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Numantinos

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Fernando Arrabal | Miércoles 19 de junio de 2024

Rabindranath Tagore pensó: «Cuando mi voz calle con la muerte mi corazón te seguirá hablando con su corazón vivo».

Los galos, según Julio César, se suicidaban a la muerte del jefe. Esta costumbre se llamaba «soldure».

Según Tácito, Mesalina «cobardemente» dudó antes de darse la muerte. ¡Ella que tantos crímenes había instigado!

Peor aún, según Tácito, «Mesalina tras haber buscado en las complacencias de sus concubinas y en los besos vergonzosos se cortó la garganta con una navaja de barbero; acabando con ello de mancillar una vida infame con una muerte tardía y deshonrosa».

Germano Marobodous, vencido por los romanos, se refugió en Italia y perdió su vejez, demasiado aferrada a la vida, mucha de su reputación.

Florius desprecia y condena la rendición de Asdrubal: Sin embargo ensalza a su esposa que prefirió la muerte a la humillación de la derrota.

Pero aplaude el suicidio colectivo de los numantinos:

«Gloria a una ciudad tan valiente y en mi opinión tan feliz incluso en sus desgracias; que defendió con lealtad a sus aliados y resistió durante tanto tiempo con sus únicas fuerzas a un pueblo que tenía tras él los recursos del universo».

«El Ingenioso hidalgo - Don Quijote- es: ¿El extravagante hijo de algo?».