Izabela Barlinska | Viernes 14 de noviembre de 2008
El Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, pronunció su primer discurso a la Duma el día de las elecciones en los Estados Unidos, y lo que dijo sobre la política interior y lo exterior hay que interpretar en clave de las relaciones entre ambos países y de la situación interna.
En los asuntos internos, el acontecimiento más importante, la ampliación del mandato presidencial a seis años, se interpreta como un paso hacia el retorno a la presidencia de Vladimir Putin, el actual primer ministro.
La parte del discurso dedicada a los asuntos internacionales se ha mantenido en un tono asertivo y de confrontación con los Estados Unidos, a quienes se culpa de todos los problemas recientes, incluyendo la crisis financiera. Medvédev presentó el conflicto en Georgia como una prueba de que Rusia sabe defender sus intereses y como una muestra del cambio de la situación geopolítica en el mundo. El Presidente ruso criticó el proyecto americano de instalar los escudos antimisiles en Europa y la ampliación de la OTAN. Advirtió que Rusia instalará los misiles de corto alcance, Skander, para reforzar su posición militar en Kaliningrado.
Al mismo tiempo, Medvédev reitero la disposición de Rusia de cooperar con los países que respetan los intereses rusos. Mencionó también la necesidad de construir un nuevo orden político y económico internacional, subrayando las aspiraciones de Moscu a convertirse en el nuevo centro financiero global.
Tanto el contenido como el tono del discurso confirman que se trata de una continuación de la política diseñada por Putin. La dura retorica del discurso sugiere, que Rusia se propone dialogar con Washington desde una posición de poder y que espera concesiones políticas de los EEUU. He quedado claro que la crisis financiera no ha provocado ninguna disminución de las ambiciones globales de Rusia. Todo lo contrario: Rusia se siente poderosa y no esta dispuesta hacer concesiones.
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