El lenguaje se sustenta, en verdad, (para mi pesar) más de la oreja que del ojo. Obviamente el vocablo nace de la boca y se dirige al oído. El lenguaje se robotiza, se deshumaniza. Aprendimos a leer no solo descifrando o des-silabizando sino cantándonos o recitándonos aquella primera melodía-inolvidable-de-nuestro-paraíso-de-párvulo. Dejamos de susurrar la cartilla cuando dejamos por fin de ser increíbles-analfabetos.
Hoy se utiliza un lenguaje óptico en las carreteras o un lenguaje tactíl con el método Braille.
La genial ciega y sordomuda HELEN KELLER [desde la edad de un año y medio tras una congestión cerebral] llegó a ser ser una de las escritoras y conferenciantes más notorias de su época. Gracias al tacto.
El lenguaje de los gestos ¿se cultiva en Andalucía? o ¿en los partidos de base-ball? Comprender quiere decir entender.
En mi infancia había una muletilla casi insultante: ¿Comprende usted lo que le quiero decir? La lectura digital la creó en 1825 un ciego de 16 años violoncelista y organista.
Don Jaime de Borbón perdió su rumbo y su corona por una particularidad que los novísimos diccionarios definen como « manera extraordinaria de oír ». De la que yo padezco desde poco antes de llegar a nonagenario.
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« El domador de leones ¿ni lo intenta con calamares? »
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