Brasil perdió ante Colombia en las eliminatorias sudamericanas de clasificación para un Mundial, por vez primera en su historia, hace muy poco. Ocurrió el pasado 17 de noviembre, en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla. Ahí tocó fondo emocionalmente el mítico escuadrón brasileño y se elevó la temperatura de una rivalidad con varias cuentas pendientes. La más famosa no es otra que el rodillazo de Zúñiga que le rompió una vértebra a Neymar en la cita mundialista que tuvo lugar en la nación carioca.
Ese cúmulo creciente de rencillas ejerció como mar de fondo en el encuentro que ambas selecciones disputaron este miércoles en el festejo del 108º aniversario de la Copa América -el torneo más antiguo de países-. La 'Canarinha' necesitaba ganar para refrendar las buenas sensaciones cosechadas en la victoria previa ante Paraguay y evitar, así, al temible bloque de Uruguay en cuartos de final del campeonato continental; y a los cafeteros les valía el empate para acabar en el primer puesto de su grupo y enfrentar, en consecuencia, a Panamá. Pero cualquiera lo diría, vista la actitud de los colombianos.
Viaja en una inercia triunfal el equipo ideado por Néstor Lorenzo. Antes de este evento sumaba 25 partidos sin conocer la derrota -Argentina fue la última en vencerles, en 2022-. No se incurre en exageración si se afirma que es la mejor versión del seleccionado 'Tricolor' en muchos años. Compiten con agresividad y seguridad, son sólidos en la presión o en el repliegue y dañan tanto en transición como en estático. Y la guinda es la resurrección de James Rodríguez. Defenestrado en el Sao Paulo -una etapa más de su dubitativa carrera en la esfera de clubes-, está demostrando que vive una segunda juventud con 32 años.
Esta madrugada exhibió clase. Con sus golpeos de zurda, milimétricos y con la tensión adecuada, amenazó a los brasileños; y además manejó el tempo con jerarquía, aguantando la pelota o jugando al primer toque, según la necesidad de sus compañeros. Todavía le queda maestría para guiar a un combinado en el que han dado un paso al frente varias piezas. La más llamativa es Richard Ríos. Criado en el Flamengo, a sus 24 años comanda al Palmeiras campeón gracias a su capacidad defensiva como pivote y a su naturalidad para manejar el cuero con fluidez. También sobresalió en esta fecha.
El partido correspondió con la expectativa y se jugó desde el plano físico. Colombia fijó rápido la dureza, con permiso del discutidísimo árbitro -19 de las 34 faltas fueron colombianas-, y la 'Verdeamarela' respondió a la prueba de carácter con personalidad. Cada pelota dividida se traducía en un choque de trenes, con multitud de interrupciones. Se sembró el césped de patadas y cruces contundentes, en un cuerpeo del que salió mal parado Vinicius. El regateador ofreció su faceta desconcentrada ante el pegajoso marcaje del lateral Daniel Muñoz y cometió un error injustificable. En el séptimo minuto dio un manotazo a James que le significó una tarjeta amarilla por la que no jugará la siguiente ronda.
Sin su influencia le cuesta generar peligro a Brasil. Rodrygo siguió vaciándose en la presión y pegado a la intrascendencia en ataque, de modo que de la línea ofensiva de su seleccionado sólo inquietó Raphinha. El extremo del Barcelona había perdido la titularidad en este torneo y quiso reivindicarse esta noche. Su máxima expresión fue un golazo de falta impresionante que adelantó a los suyos -minuto 12-. Su zurdazo superó la barrera con suficiencia y perforó la escuadra en un tanto de videoteca que llegó justo después de que James hubiera enviado un lanzamiento similar al larguero -minuto 8-
Reaccionaron los colombianos con consistencia al imprevisto. Se adueñaron de la posesión y de la iniciativa, obligando a sus contrincantes a replegar. Esa es la identidad que les ha convertido en una amenaza seria para cualquier conjunto del planeta. Sólo permitieron a los brasileños antes del descanso un chut de Bruno Guimaraes que despejó el meta Camilo Vargas -minuto 11- y en ataque inquietaron a Alisson con un remate alto del protagónico James y con un gol anulado a Davidson Sánchez -tras un centro maravilloso del '10', minuto 20-. Empezó en esta última jugada su tragicomedia particular el equipo arbitral. Justificaron la decisión de pitar un polémico fuera de juego con las líneas del VAR mal trazadas.
No contaron en esta ocasión con un buen Luis Díaz. Le marcó con efectividad Danilo. El lateral de la Juventus se ha amoldado a ejercer de zaguero en Italia, nada que ver con su debut creativo y alegre en el Santos de Neymar. Ahora es el capitán de esta 'Seleçao' en transición y cumple ese papel con seriedad. Secada esa vía de avance capital, los cafeteros derivaron sus acometidas hacia centros laterales, casi siempre afilados desde la zurda de Rodríguez. El rol de interior de Jhon Arias libera al mediapunta y esa ventaja complica a las zagas rivales. Alisson le sacó otro tiro de falta sublime en el minuto 34.
Sea como fuere, el agazapado plan de Dorival Junior resistió pasada a la media hora y en una de las pocas conexiones con 'Vini', éste provocó un más que posible penalti de Muñoz -minuto 43-. El trencilla no lo pitó y el VAR no vio cómo el lateral derribó al atacante tras llegar tarde en su patada y no tocar pelota. Una vez más, la enésima en esta Copa América, quedó al desnudo el pobre nivel de los árbitros de la CONMEBOL. Y, cosas del fútbol, en la última acción del primer tiempo Muñoz empató el marcador -minuto 48-. James filtró un pase preciso a pesar de estar rodeado de oponentes, Jhon Córdoba le ganó a Marquinhos y a Wendell, y asistió al espacio para que el carrilero anotarse el 1-1.
No tuvo su día el central del PSG. Por su perfil llegaron los problemas y las inseguridades de una línea defensiva en la que Militao sigue ganando sensaciones. Córboda batalló contra Marquinhos y a punto estuvo de fabricar la remontada colombiana al amortizar la relajación de Alisson, presionar con virulencia y regalar a Díaz un remate que el punta de Liverpool no aprovechó. Había perdido pie en la pelea Brasil y Dorival sentó al único faro de su medular, Paquetá. No había rendido como acostumbra el zurdo, neutralizado por Lerma y Ríos, pero el seleccionador le relevó en el intermedio y cercenó toda la creatividad de su centro del campo de cara a la reanudación.
Ese movimiento provocó que la 'Canarinha' chutase una única vez entre palos en la segunda mitad, para un total de tres remates bien dirigidos. Pobre bagaje que reflejó la incomodidad de su escuadrón. No rehuyeron la intensidad, mas les faltó finura con balón. Bruno Guimaraes y Joao Gomes cumplen en el achique... y poco más. Y en el otro área prosiguió el discurrir dictado por James, que antes del pintó 70 otro par de centros soberbios que perdonó Córdoba. Su ambicioso equipo siguió buscando el triunfo y no lo encontró porque Santos Borré y Carrascal no atinaron en las finalizaciones. El único lunar de la extraordinaria actuación de la invicta 'Tricolor' es que Lerma se perderá los cuartos al ganarse una amarilla por empujar a Joao Gomes en una tangana. Daños colaterales de la rivalidad sobrevenida.
Alisson, el mejor de su delegación, se marchó con cinco paradas en su mochila. Y sus compañeros no dieron trabajo a Vargas más que en una falta directa que Raphinha envió rozando la madera -minuto 60- y un latigazo postrero de Andreas Pereira que obligó a estirarse al arquero de Atlas de Guadalajara -minuto 95-. De las modificaciones de Dorival sólo surtió efecto Savinho. Nada más. No fueron capaces de ganar a un esquema mucho más trabajado y que disfruta de años de cocción. En unos días se la jugarán contra la Uruguay de Bielsa y sin Vinicius. El peor escenario en este momento de pocas certezas.