Alberto Núñez Feijóo ha salido victorioso del pulso con Santiago Abascal al aguantar el órdago. Ha puesto en evidencia a Vox por su deriva xenófoba y se ha librado del lastre político de la vinculación de su partido con “la ultraderecha”. El mayor perjudicado ha sido Pedro Sánchez que pierde su principal argumento estratégico de relacionar a los dos partidos de la derecha, el eslogan que le ayudó a frenar la victoria del PP el 23-J.
Santiago Abascal ha dado la puntilla al futuro político de Vox con la ruptura de los acuerdos de gobierno autonómico con el PP. El tiro le ha salido por la culata. Pues con esta decisión pierde su presencia en cinco gobiernos autonómicos y se sitúa, ahora sí, en la extrema derecha; más aún, después de unirse en Europa al grupo de Orbán, el gran aliado de Putin en la UE.
Santiago Abascal se ha equivocado de enemigo. Se ha dedicado a insultar a Núñez Feijóo, probablemente por el temor a ser engullido por el PP. Pero la deriva actual obedece, sobre todo, a la irrupción de Alvise en las elecciones europeas, que le ha arrebatado votos por la derecha. Y en su desesperación, Vox busca erigirse en el partido que basa su estrategia en demonizar a los migrantes como si todos fueran unos delincuentes. La deriva racista de Vox es un gran error político al situarse en contra de los derechos humanos. Sin duda, el Gobierno español debe evitar la masiva entrada ilegal de los migrantes y combatir a las mafias de las pateras. Pero nuestro país está obligado a ser solidario con la inmensa mayoría de las personas que arriesgan su vida para llegar a Europa, que huyen desesperadamente de la miseria y, a menudo, de dictaduras militares urdidas por Rusia para desestabilizar Occidente.
El PP, ahora, debe aguantar los gobiernos autonómicos en minoría. Y si Vox se empeña en plantear una dura Oposición, el partido de Feijóo tiene la posibilidad de adelantar las elecciones, que probablemente dejarían a Vox en la irrelevancia. Aunque no hay que descartar que Abascal acuerde con Sánchez presentar mociones de censura. Pero ese sí, sería el suicidio político de Vox al arrebatar el poder al PP para dárselo al PSOE.