Editorial

Le Pen arrolla a Macron: o el canto del cisne del centro

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Lunes 01 de julio de 2024
La extrema izquierda y la extrema derecha crecen en todo el mundo por el fracaso de los partidos tradicionales, por el complejo de los socialdemócratas y los liberales a la hora de afrontar los temas más espinosos, como por ejemplo, las políticas fiscales y de inmigración. Por eso, Le Pen ha arrollado en las elecciones francesas y, por eso, Macron se ha desplomado. Porque el centro siempre ha sido un invento de los conservadores camuflados tras las políticas “progresistas”, un mejunje ideológico abocado a su desaparición. En España hemos sufrido la muerte súbita de Ciudadanos por intentar parecerse al PSOE y marcar distancias con los conservadores, que siempre fueron sus votantes. Inés Arrimadas arrolló en las elecciones autonómicas catalanas por enfrentarse a cara de perro con los socialistas y los separatistas. No por ser “de centro”.

Macron es ahora el mejor ejemplo del canto del cisne del centrismo. No se ha atrevido a enfrentarse a la irrupción de la inmigración ilegal y, en cambio, ha tomado decisiones “progresistas” con las políticas fiscales. Y para eso, ya está la extrema izquierda.

La inmigración ilegal es el cáncer de la democracia europea. La UE no es capaz de abordar la irrupción de las oleadas de personas que huyen de la miseria, las hambrunas y, en muchos casos, los regímenes dictatoriales de numerosos países africanos gobernados desde Rusia, pues Putin busca precisamente eso: provocar la crisis de los valores occidentales al expandir la xenofobia que propagan los partidos de la extrema derecha. Y ese es el caldo de cultivo de los votantes de Le Pen, los franceses que se ven desplazados laboral y físicamente por los migrantes ilegales y terminan abrazando postulados racistas.

Europa tiene que ser solidaria con la tragedia de los millones de personas que buscan un trabajo digno y una vida en paz. Pero debe hacerlo dentro de la ley y, como se ha dicho tantas veces, ayudando económicamente a los países de origen de los que huyen millones de personas en busca de una vida mejor. Hay que resolver la tragedia de las pateras atestadas de desesperados. Resulta insoportable contemplar las imágenes de los migrantes de todas las edades muriendo en medio del mar o sufriendo encerrados en centros de refugiados. Hay que combatir a las mafias que se enriquecen con ese tráfico de “esclavos”. Pero hay que evitar que esas avalanchas de desesperados crucen libremente las fronteras europeas y, en algunos casos, terminen delinquiendo ante la falta de recursos.

Pero ni los partidos socialdemócratas ni los liberales, que copan el Parlamento europeo, han sido capaces de abordar esta tragedia con medidas inteligentes y prácticas. El viejo continente puede enriquecerse con la llegada de esos migrantes. Pero debe hacerlo dentro de la ley. Y antes, como decíamos, debe colaborar con esos países africanos que han caído en manos de la Rusia de Putin. Debe colaborar para erradicar la miseria de esos millones de personas y espantar a los dictadores subvencionados por los rusos en lugar de mirar para otro lado.