Última Línea. Málaga, 2023. 308 páginas. 19,95 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En VOX. La fuerza nueva del yunque, Gonzalo Sichar Moreno nos brinda una obra oportuna que tiene como objeto de estudio a una formación, VOX, que ha alterado el panorama político español, en particular en lo que alude al centroderecha. Para ello, disecciona bien sus orígenes, enumera personalidades de referencia, por ejemplo, Alejo Vidal Quadras en los compases iniciales, y explica la transformación ideológica sufrida, susceptible de resumirse en un abandono progresivo de todo componente liberal.
Esta última idea resulta fundamental y el autor la vincula a una segunda constante en el funcionamiento de VOX: la asunción acrítica de postulados propios de la extrema derecha, nacional e internacional, la cual había sido marginal en nuestra reciente historia constitucional. En efecto, Santiago Abascal “ha decidido, en lugar de crear un UPyD de derechas o partido de los cabreados sensatos, crear un monstruo que rehabilita a lo peor de la extrema derecha” (p. 247). No se trata de una afirmación genérica; por el contrario, da nombres y apellidos de integrantes del “partido verde” cuyo compromiso con la democracia resulta más que cuestionable.
Con todo ello, 2014 supone un año clave, puesto que vio nacer a VOX, recibido con epítetos como “franquista”, que Sichar rechaza, por parte de la izquierda y de la derecha española. En su aparición influyeron ciertas inacciones mostradas por el gobierno encabezado por Mariano Rajoy. Al respecto, este último, aunque contaba con una mayoría absoluta, no eliminó ninguna de las leyes ideológicas aprobadas por los ejecutivos de Rodríguez Zapatero, ni tampoco mostró una especial contundencia a la hora de responder a las provocaciones del independentismo catalán.
Así, producto de este modus operandi rajoyesco, emergió VOX, entre cuyos líderes iniciales podemos encontrar a históricos miembros del PP, como Vidal Quadras, quien poco antes había creado la plataforma Reconversión. La meta que perseguía VOX se adaptaba bien al contexto en el que surgió, marcado por una corrupción galopante del bipartidismo, de tal manera que apostaba por una regeneración democrática. En este sentido, una exigencia similar la hallamos en formaciones también aparecidas en esos años, como Podemos o Ciudadanos.
Su puesta de largo aconteció con motivo de las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014, quedándose a las puertas de lograr representación en las mismas. Para Sichar Moreno esto marcó un antes y un después en el funcionamiento de VOX, siendo la primera consecuencia la consolidación de un liderazgo incuestionado e incuestionable de Santiago Abascal. A partir de ahí, el inicio de una travesía por el desierto, caracterizada por la irrelevancia electoral, que tuvo su punto final en los comicios autonómicos andaluces de 2018 empleando un lema, “somos de extrema necesidad”, con el que combatía los prejuicios vertidos sobre VOX.
En esta trayectoria se ha observado una cada vez mayor bunkerización de VOX. Esto se ha traducido en que su entrada en las instituciones públicas ha ido “de la mano de una radicalización y adopción de discursos antimigratorios y otros para homologarse a la extrema derecha europea” (p.147). A modo de ejemplo, su inicial europeísmo se ha transformado en una percepción de la UE marcada por el euroescepticismo o incluso por la eurofobia, algo que no es frecuente en nuestro país.
Además, poco a poco, ha ido creando su propia estructura interna, no muy diferente a la de los partidos tradicionales a los que supuestamente quería combatir. Así, estableció un sindicato para atraer el voto obrero muy desencantado con la gestión que de sus asuntos hacen UGT y CCOO, un medio de comunicación y varios think tanks. Igualmente, en su discurso las teorías conspiranoicas han alcanzado un espacio nada marginal, destacando entre las mismas su defensa de la idea del gran reemplazo o la negación tanto del cambio climático como de la violencia de género.
En toda esta deriva, el autor privilegia la influencia de la organización mexicana el Yunque, que a través de un buen número de entidades, se ha hecho con el control en la sombra de VOX y de sus principales cuadros dirigentes. Como resultado, en su interior el debate ha sido sustituido por la persecución del disidente, una dinámica que Sichar ha visto de cerca en otras formaciones en las que participó de forma activa, como Ciudadanos o UPyD, con las consecuencias que el lector bien conoce.