Inglaterra ha despertado en el día clave. Hasta este miércoles, su torneo había dejado muchas dudas. Superó la fase de grupos con más sudor del esperado (ante Dinamarca, Eslovenia y Serbia) y en las rondas eliminatorias necesitó de dos prórrogas para tumbar a Eslovaquia y Suiza. Esta noche afrontó su primer partido frente a un rival ilustre y dio la talla. Doblegó a los pegajosos Países Bajos en las semifinales de la Eurocopa 2024, disfrutando de su mejor rendimiento colectivo del último mes. Han revivido a tiempo para disputarle el título a España.
Gareth Southgate pareció ver la luz hace días. Tras ejecutar un puñado de volantazos en los duelos previos, en cuartos de final pasó a competir con tres zagueros, sacrificó a Bukayo Saka en el rol de carrilero y sacó a Phil Foden de la cárcel de la banda izquierda para fijarle en el lugar en el que más brilla. Como interior diestro, fluctuando en la mediapunta, ha enamorado en el City y ha levantado a su selección nacional. Además, encontró en el juvenil Kobe Mainoo al acompañante perfecto de Declan Rice (había llegado a colocar ahí al lateral Alexander-Arnold) y el esquema funcionó, de repente, con más soltura. Cosas de la lógica.
En estas semifinales repitió la fórmula y sus muchachos completaron un primer tiempo sobresaliente. Sorprendieron a los neerlandeses al arrebatarle la pelota, su bien más preciado. Registraron un 65% de posesión antes del descanso y gobernaron con autoridad y fluidez hasta entonces. No torcieron el gesto ni siquiera con el espectacular derechazo cruzado que Xavi Simons clavó por la escuadra desde la frontal del área -minuto 7-. Esta maravilla del canterano azulgrana (21 años) supondría el único remate entre palos de su delegación antes de encaminarse a vestuarios.
Digirieron los británicos el imprevisto como si nada. Parecería que se han quitado un peso de encima al alcanzar las semis y juegan tranquilos. El plan estaba por encima de todo. Era el momento de dar un paso al frente e iban a dar igual las contingencias. Presionaron al fin con ardor, la velocidad de pase alcanzó el tempo exigible a una plantilla de semejante calidad y Kyle Walker se incorporó más al ataque que en el resto del campeonato. La añorada valentía aterrizó en el libreto del seleccionador inglés y avisaron de lo venidero con un latigazo de Harry Kane que despejó el meta Verbruggen -minuto 13-.
Compitieron con mayor agilidad y movilidad entre líneas, con Foden y Jude Bellingham indetectables. Esa condición desemboca en buenos resultados de forma indefectible y cazaron el empate rápido. El atacante madridista recibió y activó con filo una contra que derivó en la volea alta de Kane. Mas el VAR entendió como punible el plantillazo que Dumfries le dedicó al goleador del Bayern en el final de su movimiento de remate, así que señaló penalti. Harry pintó entonces el 1-1 con un lanzamiento colosal -minuto 18-. Golpeo natural, potente, raso y pegado al poste. Empate a golazos.
Reiniciado el marcador, Inglaterra prosiguió su ejercicio dominador. El renacer británico trajo consigo un juego combinativo vertical que complicó sobremanera al achique neerlandés. En el 23 Mainoo rompió líneas con una de sus maravillosas conducciones y filtró un pase de 'timming' perfecto que Foden usó para regatear al portero y chutar. Apareció in extremis Dumfries para despejar sobre la línea. Se salvaron los pupilos de Ronald Koeman, aunque habrían de sudar para llegar al intermedio de pie. Aún así, alcanzaron a sacar tajada de su amenaza a balón parado y el propio Dumfries estrelló un testarazo en el larguero a centro de Simons -minuto 30-.
La dinámica pertenecía a los 'Three Lions' y a punto estuvieron de redondear la remontada cuando Foden recibió en la mediapunta y dibujó un zurdazo combado desde 25 metros que besó en la cruceta -minuto 32-. Kane bajaba más de lo habitual para generar superioridades por dentro y la circulación inglesa lucía frescura. Pero Verbruggen sostuvo a los suyos con una estirada ante otro cañonazo rasante del omnipresente Foden -minuto 39- y los neerlandeses escaparon al entretiempo. Habían concedido ocho remates, tres de ellos a portería.
Koeman ha logrado que su seleccionado creciese con el paso de los partidos. Accedió a las eliminatorias de casualidad y la cohesión y las sensaciones de sus futbolistas han evolucionado desde entonces. Han ganado mentón, pues aunque son de los más goleados del torneo también están en la cima de los máximos anotadores. El estado actual competitivo de su idea neutraliza el efecto de las bajas. Se pudo comprobar esta vez con la lesión de Memphis Depay. El estratega eligió suplirle con el centrocampista Veerman y el matiz trompicó el fluir británico al poblar la medular con más peones.
También atinó el discutido seleccionador de la 'Oranje' con las decisiones que tomó en el camarín. No volvió a la reanudación el móvil Malen y entró en su lugar el gigante Wout Weghorst. Acostumbrado recurso de última hora, el delantero rematador del Burnley compareció para que sus compañeros le enviasen pelotazos o centros. Había que desahogar y que amenazar con envíos aéreos al área inglesa. Y por ahí discutirían sus compañeros el control que había ejercido hasta entonces el sistema isleño. En el segundo tiempo igualaron las fuerzas de verdad.
Su elemento más peligroso, Cody Gakpo, había priorizado la defensa sobre Bukayo Saka. Matizó el veneno del regateador del Arsenal pero no le dio para generar llegadas. En cambio, en los últimos 45 minutos cambió su rol y encendió su influencia en el 61, con su primera arrancada exuberante al espacio. A continuación emitió un centro pasado que sacó como pudo el arquero Pickford y en el 65 de juego el emblema del Everton despejó un remate frontal de Van Dijk tras una falta lateral botada por Veerman.
Poco a poco construyeron los neerlandeses una suerte de asedio. Desde el físico, la personalidad de Simons -que las pedía todas y se movió con astucia en los costados de Mainoo y Rice- y la pareja de centrocampistas que ha hecho campeón al PSV -Veerman y el destacado Schouten-, Países Bajos respondió con convicción. Adelantaron sus líneas y aprovecharon la gran labor de Weghorts de espaldas. No sentirían ya agobios con balón y dieron más trabajo a Pickford. En el 78 Gakpo centró y el rechace se convirtió en una volea picada que detuvo el guardameta inglés.
Se estaba cayendo el físico de los británicos y Southgate lo entendió. Tomó medidas arriesgadas, pues sacó del duelo a Foden y a Kane. Dio la alternativa al fundamental Cole Palmer -deshaciendo otra de las pifias iniciales del seleccionador- y metió en cancha a Ollie Watkins, héroe inesperado la postre. En resumen, quitó a dos de sus estrellas para que acabasen la semifinal dos secundarios. Y la jugada le salió redonda, pues Saka marcó un gol a pase de Walker (bien anulado, minuto 80), el suplente Shaw regaló a Palmer un remate desviado y el fino zurdo del Chelsea asistió en el 90 para que Watkins descerrajase un derechazo cruzado perfecto que les dio el billete para la final de Berlín. El atacante del Aston Villa, casi inédito en esta Eurocopa, enterró las dudas de su equipo en el momento justo.