabora a fondo en la construcción del edificio narrativo que ramifica cada creación pictórica. Son lienzos entremezclados de historia y ficción, y con referencias políticas, literarias, cinematográficas y hasta del mundo del cómic.

«Gran Vía».

Ciudades abiertas por grietas de terremotos, edificios emblemáticos destrozados… La ruina ahora cobra protagonismo en alucinadas panorámicas donde las perspectivas yacen en carne viva. Asumiendo cómo tras la hecatombe vendrá la reinvención, la reconstrucción, Pablo Ugartetxea anticipa una particularísima regeneración de tantas calles y avenidas asoladas. Para su plasmación cede importante espacio pictórico a edificaciones precarias, salvajes y sin planificación –más a merced aún de los desastres naturales– como las que ha descubierto en las favelas de Río de Janeiro. En varios cuadros Pablo embotella ciudades (como París, Nueva York o Venecia) calzando sin compasión sobre su centro colonias de chabolas de cartón uralita y ladrillo cara vista que, sin embargo, aportan una bizarra belleza suplementaria a lugares famosos, reconocibles.

«Paris Rive Gauche – Paris Río Gauche».

Esa misma ola «imaginaria» que viene de devastar ciudades, ese tsunami alegórico del impacto humano sobre su entorno natural, también transforma, por obra y gracia de la ironía de Pablo Ugartetxea, espacios urbanos anegados… ¡en mareas surfeables!… Acaba de nacer el «Surfurbanismo». El creador del palabro, en esta serie de cuadros, convierte en nómadas contemporáneos a surfistas que recorren países, y hasta continentes, persiguiendo borrascas que desencadenen la Ola Perfecta en imprevistas pozas como una plaza de toros o la veneciana plaza de San Marcos... Ciertamente felices se los ve en «Hossegor Mahal», «Bilbao Arenal Copacabana», «Malibú Zepellin», «Venice Beach», «Sevilla Swell» y «Tokio Swell».

«Tokio Swell».

Para incitar a los lectores de EL IMPARCIAL a darse una vuelta por Biarritz- Anglet y visitar la insólita y excepcional colección de Pablo Ugartetxea, nada mejor que citar a Oscar Wilde. En El alma del hombre bajo el socialismo dice el dublinés: «Al público le desagrada la novedad porque la teme. Representa para él un modo de individualismo, una pretensión por parte del artista de seleccionar su propio tema, y de tratarlo como prefiere. El público tiene toda la razón con su actitud. El arte es individualismo, y el individualismo es una fuerza perturbadora y desintegradora. Aquí yace su inmenso valor. Pues lo que intenta perturbar es la monotonía del tipo, la esclavitud de la costumbre, la tiranía del hábito, y la reducción del hombre a nivel de una máquina».

La exposición de Pablo Ugartetxea.

Aprovechamos nuestra visita a Olatu Leku en Anglet para entrevistar, en exclusiva para EL IMPARCIAL. al pintor bilbaíno Pablo Ugartetxea:

La Vague Imaginaire sorprende, entre otras muchísimas cosas, por la variedad temática de los cuadros presentados. Apocalipsis generados por tsunamis; arquitecturas urbanas portentosas; fusiones de ciudades; las ruinas y su regeneración, la dualidad Gran Cataclismo / Ola Perfecta…

¿Supone esta convocatoria en el Centro de Negocios Olatu Leku de Anglet –abierta hasta el 26 de julio– la antológica exposición de una ya larga trayectoria suya como artista plástico?

En realidad no se trata de una exposición antológica… aunque pienso que no sería mala idea ir pensando en hacer una, habiendo nacido yo en el Verano del Amor de 1967 y llevando casi 40 años de exposiciones a cuestas ya se va acercando el momento...

La Vague Imaginaire si podría ser en parte una pequeña antología de la presencia constante del océano y el simbolismo de su fuerza desatada en mi obra, sobre todo llevándose a cabo esta exposición en un espacio llamado Olatu que está situado en un entorno tan oceánico como es de los alrededores del faro de Biarritz.

Lucien Freud dijo: «La pintura es el único arte en el que las cualidades intuitivas del artista pueden resultarle más valiosas que el conocimiento o la inteligencia en sí. El pintor debe dar rienda suelta a cualquier sentimiento o sensación que pueda tener y no rechazar nada de lo que le atraiga de forma natural».

¿Da más trascendencia en su pintura a lo intuitivo –y al sentimiento apocalíptico de la vida– que a lo que pueda aportarle el lado más inteligente y racional del conocimiento?

Es interesante esta reflexión de Lucian Freud y estoy de acuerdo con ella. Ese sentimiento apocalíptico e intuitivo, es algo que cada vez va cobrando más presencia en mi pintura, ganando terreno a la parte racional. No creo en lo paranormal, en médiums o en profetas… Aunque últimamente me lo estoy replanteando y te cuento el por qué. Me dicen mis amigos que mis cuadros tienen cualidades proféticas y agoreras. Esto hace que me sienta como un Nostradamus con pinceles… Te voy a dar un par de ejemplos. Como sabes desde hace bastantes años las ruinas arquitectónicas son las protagonistas de cuadros míos en los que vemos olas gigantes y terremotos destrozando nuestras ciudades, bajo un fenómeno al que puse el nombre de SURFBANISMO o cómo la naturaleza, ante nuestros desmanes urbanisticos, acaba siempre devolviéndonos la pelota destruyendo a olazo limpio con su fuerza desatada nuestros monstruos de cemento. Cuando empecé a realizar estas obras de ciudades europeas engullidas por olas gigantescas, los maremotos eran un fenómeno que no se daba en Europa salvo contadas excepciones (como el famoso terremoto – maremoto de Lisboa en el siglo XVIII). Los tsunamis eran más bien un fenómeno local de los océanos Indico y Pacifico. Desde entonces, las tormentas y tempestades invernales de nuestras costas se han ido transformando y ganando en potencia destructiva hasta convertirse en auténticos tsunamis en algunos casos. Un ejemplo gráfico: en este mismo artículo vemos una foto en el que yo mismo poso entre las grietas de un paseo marítimo destruido por un terremoto… Este paseo marítimo no es el de una playa de San Francisco después de uno de los terremotos que sacuden la ciudad periódicamente. En realidad, son las ruinas del paseo marítimo de la playa de Lekeitio, completamente destruido por una ciclogénesis tremenda de hace unos pocos años. En 2011 realicé la exposición Tides From Bilbao, llena también de catastróficas olas gigantes en la Galeria Promo Arte deTokio. Durante la exposición se produjo el terrible terremoto y tsunami de Japón. ¡Afortunadamente mis cuadros sobrevivieron al desastre! En 2014 realicé dos cuadros para mi exposición Ciudades Abiertas en Galeria Antonio Suñer en Madrid, llamados «Palacio Real 1» y «Palacio Real 2», en el que veíamos el Palacio de Oriente de Madrid completamente destruido por un terremoto… Durante el transcurso de la exposición se produjo la caída-abdicación de Juan Carlos I…

Este carácter agorero y visionario de mis cuadros me tiene un tanto preocupado.

Además de su acabadísima factura técnica, a la que no es ajena una detallista y concienzuda plasmación del detalle, que llega a resultar alucinante, contemplando sus minuciosos cuadros se tiene, al mismo tiempo, la gozosa sensación de que usted crea desde una libérrima voluntad que nada debe a encargos y componendas…

En esta cultura actual donde la tecnología precede al arte y que solo genera productos industriales pero no artísticos, en esta mierda de cultura ligera, casi superficial, ¿qué alcance consigue un artista visionario como usted que, lejos de dejarse arrastrar por la repetición, rompe con todo para no dejar de ser él?

¿El precio a pagar por ello es caro?

El precio a pagar en mi caso es alto. Vivimos un tiempo de cambios tan drásticos como ha habido pocos en la historia de la humanidad, cambios de consecuencias imprevisibles. La nueva inquisición de la corrección política con sus redes sociales como principales instrumentos de tortura, el buenismo, el metaverso, la sacralización de la estupidez, con el nuevo dios de la inteligencia artificial (que yo llamo «Ignorancia artificial»)…, son instrumentos de control muy pensados para conseguir que la gente no se atreva a pensar y menos a chistar… Y así ir poco a poco recortando las libertades y los derechos arduamente conquistados después de siglos de luchas. Nuestro nivel cultural e intelectual está retrocediendo a pasos agigantados, como pasó en el final de El Imperio Romano; una decadencia que afortunadamente mis hijos no van a vivir porque no los tengo…. que yo sepa.

Todo esto crea un campo de cultivo para la ignorancia, la gente desconoce la historia reciente y no es consciente de los horrores generados por los antiguos fascismos que ahora vuelven a campar por sus respetos. Pienso que un artista no puede permanecer indiferente ante todo lo que está pasando. Es crucial el papel del artista comprometido con la realidad de su tiempo, incluso con poder para transformar esa realidad. Los artistas tenemos la responsabilidad histórica de no callarnos y expresar con nuestro arte lo que sentimos ante los acontecimientos históricos que vivimos y eso es lo que siempre he hecho.

¿El precio a pagar por hacer esto? Bastante caro. Me ha supuesto perder oportunidades para exponer en sitios que hubieran sido muy interesantes para avanzar en mi carrera, se me han cerrados puertas para exponer en varios centros públicos, se me han negado ayudas y subvenciones, incluso he perdido clientes míos de toda la vida que no han comulgado con la evolución de mi obra producida por los tiempos que corren.

Es el precio a pagar por ser libre y no quedarse con la boca cerrada. Como dijo Picasso: «El arte es un dedo en el culo de la burguesía».

La gran pintora realista Isabel Quintanilla dijo: «Esa aparente facilidad para la técnica llega únicamente tras mucho trabajo», algo que ella experimenta como una lucha constante ante los retos que la pintura le plantea cada día: «Hay que saber técnica para expresar lo que quieres. Es fundamental tener técnica sin que te ahogue».

En creaciones tan poco atadas a cualquier canon como son las suyas, ¿qué papel juega la técnica pictórica?

Perdona que cite tanto a Picasso pero es que me encantan sus frases. Él dijo: «Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista». La técnica es una herramienta crucial para el poder expresar lo que sientes, lo que quieras decir. Viene a ser como la lengua del artista. Para mí, sin ella estoy mudo. Como sabes no creo en las barreras entre las diferentes técnicas y disciplinas. En mi trabajo hay diálogo fluido entre la pintura, la fotografía y el video arte. Mi proceso de trabajo, en general, es bastante laborioso, son cuadros muy pensados, muy trabajados, por eso precisamente dan impresión de sencillez, de facilidad que intento transmitir… Y que es tan complicada de lograr en realidad.

Creo que fue Whistler el que dijo: «Hace falta un trabajo inmenso para borrar toda huella del esfuerzo en el cuadro». Viajo por el mundo exponiendo y empapándome de las diferentes realidades, siempre con mi cámara a cuestas. De vuelta en el estudio selecciono las fotografías, hago varios bocetos para ver si lo que en mi cabeza parece factible es plásticamente interesante sobre el papel (no siempre pasa). Si veo que funciona, me pongo manos a la obra: reconstruyo la realidad a mi manera, quito o añado, asocio fragmentos, los recorto y pego mentalmente pintando ciudades imaginarias, siempre con el mar como telón de fondo. Con mi pintura puedo dar protagonismo a la imaginación, a la subversión de la realidad, a la poesía.

Me gusta descontextualizar la realidad siempre con un componente irónico e inquietante Soy muy exigente con los materiales, las tintas las compro en una tienda de Londres donde llevan fabricándolas desde el siglo XVIII, los papeles artesanos los compro en el Rajasthan en India, los linos que pego en mis cuadros son antiguos, procedentes de un palacio extremeño etc. Una vez terminado el cuadro lo dejo reposar un tiempo y si hace falta vuelvo al ataque. También hay cuadros se atascan y sufren múltiples modificaciones hasta que consigo lo que quiero, con lo que su grosor y su peso aumenta y aumenta con las sucesivas capas de papel, tela y pintura. Suele ser interesante fotografíar el proceso de ejecución de estos cuadros difíciles (como hizo la fotógrafa Dora Maar con el proceso de creación del Guernica de Picasso). El cliente que compra ese cuadro no sabe que se lleva en realidad varios cuadros en uno, toda una historia dentro de la pieza…

Pienso que un artista refleja en su trabajo su mundo personal, sus aficiones su bagage cultural, o, por lo menos, así es en mi caso. Me gusta leer, el arte, el cine, el comic y todo esto aparece en mi obra en forma de guiños y referencias. De muy joven trabajé en el cómic unas temporadas y creo que esa tendencia narrativa que hay en mi cuadros viene de alli. En Bellas Artes estudié la especialdad de audiovisuales y esto también se nota en el carácter narrativo de mis cuadros, o en mis trabajos de video arte. Aunque mis cuadros estén llenos de guiños y referencias, creo que pueden ser entendidos o apreciados tanto por la persona que conoce esas referecias como por las que no (mis cuadros gustan mucho a los niños, lo cual me parece algo muy positivo). El titulo juega también un papel muy importante a la ahora de revelar o sugerir esa referencia o esa narración: «Gernikako Angola», «Ruina Sofia», «Reina Sufria», «Waimea Urumea», «Bilbomba», «MunDakkar»… como ves, siempre con un guiño irónico soterrado.

Ugartetxea encuentra crucial el papel del artista comprometido con la realidad de su tiempo. Afirmar la complejidad del hecho humano aun en situaciones extremas resulta fundamental. Ante el principio de este siglo tan traumático que nos ha tocado vivir, lleno de crisis económicas, cambio climático, la Covid 19, guerras… ¿cómo encara un artista –usted, desde la pintura– su compromiso con esta convulsa época que tanto lo demanda?

Como he explicado antes me interesa mucho el poder del artista comprometido con la realidad de su tiempo, incluso con cierto poder para modificar esa realidad. Uno de los ejemplos más famosos de esto es el caso del Guernica de Picasso. El bando Nacional, inmediatamente después del bombardeo de la villa por la Legión Cóndor, dijo que Guernica no había sido bombardeada sino que había sido incendiada por los rojos en su huida. Durante muchos años se intentó borrar la realidad del bombardeo de Guernica. Estuvo prohibido mencionar la palabra bombardeo referida a Guernica, el término se sustituyó por «la destrucción de Guernica» (igual que durante esos años Caperucita roja fue Caperucita Colorada o la ensaladilla rusa ensaladilla nacional). Pero el tiro les salió por la culata: mientras el franquismo se afanaba en borrar la realidad del bombardeo, gracias a Picasso, el Guernica, el cuadro mas famoso del siglo XX, viajaba por todo el mundo anunciando esa masacre a bombo y platillo.

Me encanta una anécdota sobre el Guernica. Durante la segunda Guerra Mundial Picasso permaneció en Paris todos los años de la ocupación alemana. Unos oficiales nazis admiradores del artista visitaron su estudio y le preguntaron: «¿Usted es quien hizo el Guernica?» y Picasso respondió: «No, lo hicieron ustedes».

Yo no soy Picasso pero intento seguir su ejemplo. Desde 2011, llevo a cabo una serie de exposiciones en ciudades del mundo con una especial carga simbólica: lugares masacrados por las bombas como Gernika y Tokio en las que expuse Unarmed Victory en el Centro de Creación Astra en Gernika y en Promo Arte Gallery de Tokio, o lugares azotados por la violencia como las favelas de Rio de Janeiro o de Sao Paulo donde expuse Surfbanismo en la Favela de Cantagalo de Rio de Janeiro y en el Edificio de la Bienal de Sao Paulo. Son exposiciones con una fuerte carga reivindicativa, de las que me sirvo para manifestar el profundo desagrado que me produce el principio del siglo tan traumático que vivimos y que crea un ambiente apocalíptico que no puede dejar indiferente a un artista.

Pablo Ugartetxea nos comentó en Anglet cómo «para poder transmitir mi mensaje, en mi trabajo siempre hay un componente irónico e inquietante. No pierdo de vista la ironía y el sentido del humor. Pero siempre desde el respeto. Y es que como dijo el escritor judío Leo Rosten: “el humor es la comunicación afectuosa de la perspicacia”».

Vistas con objetividad la mayoría de nuestras costumbres son insostenibles. Su humor vital y la visión irónica que aplica a su trabajo creativo, ¿derivará de actuar con sensatez en un entorno absurdo?

Efectivamente, no lo podías haber explicado mejor. El humor es algo muy serio. Como dijo Chesterton: «Divertido no es lo contrario de serio, lo contrario de divertido es aburrido». Si no existiera el bálsamo del sentido del humor creo que estaría en un manicomio. En estos tiempos absurdos de gilipolleces y horteradas como el buenismo, el metaverso, etcétera, pienso que si George Orwell resucitara, su Gran Hermano le parecería una hermanita de la caridad comparado con los horrores de manipulación mental de 2024. En este mundo terrorífico que planifica a escala planetaria la paletización y el atrofiamiento generalizado del cerebro humano, el artista tiene más que nunca una responsabilidad histórica de agitar conciencias anestesiadas o más bien de bombardearlas. Parafraseando a Millan Astray (pero al revés): ¡¡¡Viva la inteligencia!!!

Pablo Ugartetxea.