Opinión

La gran mentira de la historia

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Jueves 13 de junio de 2024

La Historia es ya, el relato de los hechos acaecidos, comprobados, hasta la saciedad, por rigurosos estudiosos. Cuando se nos dice, “eso es histórico”, quiere decir que es indiscutible, porque su comprobación ha sido exhaustiva.

Otra cosa es la interpretación caprichosa y valoración interesada, que se da a esos hechos y a sus protagonistas, que, a mi juicio, ha puesto en circulación mentiras pavorosas, que son de curso legal.

La primera y gran mentira, que yo encuentro, es la arbitraria presencia y protagonismo que se concede a los personajes que en ella aparecen. Priman los que detentaron gobiernos y promovieron guerras. En cambio no aparecen o carecen de relieve, otros que han conseguido grandes logros para la humanidad a los que se relega a disciplinas especializadas.

Tal parece que, si el ser humano es un animal racional, se nos relatan, en la Historia, casi exclusivamente, los hechos impulsados por los instintos de la parte animal, principalmente la lucha por alcanzar y conservar el poder (Macho dominante) y la defensa del territorio que se considera propio o la conquista del vecino (instinto territorial).

Y se nos detallan los conceptos y entelequias que se han elaborado para sustentar los hechos que se relatan: Conceptos morales, sistemas jerárquicos y religiosos, organizaciones políticas y militares. Y símbolos e invenciones, sacralizados, como la patria, la bandera, el honor… más o menos comunes a todas las naciones y con los que han justificado los hechos más horrorosos.

Cada nación ha encumbrado a los suyos y denigrado a los de la enemiga, reciente o antigua; aunque todas están de acuerdo en resaltar las virtudes de ciertos personajes del pasado antiguo, Alejandro, Cesar, Napoleon, etc… que son considerados héroes, cuando eran psicopatías genocidas, en los que alaban el “genio militar”, que consistía en levantar ejércitos, con los que masacrar a las poblaciones objeto de sus “conquistas”.

¿No os parece obscena la veneración de los franceses por Napoleon, a cuyos restos rinden culto en su “iglesia” de Los Inválidos?. Un hombre nacido con vocación irresistible para promover la guerra. Un “genio militar”que sembró de cadáveres propios y ajenos, Europa entera, desde Gibraltar hasta Moscú.

Tenemos, además, la discusión de si debemos juzgar a personajes históricos con códigos morales actuales. Se sigue justificando a algunos personajes por la vigencia de ciertos valores; pero, quizá, regían esos valores porque existían aquellos personajes.

Quizá a la vista de lo expuesto, parecería justificado juzgar éticamente a los protagonistas de la historia, permaneciendo fieles a los hechos que protagonizaron. Así lo entienden los que derriban estatuas largamente veneradas. Pero, amigos. ¿Qué valores son válidos objetivamente, sin discusión, para justificar estas acciones?. ¿Acaso son los mismos para todos?.

Ya veis que por estos derroteros llegamos a un problema de difícil solución. Cualquier interpretación y calificación de los hechos parece arbitraria. ¿Acaso los que son los buenos, para una nación, no son los malos para otra?. ¿Habría que escribir la historia describiendo los hechos notarialmente, dejando la interpretación moral a cada lector?. Buenos , malos. héroes, villanos……

Y queda la cruz de la moneda. Apenas son objeto de relato, explicación y análisis, los datos biográficos y logros de personajes que, movidos por la parte

“racional” del ser humano, han puesto en pie organizaciones, conseguido acuerdos, realizado descubrimientos o inventos, que han supuesto avances en la paz, salud y prosperidad, siempre precarios, en esta pobre humanidad que merece otros “héroes”.

En fin, amigos. Yo creo que la Historia que se nos cuenta….. es, solo, una buena novela de aventuras.