Opinión

La derecha vuelve a ganar en Francia

TRIBUNA

José Luis Martínez López-Muñiz | Jueves 11 de julio de 2024

Producen verdadera perplejidad asombro los “relatos” que se lanzan y difunden masivamente por todo tipo de medios, y especialmente por los más llamados de masas. Y concretamente sobre los hechos políticos. Se tergiversan estos, para dotarles de una carga intencional, política o ideológica, las más de las veces enormemente simplificada, que confunden a la población. Algo lamentable, pero que no tiene más posibilidad de ser corregido que la libertad de información y de expresión, con la consiguiente posibilidad de difusión de los datos desnudos y los análisis que se acrediten basados en ellos. Ninguna ley, ninguna medida intervencionista más o menos creativa –y menos si viene ideada por quienes más intensamente practican la manipulación informativa y del lenguaje- puede ser útil contra esa lacra.

Es probable que una gran parte de la gente piense hoy que quien ha ganado las elecciones legislativas en Francia, culminadas el pasado domingo, siete de julio, ha sido la izquierda y destacadamente Mélenchon, líder de ese colectivo que se llama La Francia Insumisa, el grupo con más escaños de toda la Agrupación de la Izquierda que se ha formado para tratar de ser más efectivos.

Tal idea no se corresponde con los hechos: es falsa.

Es verdad que lo más notable del resultado electoral ha sido el bajonazo de la Agrupación de signo digamos centrista que formó Macron en 2017 y que llegó a tener al principio de la XV Legislatura mayoría absoluta. Ya en la Legislatura XVI, que el Presidente optó por cerrar prematuramente para convocar las elecciones de estos días pasados, esa Agrupación se había quedado en 250 escaños, sensiblemente por debajo de la mayoría absoluta (que requiere 289 votos), generando problemas constantes de gobernabilidad. Pero es que ahora se ha quedado en 163, ha perdido 87 escaños, es decir un 34,8% de los que tenía en la Legislatura disuelta. Si lo que Macron quiso al adelantar las elecciones fue propiciar un reforzamiento del apoyo a sus objetivos y una reducción de la polarización hacia la derecha y la izquierda, es evidente que el tiro le ha salido por la culata.

Pero ha sido la derecha, bastante más que la izquierda, la que ha recibido el respaldo que han perdido los candidatos de los distintos partidos agrupados bajo Macron.

La Agrupación de la Izquierda ha subido, sí, 28 escaños, un 18,79%, pasando de 149 a 177 escaños. Aunque lo haya logrado a pesar de que La Francia Insumisa –precisamente- haya perdido 4 escaños de los 75 que tenía antes- y los comunistas, a su vez, nada menos que 13 de los 22 que tenían. Son los socialistas y los ecologistas de esa Agrupación los que la han llevado a subir los indicados 28 escaños: porque los primeros han subido más del doble, un total de 33 escaños sobre los 31 que tenían, y los segundos han añadido 12 a los 21 que tenían. Es evidente, pues, que, aunque la Izquierda ha tenido cierto ascenso, lo ha hecho gracias a su ala más moderada; la izquierda más radical ha bajado sensiblemente.

Pero lo más llamativo es que es el conjunto de la derecha el que más claramente ha subido en escaños –no digamos en votos, en lo que la ascensión parece haber sido incluso mayor. El Partido de Le Pen, Reagrupación Nacional, ha pasado de 88 a 143, escaños, experimentando, pues, un incremento de 55 escaños, un 62,5% más de lo que tenía: ha subido este solo partido casi el doble que el conjunto de la izquierda, siendo el que más ha subido, exceptuados los socialistas –aunque ya hemos dicho que la representación de estos sigue siendo muy modesta. Y la derecha considerada moderada, la de los Republicanos o UMP, también ha subido 5 escaños sobre los 61 que ya tenía. Entre las dos formaciones situadas en la derecha del espectro político, según la común percepción, suman hoy 209 escaños, cuando en la Legislatura anterior contaban con 149. Y con esos 209 escaños cuentan con 32 más que la Izquierda (que antes tenía también 149) y con 18 más que la Agrupación de Macron y los otros partidos o grupos, sumados todos, aunque entre ellos los hay más a la derecha y más a la izquierda.

Desde luego, la suma de escaños de la derecha queda lejos de la mayoría absoluta (representan el 36,22 % de la Asamblea Nacional), pero son la parte minoritaria indudablemente ganadora de estos comicios, la más abundantemente representada en la Asamblea Nacional, con considerable ventaja sobre la izquierda (que se queda en el 30,67 %) y cualesquiera otros (el 28,2 % del conjunto de la Agrupación de Macron y el variado 4,85% restante). Y eso constituyendo, en realidad, la derecha, dos únicos partidos, mientras que la izquierda y el centro están divididos en más de una docena de partidos, alguno de ellos a su vez agrupación de varios.

Esto es lo que han producido estas elecciones, marcando una indudable preferencia del electorado hacia las posiciones consideradas de derechas. Y, que se sepa, es el electorado cabalmente el que encarna a la democracia, no otras instancias ni personaje alguno.

Es un resultado además que está en la línea del evidenciado en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado junio, en las que la derecha obtuvo 40 de los 81 escaños que tiene Francia en la cámara de la Unión: 6 de ellos de los Republicanos, pertenecientes al Partido Popular Europeo, 30 de Reagrupación Nacional, que han formado, con Vox y otros, el nuevo grupo Patriotas de Europa, y 4 que han decidido vincularse al grupo de los Conservadores y Reformistas, que es donde está Meloni y estaba Vox. Los agrupados en la Izquierda se quedaron en 27 escaños: fueron al grupo Izquierda los 9 que probablemente se corresponden con candidatos de Francia Insumisa y de los comunistas, al de los Socialistas y Reformistas, 13, y 5 al de los Verdes. Y, en fin, el “centro” de Macron ya sufrió el batacazo que fue lo que precisamente determinó al Presidente a disolver la Asamblea y convocar elecciones legislativas: se quedaron en 13 escaños, que están integrados en Renew (los liberales y afines).

La atomización de la organización política partidista francesa ha colocado a su Parlamento y a la gobernabilidad de Francia en situación ciertamente comprometida y difícil. Pero todo empeño por propiciar un buen gobierno para este gran país habrá de comenzar por reconocer la realidad, sin aspavientos, sin falseamientos, encarando sin prejuicios, con mente abierta, a todos –en función de su representatividad efectiva-, escuchando y dialogando y buscando unir y no separar, confiando en suma en la capacidad de la razón de los ciudadanos y de sus representantes, también para encontrar zonas de encuentro, de acuerdo y de entendimiento.