Opinión

¿Qué trae Javier Milei?

TRIBUNA

José María Méndez | Jueves 27 de junio de 2024

Con este título acaba de publicar Agapito Maestre un breve pero denso libro (Ediciones Clásicas, Madrid 2024) sobre el entre nosotros tan actual Presidente de Argentina. Se ha atrevido a calificar de corrupta a la esposa de nuestro ínclito Presidente Sánchez, el cual se lo ha tomado como si fuera una ofensa a España entera. Aparte de los motivos de sospecha que van apareciendo cada día.

Tanto Milei como Sánchez parecen bastante iguales en cuanto a nada diplomáticas maneras. Lo mismo que son semejantes en su enorme capacidad para llamar la atención de los medios de comunicación y atraer la atención de la gente.

Pero en cuanto a su nivel intelectual son radicalmente distintos. Milei es un economista competente y profesional, que ha estudiado a conciencia cinco fundamentales economistas: Adam Smith, von Mises, Hayek, Friedman y Schumpeter. Ha publicado el libro Desenmascarando la mentira keynesiana (Unión Editorial, Madrid 2021), además de sus numerosos videos antes y después del acceso a la Presidencia de su país. Bien al contrario, Sánchez no pasa de mafioso estudiante, que ha plagiado su tesis doctoral de modo tan patente como descarado, y sin que la Universidad que concedió ese contaminado grado académico lo haya invalidado aún.

O para decirlo con las palabras más contundentes de Maestre: Mientras que Milei hace de la verdad el eje de su política, el Presidente del Gobierno de España eleva la mentira, el engaño y el enjuague, entre bandas de partidos políticos, a ejes centrales de su desgobierno” (Pag. 11).

Maestre dedica la mayor parte de su libro a exponer, en detalle y con numerosas referencias, en qué medida Milei ha estudiado y asimilado la doctrina de los cinco grandes economistas antes citados.

Adam Smith puso de relieve la conexión entre economía y ética. No sólo fue el autor que publicó el primer tratado sistemático de la ciencia económica -”La Riqueza de las Naciones”- sino también un penetrante filósofo moral -”Teoría de los sentimientos morales”-. Cito a Maestre: Tuvo la honestidad y el coraje moral de enfrentarse a la hipócrita tesis de prescribir un falso altruismo en las relaciones de mercado. Por el contrario, mostró el extraordinario valor del egoísmo individual en esas relaciones para la creación de riqueza (Pag. 21). En efecto, la prosperidad para todos viene precisamente de que cada cual trate de comprar lo más barato posible y vender lo más caro posible. Otra cosa es que el reparto del pastel no sea automáticamente justo. Pero lo que está claro es que el liberalismo económico asegura que el pastel sea lo más grande posible.

Por desgracia, Argentina, que era envidiada como uno de los países más ricos del mundo, ha caído en la miseria, bajo el dominio de una casta política que la ha esquilmado durante más de medio siglo imponiendo un socialismo empobrecedor. Milei trata ahora de liberarla de tan pesado yugo. Recordemos el famoso corralito. No se podía sacar el dinero que alguien tuviera depositado en su cuenta bancaria. Con toda razón Milei ha calificado el socialismo como el peor cáncer de la humanidad. No podemos menos de desearle el mayor éxito en esa ingente y hercúlea tarea. O como dice Maestre Si Milei consiguiera parar ese deterioro hacia la catástrofe de Argentina, creo que estaríamos autorizados para decir que el economista Milei habría convertido la economía, ciencia lúgubre por excelencia, en un saber alegre para una gran nación (Pag. 25).

Ludwig von Mises y Frederick Hayek son las dos máximas figuras de la llamada Segunda Escuela Austriaca. Ambos tuvieron que huir de Austria ante la persecución nazi y desarrollaron sus carreras académicas en el ámbito anglosajón. Publicaron sus obras en inglés. Según eso, no tienen nada de austriacos, salvo el nacimiento. Con todo, lo decisivo para designarles como escuela austriaca es que continuaron la tradición liberal y el rigor científico de la Primera Escuela Austriaca formada por Wieser, Menger y Böhm-Bawerk.

En todo caso, Mises y Hayek son los dos autores que más profundamente han inspirado el perfil intelectual de Milei. El título del conocido libro de Hayek Camino de servidumbre resume bien la esencia del socialismo. En el contexto argentino quizá fuera más apropiado decir Camino del corralito.

El régimen económico instaurado en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial pudiera sintetizarse como renunciamos a Marx, pero no a Keynes. No se trata sólo de los socialistas que se rebautizaron como social-demócratas. Lo mismo ha ocurrido con los políticos de derechas. Aproximadamente la mitad del PIB en los países de Occidente está controlado por los Gobiernos, da igual si de derechas o de izquierdas. Apenas si hubo una etapa genuinamente liberal en la época de Reagan, Kohl y Thatcher. Fue una feliz casualidad que coincidieran en el tiempo los mandatos de estos tres egregios liberales de verdad. Y en España tuvimos la suerte de Aznar. Pero la mayor parte de la historia económica de Occidente desde 1945 ha sido en substancia keynesianismo puro y duro. En España lo hemos visto bien claro. Todo ha seguido fundamentalmente igual, tanto si gobernaba el PSOE de Zapatero como el PP de Rajoy.

La famosa crisis de 1929 terminó gracias a la Segunda Guerra Mundial, que dio empleo a todos los americanos capaces de trabajar. Pero Keynes tuvo la enorme habilidad de convencer a la opinión pública de que el éxito fue debido a sus milagrosas recetas. Como bien dice Juan Ramón Rallo, la finalidad de la economía es crear riqueza, no empleo. (“Crónicas de la Gran Recesión II”. Unión Editorial Madrid, pag. 184). Keynes propuso la pintoresca solución de cavar zanjas y volverlas a rellenar. Eso sin duda crearía empleo, pero no riqueza. Según ese criterio, Al Capone sería un benefactor de la sociedad, pues creó muchísimos puestos de trabajo para sus gansters. El empleo sano, por así decir, es la consecuencia obvia de la creación simultánea de riqueza. En cambio, confundir la prosperidad económica con cualquiera de las múltiples variantes de empleo insano es la mentira keynesiana que tanto denuncia Milei.

Otro autor que Maestre cita como inspirador de Milei es Joseph Schumpeter. Tambíén nació en Austria y recaló en una prestigiosa universidad americana. Pero no se le considera miembro de la Segunda Escuela Austriaca. Su tema preferido era la innovación en manos de los empresarios; lo que él llamaba destrucción creatriz.

Como dice el propio Milei, Este proceso de destrucción creadora fue, acorde a Schumpeter, la fuente de desarrollo económico, que incrementó los niveles de vida observados en los inicios del siglo XX. (“Desenmascarando la mentira keynesiana”, Pag. 153).

El mayor proceso de innovación -a la vez destructora de lo viejo y creadora de lo nuevo- que conoce la Historia Universal es probablemente el que estamos viviendo nosotros con los ordenadores y la revolución que han supuesto en todos los órdenes de la vida. A Schumpeter le hubiera gustado verlo. En el año 2008, cuando quebró Lehman Brothers, muchos pensaron que se venía encima otro desastre mundial como el de 1929. No ha sido así, quizá porque en efecto tenía Schumpeter tenía razón.

Sin embargo el economista que más puede ayudar a Milei en su gigantesca tarea de resucitar la prosperidad de los argentinos es el monetarista Milton Friedman, como bien hace notar Maestre. Milei no tiene duda alguna sobre quien es el economista más importante de nuestro tiempo, porque sus enormes contribuciones “no sólo hacen que hoy todo el mundo disfrute de menores tasas de inflación, sino que una mejor comprensión de la Gran Contracción de 1929-1933 evitaría que la humanidad tuviera que volver a padecer una situación de dolor extremo” (Pag. 91 del libro de Maestre y 117 del de Milei). Pero, como antes dije, el mérito de que no se haya reproducido en 2008 el desastre de 1929 hay que atribuirlo a la innovación de los ordenadores, y no desde luego a que los gobiernos, da igual si de derechas o de izquierdas, hayan hecho caso alguno a Friedman.

Otra cosa es que Milei tenga que jugarse el tipo para poner en práctica las doctrinas monetarias de la Escuela de Chicago. Sin duda necesitará el decidido apoyo de los grades bancos y los poderosos fondos mundiales de inversión. Sólo cabe desear que así sea.

Aprovecharé esta ocasión para brindar al valiente Milei una atrevida propuesta: terminar con el peso argentino y entrar de lleno en la zona euro. Ya hay precedentes más o menos parecidos en El Salvador y Panamá. Milei tendrá que enfrentarse antes o después con los cinco requisitos económicos y financieros, que, en su momento y por parte de España, superaron con gran éxito nuestro Presidente Aznar y su Ministro Rato. Es de suponer que los sufridos ciudadanos argentinos se ilusionarían con una meta que les incitase a pechar con los sacrificios necesarios para alcanzarla. Por otra parte, es seguro que el Banco Central Europeo jamás permitiría un corralito en euros. Y sería mucho más de fiar para los argentinos que la Reserva Federal Americana