Antonio Ramírez y Susana Alcelay han publicado en ABC un excelente reportaje de investigación sobre la gestión de Juan Manuel Serrano en Correos. El presidente ahora destituido destrozó la imagen histórica de Correos, enchufó en el servicio a amiguetes y paniaguados, se adjudicó un sustancioso sueldo, aprovechó todas las prebendas que la compañía ofrecía y dejó un agujero por encima de los 1.400 millones de euros.
Nuestro Correos fue desde su creación orgullo de España. El servicio, muchas veces contra viento y marea, funcionó de forma ejemplar hasta llegar a ser considerado como el más destacado de Europa. Rapidez, seguridad, funcionarios discretos, eficacia permanente hasta llegar al último pueblo de la nación, fueron las características de Correos, al servicio de todos los españoles.
Dada la incidencia que Correos puede tener en las elecciones, sobre todo si se celebran en vacaciones, Pedro Sánchez decidió que ocupara la presidencia un incondicional suyo, hombre inteligente y capaz, pero sin el currículo exigible para un puesto como la presidencia de Correos. El resultado ha sido el que cabía esperar: un desastre, una catástrofe, una deuda gigante, a pagar a través de los impuestos con que el sanchismo sangra a los españoles. Exjefe del Gabinete de Pedro Sánchez, Juan Manuel Serrano demostró en todo momento lealtad incondicional al presidente del Gobierno hasta el punto de que cuando no quedó otro remedio que destituirlo de la presidencia de Correos, se le encomendó la Dirección General de la Sociedad Estatal de Infraestructuras del Transporte.
Los despropósitos del presidente de Correos no han alcanzado el eco que se merecían. Y salvo alguna información certera como la publicada en ABC ha pasado desapercibida una gestión cuyo fracaso repercute directamente en quien le nombró, Pedro Sánchez, al que habrá que reconocer la atención con que trata a los que le fueron fieles y le reportaron servicios, algunos quizá desconocidos, pero que tal vez fueron importantes