Miércoles 06 de febrero de 2008
Existe un tema de vital importancia para España del que nadie puede sentirse ajeno: las relaciones con nuestro entorno exterior, con Iberoamérica, con Europa, los Estados Unidos, África… En definitiva, nuestra actual política exterior. Hay voces que señalan que actualmente ésta es inexistente. Que nuestro país se mira continuamente al ombligo y que no se esfuerza en pensar en grande, en levantar los ojos para mirar de frente al mundo exterior y enriquecerse con él. Los motivos que se argumentan son, entre otros, la cercanía de las elecciones y, por tanto, la necesidad de atender los intereses internos y "solucionarlos" a toda costa sin detenerse a mirar el horizonte.
Lamentablemente, las elecciones no justifican la ceguera de nuestros políticos en materia exterior. Llevamos bastante más de cuatro años sin directrices concretas, sin objetivos claros, sin aspiraciones, perdiendo sistemáticamente posiciones en algunas zonas donde nuestro país había conseguido situarse de forma digna, encontrando un puesto donde le correspondía. Así sucedió en épocas de Adolfo Suárez, en nuestra integración a la Unión Europea con Felipe González y en momentos prudentes de la política de Aznar.
Afortunadamente, todavía tenemos a alguien que sigue luchando generosamente por impulsar la inmensa laguna en materia exterior; la figura del Monarca, que apoya la política exterior de forma constante y decisiva. Ahora nos llegan como el sonido de la caracola aplicada a nuestro oído, lejanos murmullos desde la esquina del Mediterráneo, donde el Nilo vierte sus aguas, no especialmente transparentes pero sí cargadas de larga historia, sabiduría y romanticismo. Y como consecuencia de la visita del Rey a Egipto, se ha firmado un acuerdo de cooperación entre ese país y el nuestro, que, además de abrir nuevas vías de cooperación en materias como la lucha antiterrorista o el narcotráfico, podrá representar un apoyo para nuestras empresas. De todas formas, esto no puede llevarnos a engaño. Bueno es que Don Juan Carlos I se haya acreditado como el mejor embajador de España. El problema es que, mientras no exista una política exterior solvente que le respalde -como precisamente hoy denuncia un artículo que aparece en la prensa belga-, también será nuestro único embajador. Y eso es grave.
ELECCIONES MADE IN USA
(VISTAS DESDE AQUÍ)
Tras el "super-martes" en Estados Unidos no parece que vaya a haber nada definitivo. Por el lado republicano, el pulso es entre John McCain y Mitt Romney. Es el primero de ellos quien lleva la delantera, toda vez que el gobernador de la valiosa California, Arnold Schwarzenegger, ha anunciado su apoyo al mismo. Entre las filas demócratas, sorpresas de última hora aparte, la situación se presenta muy igualada. De hecho, tal y como están las cosas en este momento, todo parece indicar que tanto Hillary Clinton como Barack Obama van a obtener un número parejo de compromisarios. La señora Clinton, por cierto, está haciendo un esfuerzo titánico por desviar la atención de la sombra de su marido, más alargada de lo previsto en esta fase de la campaña. En lo que respecta a Obama, no ha dudado en pagar 3 millones de dólares por un anuncio en la "Super Bowl". Da vértigo pensar en cifras; entre ambos se han gastado ya la friolera de 19 millones de dólares en lo que va de campaña. Y lo que queda.
Por cierto, ¿Se imaginan una cuña de ZP en mitad de un Real Madrid-Barça? Tiempo al tiempo. No obstante, las diferencias con el viejo continente son abismales electoralmente hablando. Aquí, sin ir más lejos, surge de nuevo ese viejo debate sobre las bondades de un bipartidismo fuerte, en detrimento de parlamentos que tiendan a la atomización. Ahí tenemos el ejemplo de Italia, país con una clase política en permanente cuadro de estrés. Aquí, la preponderancia de dos partidos fuertes no interesa a muchos, empezando, como es natural, por los propios partidos nacionalistas (aunque el PSOE parece sentirse cómodo con su alianza estratégica con los nacionalistas). Éstos soñaron, pero nunca antes esperaron, semejante cuota de poder. Aquí hemos llegado al punto en que nuestros destinos penden del capricho -e intereses- de los señores de Esquerra, socios del Gobierno. Y, cabría preguntarse, ¿alguien concebiría en Estados Unidos que cualquiera de las dos formaciones se apoyase en, por ejemplo, un partido secesionista de Texas, que a su vez aborreciese América?
CARNAVAL, CARNAVAL
Estamos en plenos carnavales. El mundo entero se llena de color y alegría. Desde Río de Janeiro hasta Venecia, pasando por Cádiz o Tenerife, las comparsas, carrozas y fantasías festivas se adueñan de las calles, tiñéndolas de un aura mágica y pagana, en la que, por unas horas, todo vale. La misma palabra carnaval hace alusión a la carne, refiriéndose a esa época "carnal" que precedía a la piadosa cuaresma. Y es que a veces hace falta un poco de desfreno, una vía de escape en la que soliviantar nuestras tensiones. Y qué mejor para ello que la época de carnaval, cuando se nos permite disfrazarnos, escondernos tras un alter ego que al que responsabilizar de nuestras pequeñas locuras, esas tan necesarias en ocasiones y que habitualmente solemos censurar. Las máscaras y disfraces siempre han estado rodeadas de misterio y secretos, pero es innegable que pueden acabar siendo una puerta abierta a nuestro yo más profundo. Pero más allá de reflexiones filosóficas, lo cierto es que el color y el carácter lúdico de estas fiestas las convierte en un oasis entre tanta desgracia y confrontación política.
Así pues, riámonos con el ingenio de las chirigotas gaditanas, disfrutemos con el ritmo de las carrozas del sambódromo, admiremos la elegancia veneciana, o, mejor aún, dejémonos arrastrar por la fiesta y participemos de ella, aprovechando que hoy es el día grande. La cuaresma política ya vendrá mañana.
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