Opinión

La captatio benevolentiae de Sánchez

TRIBUNA

Javier de la Vega | Martes 25 de junio de 2024

Reconozco que me produce un cierto reparo el mero propósito de poner en un mismo texto a nuestro inusual presidente del Gobierno con otros personajes históricos de la política, de la oratoria o de la literatura. No caeré desde luego en las exageraciones que últimamente veo hacer a otros cuando lo equiparan con personajes de la talla de Maquiavelo, aunque sólo sea para referirse a su falta de escrúpulos. Las comparaciones, siempre odiosas, a veces son más que eso y causan el efecto contrario de ensalzar a quien ya de por sí poca talla tiene.

Pero, sin embargo, la reciente costumbre de Pedro Sánchez de dirigirse a los ciudadanos con sus cartas sensibleras, que adereza a la vez con azotes a sus detractores, hace inevitable que busquemos en otros tiempos el origen de este recurso fácil, y ya adelanto que pícaro, de estimular la fibra sensible del destinatario, arrastrarlo a su propio problema y buscar así la complicidad y comprensión del lector, escuchante, o me temo, que también tuitero.

Los grandes padres de la retórica romana, con Cicerón a la cabeza en su De oratore, ya aconsejaban al orador que procurase captar el modo de pensar y la sensibilidad de aquellos ante los que actuaba o se dirigía. La captatio benevolentiae, que se prodigó en los últimos tiempos de la República romana, fue un recurso retórico destinado a pescar voluntades, a involucrar al público en el mismo estado anímico del orador para así, incitando a las emociones, ganar una suerte de compasión y admiración (admiratio) del público o de la curia, que también tuvo su uso extendido en los foros jurídicos de Roma.

No me acuse ya a estas alturas el lector de caer precisamente en lo que dije que no debíamos: la magnificación del personaje, tramposo e improvisador, porque la captatio benevolentiae fue utilizada siglos después en la novela picaresca española, terreno donde quizá, ahí sí, no tengo reparos en situar a nuestro presidente.

Los historiadores de Literatura sitúan una clara manifestación de este recurso retórico en el Lazarillo de Tormes o en Los infortunios de Alonso Ramírez, donde las desdichadas aventuras de los personajes aspiran a obtener la comprensión y empatía del lector. Y con más identidad con el pícaro, lo encontramos también en el prólogo de La vida del Buscón, del gran Quevedo, que, caprichos de la historia y del destino, parecen escritos esta misma semana:

“Aquí hallarás en todo género de picardía –de que pienso que los más gustan– sutilezas, engaños, invenciones y modos, nacidos del ocio, para vivir a la droga, y no poco fruto podrás sacar de él si tienes atención al escarmiento”.

“Dale aplauso, que bien lo merece; y cuando te rías de sus chistes, alaba el ingenio de quien sabe conocer que tiene más deleite saber vidas de pícaros, descritas con gallardía, que otras invenciones de mayor ponderación”.

Y finalmente concluye, “Dios te guarde del mal libro, de alguaciles y de mujer rubia, pedigüeña y carirredonda”. Vaya por Dios.

Como el panorama patrio se me antoja tan esperpéntico, me ha sido inevitable encontrar en las cartas de Pedro Sánchez un verdadero compendio de intentos por captar la alabanza (su declarado amor por su mujer), la atención del público (la puesta en escena con pretendida solemnidad y expectación durante los famosos cinco días de reflexión) y finalmente la clemencia o benevolencia del sufrido pueblo que a pesar de todo lo que él le hace pasar quiere que empatice con tan grandes y nobles motivos. Busca, desde una evidente vanidad que no esconde, la empatía en el pretendido sufrimiento, la conmiseración por las injusticias que él, y sólo él más que nadie, padece por todos nosotros.

Finalmente, por si cupiese alguna duda, el recurso a la captatio benevolentiae poco ha perdurado en nuestros días más allá de la buena oratoria de algunos juristas en sus informes en las salas de Justicia, pero se mantiene vivo y en buena salud en su faceta pícara, por cuanto ánimo de burla, truco y engaño se refiere y esconde.

Nada nuevo bajo el sol, una vez más.