Cultura

El Teatro Real culmina su fantástica temporada con el estreno de Madama Butterfly

(Foto: EFE/Teatro Real/Javier del Real).

CRÍTICA DE ÓPERA

Isabel Cantos | Martes 02 de julio de 2024

En un ambiente prevacacional el Teatro Real puso el pasado domingo el broche final a la temporada 2023-2024 con Madame Butterfly de Giacomo Puccini, bajo la dirección musical Nicola Luisotti y escénica de Damiano Michieletto. El público del Real acogió muy bien esta producción, en la que no obstante hay luces y sombras (con aciertos y otras propuestas que no lo son tanto), pues en la misma se aunaron la exquisita dirección de Luisotti, la atractiva pero inconsistente escena de Michieletto y el Coro -casi ausente- del Teatro Real.

En efecto, fue una velada de luces y sombras. Relució, como el sol, la orquesta al frente del exquisito -y conocido como hiperexigente- director de orquesta italiano, con una excepción: No sabemos si tuvo alguna razón particular para eliminar casi por completo el coro del final del segundo acto conocido como “coro di bocca chuisa”, quizás el más inconfundible hit de la ópera, algo a nivel coral comprable al coro de los esclavos de Nabucco, pero, claro, sin letra. Una pieza maestra y sin la cual, Butterfly no puede Butterfly.

Examinanda someramente la opción del genial Luisotti -que sólo se apartó de dicha condición en la solución para el coro-, el espectador llega, al final del segundo acto, en un estado anímico suficientemente preparado por los motivos musicales previos para recibir la celebérrima composición para “boca cerrada”; pero se encuentra con un interno, apenas audible (este diario ha sabido que se ejecutó desde las “jaulas” del quinto piso del teatro, donde habitualmente pueden seguir la representación los espectadores que llegan tarde), con el apoyo sutil -y de vital necesidad- de los instrumentos del foso. Esto no se sostiene. El reducidísimo coro que cantó el “bocca chiusa” era mucho más inaudible que un pequeñísimo arroyuelo medio reseco en la estación que acaba de comenzar; o más, si cabe. A la mayoría del público le encantó ¡cómo no! Se trata de una pieza maestra, aunque sólo esté marcada por los instrumentos.

Pero el coro -uno de los baluartes de la entidad- tampoco sobresalió en ningún momento de la representación. La partitura para coro de Madame Butterfly es conocida por su exquisita belleza, y es inconcebible que se relegara de la manera en que se hizo, al menos en el estreno del domingo. Ya no hablamos sólo de la excelsa pieza para bocca chiusa. En el acto primero el coro casi brillaba por su ausencia en frases tan importantes como “Egli è bel, mi pare un rè”, apenas audibles, pero, sobre todo, en las contestaciones a la protagonista: “Verità?” —pregunta Cio-Cio-San en el escenario, sin poder mirar a sus parientes del coro que están a su espalda a una distancia de unos tres pisos—. “Verità”, responden las “muñecas chinas” desde su construida atalaya metálica, sin apenas poder mirar abajo porque no alcanzan ver a la protagonista. Incluso la reprobación de las amigas y parientes a Cio-Cio-San por cambiarse de religión apenas tiene presencia en sus últimas repeticiones, aunque se sabe que es un interno.

Lo anterior es lo único criticable a la solución de Luisotti. ¿Las razones? Se desconocen. ¿Falta de personal en el coro, quizás, por ser 30 de junio? Imposible afirmarlo. Dejamos el tema aquí. Sin embargo, esto no fue lo único que falló en la solución de Michieletto—corresponsable con el anterior en este punto—, responsable de la escena.

“Muñecas chinas…”.Aquí está otra de las desviaciones de la producción respecto de la idea de Puccini (es verdad que la escena es de 2009), como, parece ser, reconocieron los mismos responsables en la rueda de prensa previa. Se nos muestra una sociedad donde la prostitución se ofrece en cartelería de gran tamaño; algo inconcebible en la sociedad de Japón.

Lo anterior se comenta con todos los respetos que merece un director de escena de la talla de Damiano Michieletto, cuya forma de trabajar pudo apreciar el público del Teatro Real con su L’elisir d’amore, divertidamente recreado en la playa entre chiringuitos y mojitos. La escena de Madame Butterfly por Michieletto es más acabada y completa -el movimiento escénico es constante y entretenido-, pero cae en evidentes contradicciones de contextualización (en el sentido apuntado), comunicación e iluminación escénica. Un claro acierto es el episodio del hijo de la protagonista jugando con otros niños (estos lo maltratan por ser diferente); se agradece que se hayan explorado sentimientos que pueden estar latentes en la obra; dicho lo cual, pasamos a comentar el elenco.

Saioa Hernández es una de las cantantes de su tipo de voz más demandadas de la actualidad en los teatros europeos (Wiener Staatsoper, Teatro alla Scala, Berliner Staataoper, Ópera de París…). Hay que celebrar que la entidad haya contado con una española para el primer cast de la producción de este título pucciniano tan importante. Desde este diario se quiere lanzar una desiderata: que las buenas voces de nuestro país —cantera tradicional de tan excelentes cantantes— sigan siendo tenidas en cuenta en los primeros papeles de las producciones en el coliseo madrileño. Hay otros tres elencos de Cio-Cio-San: la soprano mejicana Ailyn Pérez, la armenia Lianna Haroutounian y la polaca Aleksandra Kurzak.

La mezzo italiana Silvia Beltrami estuvo convincente como Suzuki. El elenco restante para este rol está compuesto por la georgiana Nino Surguladze y la gerundense Gemma Comma-Alabert.

Un no muy convincente Pinkerton fue el estadounidense Matthew Polenzani. Ganador del Premio Richard Tucker 2004 y del Opera News Award 2017, su ejecución vocal, sin embargo, fue correcta. El resto del elenco lo componen el estadounidense Charles Castronovo, el también estadounidense Michael Fabiano y el italo americano Leonardo Capalbo.

En cambio, un convincente Sharpless fue el estadounidense Lucas Meachem (en los otros elencos está prevista la actuación del madrileño Gerardo Bullón y del gallego Luis Cansino).

Bordó el elenco el encargado de dar vida al personaje de Goro, Mikeldi Atxalandabaso. También interpretarán este papel el granadino Moisés Marín y el mallorquín Tomeu Bibiloni.

Toni Marsol fue un estupendo Principe Yamadori y también estuvo estupendo Fernando Radó como Tío Bonzo (en un segundo elenco este personaje lo encarnará el bajo georgiano George Andguladze).

La mezzosoprano hispanobritánica Marta Fontanals-Simmonsdio vida a Kate, la esposa americana de Pinkerton.

Madama Butterfly se representará hasta el 22 de julio en el Teatro Real.

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