Opinión

Golpe bajo

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 10 de julio de 2024

Doña Mercedes Alaya, o si lo prefieren, la jueza Alaya, a buen seguro que en estos días tendrá muy poco que celebrar después del golpe bajo dado por el Tribunal Constitucional a la democracia con el asunto de los ERE de Andalucía.

Destacar a la jueza Alaya es hacerlo también a lo instruido, juzgado y sentenciado durante 13 años por docena y media de jueces de cuatro Instancias diferentes; y es que toda esa infatigable labor justiciera ha sido revocada por el TC para anular las condenas de los líderes de la trama y excarcelar a diestro y siniestro.

Por desgracia para este país hoy se da culto al relato más que al valor y con ello la estulticia se ha convertido en moda. El relato en sí mismo crea tendencia por su afán cambiante de un día para otro. Es el hábito fabricado a base de materia doctrinal, tan del gusto de quienes se amparan en fraseologías o fábulas de irresoluta etimología. Y así nos va.

Pero vuelvo a la jueza Alaya. Como saben, ella destapó e instruyó durante años la causa sobre los ERE fraudulentos en Andalucía en un alarde de profesionalidad, que bien podría servir como referente dentro del mundo judicial y demás notorios gremios; sin embargo, por ser valerosa e independiente, y para muchos, además, resultar molesta porque veían en ella un oprobio que, como magistrada, incluso fuera glamurosa y con buen estilo, pues eso, al final acabó lapidada por unos y estigmatizada por otras. Recibió exacerbadas críticas, dicho en tono suave, pues desde que ella comenzara con la causa de los ERE el acoso y derribo no paró a medida que avanzaba en sus investigaciones.

En lo personal recibió hasta la censura de otras féminas que la tildaban de top model, y poco menos de exhibicionista. Frases vertidas por alcahuetas para desgastar su propia imagen y a la vez su labor judicial además de justiciera. Me van a permitir que me haga notar en esta sección mezcla de ley y estilismo. Una mujer con glamour es elegante, sabe cómo vestir, conoce su cuerpo y tiene mucha actitud. Sabe adoptar las tendencias que le benefician y descartar las que no, y se siente cómoda con su estilo y su forma de ser. Es decir, puede crear simpatías a la vez que envidias. Algo tan natural cuando se sabe combinar dignidad profesional y clase. La dignidad se tiene o no se tiene y la clase hay que ganársela con el brillo del respeto y la educación. Y claro, todo ello debió resultar demasiado “incomodo” para los envidiosos intransigentes y como suele ocurrir cuando el bien apunta maneras de vencer al mal, pues te sustituyen nombrándote responsable del archivo.

Recordar que los ERE de Andalucía alcanzaron la escalofriante cifra de 700 millones de euros, con posibilidad de alcanzar los mil millones, cuyo destino resultó ser una especie de “barra libre” para propios, ajenos y simpatizantes de una trama judicializada y condenada como ya referí. A grandes rasgos decir que mientras los inculpados –algunos- cumplían sus penas, llega de la mano de Pedro Sánchez la controvertida Ley de Amnistía, hecha a medida del usufructuario de Moncloa. A partir de ahí, las excarcelaciones y el perdón de los pecados.

Destacar que si bien hay sentencias aprobadas por la mayoría progresista del TC manteniendo que hubo ilegalidades en la gestión de las ayudas públicas en el seno de la Junta, a su vez descartan la idea de un plan criminal preconcebido para repartir millones de euros sin control de forma sistemática. Y uno, que no es experto en metódica, se pregunta ¿Pero alguien ha devuelto el dinero? Porque una cosa es descartar la idea de un plan criminal preconcebido y otra muy diferente es la responsabilidad de quienes practican “barra libre” con el dinero público, es decir, el de todos los españoles.

Así pues, hoy no cabe otra que acordarse de la jueza Alaya y de tantos tribunales ordinarios y demás pulcros funcionarios que dedicaron miles de horas de trabajo en aras de imponer orden al desmán. Y lo digo por respeto al buen hacer de esa justicia independiente, nada politizada y valiente. Yo al menos me quedo con la diosa Temis, la deidad de la justicia encarnada del orden divino, del derecho y las buenas costumbres, representada llevando una balanza y una espada, con los ojos vendados, aunque venga vestida de Chanel. Más que otra cosa por el espíritu de que la justicia es igual para todos.

Así están las cosas.