La semana pasada el grupo terrorista Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA) -que de democráticas no tiene nada- perpetró diversos ataques y atentados en las localidades de Masala, Mahihi y Keme, en la provincia de Kivu del Norte. Desde 2017, las FDA son la organización vinculada al Estado Islámico en el país africano, pero ya operaban en la República Democrática del Congo (RDC) desde tiempo atrás. Como señala el Departamento de Estado de los Estados Unidos, desde 2013 vienen perpetrando actos de “violencia a gran escala contra civiles y ataques asimétricos contra las Fuerzas Armadas Congoleñas” y los efectivos de la Misión de Estabilización de la ONU en el país. Los terroristas han ampliado el territorio de sus atentados en las provincias de Kivu del Norte y de Ituri desde 2020.
Las operaciones militares del ejército congoleño han dispersado a los terroristas y han reducido su actividad, pero no han logrado erradicarla por completo. Surgido en Uganda, aproximadamente un tercio de los miembros de las FDA son originarios de ese país, pero también cuentan con terroristas de Burundi, Tanzania, Kenia, Somalia y Ruanda. En los últimos años, las FDA se han beneficiado de la actividad del Movimiento 23 de Marzo (M23), otro grupo terrorista que opera en el Congo con apoyos en el territorio de Ruanda. La necesidad de enfrentarse al M23, que está sancionado por los Estados Unidos y las Naciones Unidas, ha dividido los recursos de las fuerzas armadas congoleñas para enfrentarse a los yihadistas. Las regiones de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur son, en efecto, las más golpeadas por las organizaciones terroristas mencionadas. Maniema, Kasaï, Kasaï Central y Tanganyika sufren la actividad de grupos armados con apoyos en Ruanda y Burundi.
Las actividades de estas organizaciones, especialmente después de la ofensiva del M23 en 2022, han provocado decenas de miles de desplazados y un aumento de las tensiones entre la República Democrática del Congo y aquellos vecinos desde cuyo territorio se apoya a aquellas organizaciones. Por ejemplo, en 2023, un grupo de expertos de Naciones Unidas constató que Ruanda apoyaba al M23 y exigió el cese de esa ayuda. En octubre de 2023, el número de desplazados internos dentro de la RDC ascendía a 6,8 millones de personas según las Naciones Unidas.
En el trasfondo de estas actividades terroristas están los intentos de desestabilizar el Congo, que en realidad no han cesado desde los años de la independencia. La sucesión de un modelo político colonial por uno neocolonial llevó a que los gobiernos salidos de los procesos de independencia y descolonización nunca tuviesen periodos prolongados de paz. En el caso del Congo, la guerra de Katanga (1960-1963) y el asesinato de Patrice Lumumba (1925-1961) sirven como ejemplos de unos intentos de injerencia en los asuntos del Congo que no han cesado hasta la actualidad. En el trasfondo, está la competencia por las riquezas minerales del país. En “Cobalto rojo. El Congo se desangra para que tú te conectes” (Capitán Swing, 2023), Siddharth Kara describe una industria de explotación del ser humano y de la naturaleza cuya cadena de suministro “transforma el salario de un dólar del día de los mineros artesanales del Congo en beneficios trimestrales multimillonarios en la parte superior de la cadena”, es decir, los fabricantes de baterías y las empresas tecnológicas y de vehículos eléctricos. Las regiones en las que hoy actúan las FDA, el M23 y otras organizaciones son ricas en oro, coltán, uranio, diamantes, Wolframio y Turmalina entre otros minerales.
Frente a los intentos de desestabilización e injerencia, el gobierno de la RDC ha incrementado sus esfuerzos en materia de seguridad y de defensa. En primer lugar, se ha intensificado la lucha contra la infiltración extranjera y la corrupción en las fuerzas armadas. Además, se han desplegado tropas a lo largo de las regiones del norte y el este fronterizas con Uganda, Ruanda y Burundi. En el caso de la lucha contra las FDA, se han desplegado operaciones militares coordinadas entre los ejércitos congolés y ugandés en Kivu del Norte e Ituri.
En el último año, la RDC ha celebrado elecciones presidenciales, en las que resultó reelegido Félix Tshisekedi con el 73,47 % de los votos, y acaba de estrenar un gobierno presidido por Judith Suminwa Tuluka, primera mujer designada como primera ministra en la historia del país y que tomó posesión el pasado 11 de junio. Entre los desafíos del nuevo gobierno, además de los relacionados con el precio de los alimentos, estará la actividad terrorista en las regiones del norte y el este de la RDC y, más en general, la política de seguridad nacional.