Editorial

Salvador Illa, como Pedro Sánchez, cede en todo con tal de gobernar

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Domingo 16 de junio de 2024

Salvador Illa ha comprado sin pensárselo dos veces el nuevo término “sanchista” de la “singularidad de Cataluña”, un eufemismo para beneficiar a la Comunidad por encima del resto y que se basa en ceder en todas las exigencias de los separatistas para gobernar. La “singularidad”, ahora, supone conceder nada menos que la independencia fiscal del Principado. Otro atentado a la igualdad de los españoles y otra pirueta ilegal al permitir a la Generalidad recaudar y administrar todos los impuestos, amén de la condonación de los 15.000 millones de euros de la deuda.

Salvador Illa necesita el apoyo de ERC para ser investido presidente de la Generalidad. Y el partido del golpista Junqueras ha sufrido un batacazo en las urnas por ser el socio más dócil al Gobierno de coalición. Los republicanos catalanes se encuentran en medio de una crisis de identidad, pues ese apoyo incondicional a Sánchez en el Congreso de los Diputados ha permitido a Puigdemont alzarse con el liderazgo de los separatistas. Los republicanos se debaten entre aliarse con el PSC o arriesgarse a unas nuevas elecciones, en las que temen ser arrollados por Junts. De ahí, el dilema al tener que decidir si estrellarse en las urnas por apoyar al prófugo de la Justicia en un intento de formar un gobierno independentista o seguir siendo la muleta de los socialistas, también en la Generalidad. Pues en ambos casos pueden ser fagocitados: o por Puigdemont o por Sánchez.

Ideológicamente, ERC se encuentra más cerca del PSOE que de Junts. Pero el independentismo prima por encima de todo. En realidad, Junqueras prefiere formar parte de un “gobierno progresista” en la Generalidad, pero se arriesga a ser tachado de traidor por los secesionistas, cuyo único propósito es alcanzar la independencia. Por eso, intenta justificar su posible apoyo a Salvador Illa si el líder del PSC acerca a Cataluña a esa independencia, aunque ahora se trate sólo de la fiscal. Ya habrá tiempo de forzar a Pedro Sánchez a permitir la celebración de un referéndum de autodeterminación.

La primera decisión, sin embargo, ha sido apoyar a Junts para que Rull presida la mesa del Parlamento catalán. Falta saber si, al final, se atreverá a pactar con el PSC la investidura de Salvador Illa. El 25 de agosto es la fecha límite, pues automáticamente se convocarían nuevas elecciones si para entonces no ha prosperado la investidura de candidato alguno.

Al margen de la rivalidad entre Junts y ERC, Pedro Sánchez se prepara para conceder la “singularidad” fiscal a Cataluña. Aunque tampoco tiene claro si prefiere gobernar en la Generalidad ofendiendo a Puigdemont o asegurarse el apoyo de los 7 escaños de Junts en el Congreso de los Diputados.

Porque en realidad sólo se trata del poder. El poder de Sánchez para mantenerse en La Moncloa. El poder de Puigdemont para gobernar después de su cobarde huída. O el poder de Junqueras para evitar que ERC se hunda definitivamente. La “singularidad” de Cataluña es sólo la añagaza del presidente del Gobierno para conceder la independencia fiscal a la Comunidad. Que, por lo que parece, es lo único seguro. Falta saber si la penúltima cesión al separatismo termina con la investidura de Illa o la repetición electoral. Y eso ahora está en manos de ERC, de un partido que lucha desesperadamente por sobrevivir.