Pues claro, ¿Qué se esperaban los españoles? Si ERC pide un trato económico especial para Cataluña, el sanchismo lo atenderá genuflexo. Se inventará la “singularidad” catalana y primero paz y después gloria. Bueno, eso suponiendo que no existan acuerdos secretos entre Pedro Sánchez y el prófugo Carlos Puigdemont que alteren la maniobra de ERC. Cataluña vive una endemoniada situación en la que se enzarzan entre ellos los partidos independentistas. El primer objetivo para Junts es que no prospere ERC. Desde hace ya muchos años, el centro derecha catalán se esfuerza por taponar el radicalismo de los republicanos de extrema izquierda Les une la independencia y, gracias a eso, Pedro Sánchez ha conseguido la investidura. Los dos partidos de centro derecha en el País Vasco y Cataluña, el PNV y Junts, votaron en contra del conservador PP y en favor del izquierdista PSOE, permitiendo el triunfo del sanchismo en un inquietante ejercicio equilibrista más cerca del circo que de la política.
Alberto Núñez Feijóo ha deslizado que la posición pública de Pedro Sánchez en relación a Cataluña puede ser un engaño más. Y que si hay acuerdo entre el presidente español y el líder del centro derecha catalán para que éste se convierta en presidente de la Generalidad, todavía pueden ocurrir muchas cosas. ERC también se teme lo mismo y está jugando sus cartas con audacia. Puede ganar la partida. Pero también que al final se imponga Carlos Puigdemont o que haya que jugárselo todo a la carta, siempre incierta, de nuevas elecciones.
Nos esperan días de zozobra general. La solución de la situación catalana puede incidir de forma decisiva en la política nacional. Se comprende la inquietud de Pedro Sánchez. Pero las cosas no han salido como el sanchismo esperaba. Carlos Puigdemont no ha ganado las elecciones autonómicas y Salvador Illa, al margen de los tejemanejes de Pedro Sánchez, quiere ser presidente de la Generalidad y disponer de sus copiosos presupuestos. Vamos a ver a quién da la razón o, mejor dicho, el poder, el tiempo que viene.