El exministro de Sanidad y parlamentario se convertirá en el noveno presidente en la historia de la República Islámica de Irán y sucederá al ultraconservador Ebrahim Raisí, fallecido en un accidente de helicóptero en mayo. El presidente electo de Irán era un político poco conocido al comienzo de la campaña, pero ha ido ganando popularidad con un mensaje de moderación, acercamiento a Occidente y críticas al velo. Ha logrado aunar el voto de descontento con las políticas de Raisí, bajo cuyo gobierno aumentó la represión social y política, al tiempo que su campaña ha alimentado el miedo a Jalili, un ultraconservador con reputación de “intransigente”.
Pezeshkian se convertirá en el primer presidente reformista, grupo político que busca cierta apertura del país, en años en el país en un momento de fuertes tensiones regionales por la guerra en Gaza, pero también dentro del país por políticas como la imposición del velo y la falta de libertades.
El presidente iraní tiene capacidad de decisión en cuestiones nacionales y en menor medida en política exterior y de seguridad en Irán, donde el líder supremo, Ali Jameneí, ejerce de jefe de Estado con bastos poderes. En las elecciones también estaba en juego la participación de los 61 millones de iraníes llamados a las urnas y votó un 49,8 % del electorado, lo que supone una mejora respecto al 39,9 % de la primera vuelta. Ese 39,9 % supuso el récord de abstención en la historia de la República Islámica de Irán, que siempre ha dado mucha importancia a la participación como prueba del apoyo popular y de su legitimidad. Esa baja participación puso de manifiesto el descontento de una parte importante de la población con el sistema político establecido por el ayatolá Ruholá Jomeiní en 1979.
El reformista ha insistido en que es necesario que Irán se acerque a Occidente por su propio bien, para sanar la economía y desactivar las fuertes tensiones regionales. Una postura que ha subrayado con la participación en su campaña del exministro de Exteriores Mohamed Yavad Zarif, quien goza de un estatus de estrella del rock entre muchos iraníes y que negoció el acuerdo de 2015, que limitaba el programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones.
Todo el bloque reformista le ha apoyado con los expresidentes Mohamed Jatamí (1997-2005) y Hasan Rohaní (2013-2021) a la cabeza, grupo político que fue vetado en las presidenciales de 2021. Y de hecho ha presentado su hipotético gobierno como un “tercer mandato” de Jatamí, el primer presidente reformista que insufló a Irán ciertos aires de apertura, y con quien entró en política en el año 2000 como ministro de Sanidad.
Nacido en la ciudad de Mahabad, en Azerbaiyán Oriental, de padre azerí y madre kurda, no estuvo implicado en la Revolución Islámica de 1979 más allá de cierto activismo estudiantil. En 1980 abandonó la Universidad de Medicina de Tabriz para unirse como voluntario al Ejército iraní en la guerra contra Irak, un sangriento conflicto que se extendió hasta 1988, año en que regresó a los estudios y se especializó en cirugía cardíaca. Devoto religioso, se dedicó también a la enseñanza del Corán, además de como profesor de medicina una vez que se licenció.
Tras ejercer de ministro de Sanidad con Jatamí, regresó a la política en 2008 como parlamentario y ejerció como vicepresidente del Parlamento desde 2016 hasta 2021. Tras sorprender en las elecciones se enfrentará como presidente a un Parlamento ultraconservador, lo que le dificultará cumplir con sus promesas electorales.