Opinión

Puente la reina, cruce de caminos

Isabel Sagüés | Viernes 14 de noviembre de 2008
La Alta Edad Medía fue un tiempo de lucha contra el Islam, de revitalización y expansión del cristianismo, de transformaciones y de cambios. Una época de recogimiento, fe y peregrinaciones: Roma, Jerusalén y Santiago. La noticia del descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en 813 recorrió Europa y supuso un vuelco en la historia espiritual y cultural del Continente. A partir del siglo X, y sobre todo en el XII, Compostela se convirtió en el talismán que alimentó la que durante siglos ha sido, sin duda, la mayor ruta de peregrinación cristiana.

Procedentes de todos los rincones de Europa llegaron comerciantes, guerreros, reyes, príncipes, artesanos, clérigos. Y con ellos, los nuevos movimientos artísticos -románico y gótico-, la música, las órdenes monásticas y los nuevos modelos urbanos. Para los peregrinos se arreglaron las calzadas romanas, se construyen hospitales, puentes, caminos, y se dieron leyes para su protección. El Camino significó comunicación y desarrollo. Constituyó la espina dorsal del comercio. También supuso un proceso de urbanización con la construcción de nuevas ciudades.

Aunque los itinerarios por los que los fieles llegaban a Santiago eran muy numerosos, uno de los recorridos llegó a convertirse en el Camino por antonomasia. Se trata del llamado Camino Francés, ya que en Francia confluían todas las rutas de peregrinación que surcaban el continente europeo. En territorio galo su unían a alguna de las cuatro vías principales: Turonense, Lemovicense, Podense y Tolosana. Esta última, la más meridional, recorría el sur del país vecino, cruzaba los Pirineos por el valle de Aspe y entraba a España por Somport, en Huesca. Las otras se convertían en una sola en Saint Jean Pied de Port donde se iniciaba la subida al puerto que va hasta Roncesvalles. Las dos rutas transitaban por separado hasta que convergían en Puente la Reina.

Las dos se unificaban antes de cruzar el río Arga, un curso de agua corto que nace en el Pirineo navarro y desemboca 140 kilómetros al sur, en el río Aragón. Un río poco caudaloso en el estío pero bravo y peligroso cuando llega el deshielo primaveral y siempre susceptible de sufrir avenidas. Dice la leyenda que hacia la mitad del siglo XI, la reina Doña Mayor, esposa de Sancho III el Mayor, mandó edificar un puente para salvar el Arga.

Mil años después el resultado es todavía visible: un hermoso puente, uno de los ejemplares más representativos y señoriales del románico. Con una longitud de 110 metros y una calzada de 4 metros de anchura, descansa sobre seis arcos de medio punto y cinco pilares que le confieren elegancia y equilibrio. Hoy sigue en pie para uso y disfrute de peregrinos y turistas, para solaz de los amantes de las piedras viejas.

Si el puente es obra de una reina, a un rey correspondió la iniciativa de crear un burgo a la vera del Camino, en la margen izquierda del Arga y al lado del puente del que tomó el nombre. De acuerdo con la política de repoblación que los reyes cristianos llevaron a cabo en la Edad Media, Alfonso el Batallador favoreció la creación de una población de francos otorgándole el Fuero de Estella en 1122. En poco tiempo Puente se convirtió en hito fundamental de la ruta jacobea.

Puente la Reina está situada a 24 kilómetros de Pamplona y se enclava en Valdizarbe, genuina comarca de la Navarra media. Una zona de orografía abrupta y paisaje ondulado, en la que alterna el monte bajo con las tierras de labor, los quejigos y carrascos con los cultivos de cereal, huerta, olivo y, sobre todo, con la vid, de antigua raigambre en la zona. Puente la Reina ha perdido el cosmopolitismo que tuvo en otras épocas pero sigue contando con un importante patrimonio artístico e histórico. Es un ejemplo de villa medieval fortificada y su diseño urbano se basa en la planta ortogonal ya que los francos importaron el antiguo urbanismo romano de estructura ortogonal o hipodámica que la vecina Aquitania ensayó en las bastidas.

El casco antiguo se estructuró en torno a tres calles paralelas, y una plaza. La calle Mayor coincidía y coincide con el Camino de Santiago. Es el eje central que atraviesa la localidad en sentido este-oeste hasta el puente y la articula. En un paseo por sus calles se descubren magníficos edificios, valiosos monumentos, rincones recoletos. Esta acogedora villa está llena de hermosos ejemplares de arquitectura popular autóctona, palacios y señoriales casas blasonadas. Las peregrinaciones dejaron huella en sus iglesias y conventos: la Iglesia del Crucifijo fundada por los templarios en el siglo XII y ampliada en el siglo XIV, la maravillosa Iglesia de Santiago, también de finales del siglo XII, con dos portadas románicas e imagen gótica de Santiago, la Iglesia renacentista de San Pedro, el convento de los Trinitarios, construido en el siglo XIII y remodelado en el siglo XVIII y el Convento de las Comendadoras. En la Plaza principal está el ayuntamiento del siglo XVIII. Pero de entre todos los monumentos sigue sobresaliendo el puente románico, donde todos los caminos confluyen.

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