Opinión

Una lanza en el rack

William Chislett | Sábado 15 de noviembre de 2008
La lengua española avanza rápidamente en los Estados Unidos. Ya hay más latinos en el país que habitantes en España y más personas están estudiando español en el ámbito universitario (823.000 según las últimas cifras) que todos los otros idiomas conjuntamente pero, como dijo Antonio Muñoz Molina en la reciente presentación de la Enciclopedia del español en Estados Unidos, “por desgracia, el lugar cultural del español no tiene nada que ver con la estadística.” Y dio un ejemplo: el canal internacional de TVE. “¿Todo lo que tenemos que ofrecer al mundo es Cine de barrio? Si una persona cultivada que está aprendiendo español ve TVE y otros canales se muere de vergüenza,” recriminó.

La enciclopedia, impulsada por el Instituto Cervantes, editada por Santillana y coordinada por Humberto López Morales, es exhaustiva (1.200 páginas, 80 artículos, 40 expertos). A Eduardo Lago, director del Cervantes en Nueva York, se le ocurrió poner en marcha la obra al comprobar que la Enciclopedia del español en el mundo, publicado en 2006, dedicaba solo ocho de sus 900 páginas a diseccionar la situación del idioma en Estados Unidos. La enciclopedia que acaba de ser publicada tiene 300 páginas más que la otra.

Siendo yo ingles uno de los capítulos que más me interesa versa sobre el llamado espanglish, que Ricardo Otheguy, al autor del artículo, cree “entre los términos más desafortunados y que más contribuyen a que se desconozca, en amplias franjas del mundo hispanohablante, la situación real del español en los Estados Unidos.” El propone descartar el término y remplazarlo por ‘español popular de los Estados Unidos’, como paralelo a los vocablos español popular de México, de la República Dominicana, etc. Cambiando un término por otro no va a tener el más mínimo impacto.

No me sorprende la afirmación de Otheguy: el espanglish es el gran enemigo del Instituto Cervantes y de la enseñanza (y pureza) de español en general. Más significativamente, el espanglish tiende a cerrar a los hablantes las puertas hacia el progreso personal y económico. Comenta Otheguy que hay relativamente pocos hispanos y poquísimos de los nacidos en los Estados Unidos entre las filas de diplomáticos, profesorado de español, agencias publicitarias y de mercadeo enfocadas hacia el mundo hispánico y editoriales.

Otra opinión, muy diferente, es la de Ilan Stavans, autor del libro Spanglish, The Making of a New American Language (Rayo, 2003) quien define y defiende el espanglish como “el encuentro verbal entre la civilización anglo e hispana” Stavans ha hecho una carrera académica sobre el espanglish, e incluso ha escrito parte de Don Quijote en espanglish, “In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un greyhound para el chase.” Los lectores cultos de esta columna no tendrán problema en entenderlo. Stavans, un hereje, nunca seria invitado formar parte de la Real Academia Española.


En su campaña, Barrack Obama habló en uno de sus mítines con muchos hispanos, en contra de la idea de “English only” (solo ingles) en Estados Unidos. Más que preocuparse para que los inmigrantes aprendan ingles (lo harán, dijo), los americanos tienen que preocuparse por aprender español. Daba vergüenza, dijo, que los europeos vengan a Estados Unidos hablando su propio idioma e ingles, mientras que lo único que los americanos puedan decir, estando en Francia, es “merci beaucoup”.

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