Opinión

Urgencia o necesidad de reconstruir el centro político

TRIBUNA

Fernando Maura | Domingo 23 de junio de 2024

Existe cierta nostalgia en España respecto de la idea del consenso;. Se reclama en ocasiones un regreso a las políticas que siguieron a la suma de debilidades del régimen franquista, por un lado, y de la oposición democrática, por el otro, que darían como resultado la transición, y que tomaron cuerpo en la Constitución de 1978.

Esa nostalgia aparece también en alguna medida cuando contemplamos, aunque sea como un episodio ajeno, nuestra realidad, el gobierno de las instituciones europeas, protagonizado por los dos grandes partidos -el Popular y el Socialdemócrata- a los que se unen los liberales. Una situación que ha pasado de puntillas por el debate polarizado que estamos viviendo; eso, en el caso de que seamos tan generosos como para adjudicar la calificación de debate a lo que no ha sido sino un espantajo de falacias y alharacas que ni siquiera guardan relación con los problemas del país, ¿qué decir de los europeos?

No deja de resultar cierto que también en este marco -el del gobierno de las instituciones europeas- se está empezando a cuestionar el paradigma del consenso, evocando la eventualidad de un sesgo ideológico hacia el centro-derecha, como parece desprenderse de la invitación de Von Der Leyen a Meloni para integrarse en el bloque de gobierno de la UE, lo cual seguramente crearía algún problema en las filas socialistas y aún en las liberales.

Sin embargo, y volviendo al caso nacional, el espacio del centro liberal ha sido y sigue siendo un terreno en permanente disputa en España. Desde los tiempos ya lejanos de la Unión de Centro Democrático que -a decir del expresidente del Congreso, Landelino Lavilla- era, más que un partido, un andamio político que utilizar para construir un edificio -la democracia-, un artilugio que se retiraba toda vez conseguida ésta; hasta las recientes experiencias de UPyD y Ciudadanos, pasando por el CDS o la operación reformista de Antonio Garrigues y Miquel Roca; la historia de la democracia española está plagada de fracasos en cuanto a la creación y/o subsistencia de un proyecto de partido que represente a este espacio.

La primera pregunta a responder es si existe en puridad un espacio propio electoral de centro liberal. Según las encuestas, del orden del 30% del electorado se declara de "centro"; y en las elecciones de abril de 2019, Ciudadanos obtuvo más de 4.150.000 votos y un total de 57 diputados.

El hecho de la auto-asignación centrista o el haber sido votante de un partido de centro no exige necesariamente la presencia de una formación política de este signo, aunque sí pone en evidencia que ese espacio existe. Y en la medida en que parece cierto el dicho de que las elecciones se ganan en el centro, se trata de un ámbito que es objeto de pugna electoral por los grandes partidos.

Es cierto, sin embargo, que la polarización política relativiza la afirmación anterior, pero también lo es, por ejemplo, que los resultados del PP en las recientes elecciones catalanas y europeas no se entenderían sin constatar que una parte significativa del voto de Ciudadanos ha emigrado a las siglas populares. También que el estrechamiento del voto socialista se debe en buena medida a su radicalización.

Yo más bien creo que han sido los errores de los dirigentes de los partidos de centro los que le han conducido a su fracaso. Aunque también su auge se ha construido sobre los errores ajenos, notablemente del PP.

La pregunta se refiere a si resulta o no conveniente -y hasta necesario- un partido de centro liberal en España.

La primera constatación a realizar en este sentido es que el juego de las mayorías parlamentarias en España es bastante complejo. Excluidas las escasas situaciones de mayoría absoluta electoral, una buena parte de los gobiernos nacionales han exigido de apoyo externo, generalmente nacionalista. Caso paradigmático en este sentido lo constituye el actual gobierno presidido por Pedro Sánchez.

El resultado de esta situación ha venido determinado por las constantes cesiones a los territorios autónomos gobernados por partidos nacionalistas que, si no fuera por su apoyo parlamentario, no se habrían producido. Es también significativo el supuesto de la Ley de Amnistía, en este mismo sentido.

Un partido de centro liberal -partido bisagra o "King maker"- con voluntad de contribuir a generar mayorías estables podría evitar este escenario permanente de lo que está siendo un mercadeo de votos a cambio de cesiones muy poco recomendables en términos políticos y democráticos.

Aún más. El solo hecho de que el sistema de creación de mayorías parlamentarias en España se deba al concurso de los partidos nacionalistas conduce, en mi opinión, a unas políticas equivocadas. España es un país necesitado de reformas, que no son desde luego casi nunca las reclamadas por los nacionalistas. Nuestro sistema de pensiones, por ejemplo; el agua, un problema agravado por la sequía y el cambio climático; el modelo productivo... pero también la ley electoral, el poder judicial...

Un partido de centro liberal podría, además de equilibrar esta situación tendente a la inestabilidad, profundizar en el sentido de las reformas que precisa nuestro país. Por supuesto que eso también podría conseguirse a través del recurso a las grandes coaliciones -concertadas, por ejemplo, en Alemania-, pero el grado de polarización política que vivimos en España no parece presagiar este tipo de gobiernos.

Serán en todo caso los electores quienes con sus votos podrán situar a un partido de centro en la posibilidad de convertirse en un partido que articule mayorías. Hará falta generar liderazgos y apoyos, y ganarse el respeto de otros y afianzarse en ese espacio.

Tengo mis dudas de que haya llegado aún ese momento, cuando la ciudadanía se encuentra dividida y los principales partidos se benefician electoralmente de esa división. Por otro lado, una importante parte de ese electorado que se siente de centro está convencida de que ahora es necesario desalojar -por procedimientos democráticos- a Sánchez del poder. Sólo el tiempo dirá qué votar después de pasar esa página.